Novela Amigos

Capítulo 1 de Amigos

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Habían pasado ya diez años desde el incidente. Diez años desde su condena… ¿Su condena? No, no podía ser así de egoísta: eran diez años desde la condena de ambos.

Intentando apartar los oscuros pensamientos de su mente, cerró el portón de su casa con llave y se arrastró hasta tocar el timbre de la casa contigua. Lo atendió la madre de ella, asomándose por la ventana.

Pasa, están las puertas abiertas. Todavía se está vistiendo ―le dijo, aún en pijama.

¿Volvió a dormirse? ―él la conocía demasiado bien. La mujer, delgada, de ojos grandes y verdes y el cabello castaño oscuro suelto y largo hasta la cintura, asintió solemnemente con la cabeza con los brazos cruzados en medio del living.

¡No me dormí! ¡El despertador no sonó que es diferente! ―le retrucó una voz desde un cuarto cercano, mientras ambos ponían los ojos en blanco y él pasaba y se sentaba en el sofá del living.

¿Queres algo para desayunar? ―le preguntó la señora.

No, ya desayuné. Yo sí me levanto cuando suena la alarma, al contrario de Lara.

¡Yo quiero un par de tostadas! ―le respondió entonces Lara desde su dormitorio.

Tus tostadas están hace quince minutos ―aseguró su madre poniendo los ojos en blanco nuevamente―. Ustedes siempre llegan tarde al Instituto, ¿verdad?

No siempre ―mintió el chico ganándose una dura mirada por parte de Miranda. El parecido con su hija al fruncir el ceño era tan notorio que tragó grueso.

¡Lara!

Ya, ya… voy saliendo.

El chico sentado en el sofá miró a su amiga que caminaba por el pasillo de la casa. Era una versión más joven de la mujer en camisón, aunque unos diez centímetros más baja y con las caderas un poco más pronunciadas. Sin embargo, al contrario de su madre, ella salía de su cuarto peinada, con la camisa del Instituto y la mochila abierta colgando de un hombro. Además llevaba unos papeles en las manos y la pollera gris a medio prender, con el cierre abierto, dejando ver claramente su ropa interior blanca.

¡Toma! ―le dijo ella a modo de saludo y le tiró con la mochila y los papeles― Metelos adentro Derek, si no, no me da el tiempo.

Derek hizo una mueca melodramática, fingiendo estar exasperado a la vez que le señalaba con la mirada el cierre de la pollera abierta. Pero lo cierto es que a su amiga le ocurría aquello al menos tres veces por semana, él ya se había acostumbrado con el paso de los años.

¿Ya terminaste? ―le preguntó él minutos después, con ambas mochilas (la suya y la de Lara) prontas en sus pies.

Ooop ―fue lo que ella alcanzó a decir con la tostada en la boca―. Iiientes…

Y entonces fue al cuarto de baño a cepillarse los dientes. Derek ni siquiera se molesto por ver qué hora era.

Mejor, pensó él, no me gusta mucho el sabor a tostadas…

Una vez de vuelta en el living, Lara tomó la mochila que él le entregaba, se fijó de tener toda su ropa en el lugar debidamente prendida y se despidió de su madre, que en camisón, amenazaba con dormirse allí parada.

¡Adios mamá!

¡Adios! Que les vaya bien… y Derek, tráemela en una pieza, ¿si? ―añadió cuando su hija se tropezó con la alfombra de la puerta, como siempre lo hacía.

Siempre trato, pero no puedo luchar contra lo inevitable ―le respondió él con una media sonrisa.

Ríanse a mi costa ―reprochó entonces Lara al escuchar las risas de ambos―. Vamos a llegar tarde.

No va a ser por mí culpa ―le aseguró Derek, mientras caminaban por las calles, de camino al Instituto. Eran 7:30, seguramente el timbre de entrada ya estaba sonando, pero aún les quedaban recorrer unas seis cuadras.

Sí, sí. Siempre la culpa es mía ―comentó Lara y entonces pasaron frente a un callejón. Sintió como él tiraba de ella hacia adentro, sin previo aviso.

La espalda de la chica tocó la pared, en tanto Derek la dejaba en medio de sus brazos, arrinconándola allí.

¿Qué…? ―comenzó a preguntar Lara, pero era demasiado tarde: él ya la estaba besando, devorándose sus labios, recorriendo toda su boca sin rastros de avergonzarse por lo que estaba haciendo. Por momentos se desviaba, y apretaba el labio inferior de ella con sus dientes, respirando entrecortadamente… y entonces el beso cesó, luego de haber recorrido su boca hasta saciarse.

Perdón… y gracias ―le susurró en el oído con los ojos cerrados, inmóvil en su sitio, esperando que ella lo odiara, que le gritara, que se arrepintiera. Pero entonces Lara lo beso en la mejilla, sin rastros de detestarlo.

Está bien, Derek. Ya está bien ―aún podían sentir el aliento del otro de lo cerca que estaban. La verdad era que ella no se arrepentía. Le acarició la mejilla con sus labios mientras continuaba sintiendo el calor de su pecho en las palmas de sus manos. Sabía como se sentía él, hacía años que lo sabía y deseaba más que nada tranquilizarlo y hacerle entender que no cambiaría lo que hizo. Solo que él no parecía querer escuchar.

Vamos a llegar tarde ―susurró Derek, todavía sin moverse. Entonces ella volvió a besar su mejilla y él decidió que no iba a poder más con esa cercanía, así que se apartó y volvió a calzarse la mochila que había arrojado al suelo.

La maldición no era lo que le llevaba a morderse la lengua cuando estaba cerca de Lara, pero no se atrevía a corregirla.

Diez años atrás:

Estaban acampando. Sus familias siempre se habían llevado bien. Sus madres se habían conocido en el hospital, Lara y Derek habían nacido con doce horas de diferencia y ellas habían compartido la habitación y se habían vuelto muy buenas amigas desde entonces. Ninguno de ellos dos había tenía un hermano o hermana y al crecer, comenzaron a jugar juntos, sin tener necesidad de separarse. Desde que nacieron y sus familias se unieron, habían pasado ya siete años y cualquiera que los veía juntos, decía que ambos, Lara y Derek, eran hermanos por cómo se llevaban.

Habían salido los dos de expedición. A Derek le encantaba escaparse con Lara y descubrir cosas nuevas cada vez que se iban de camping. Los padres de ambos estaban en las carpas y ahora ellos dos estaban entre árboles, caminando de la mano, escabulléndose.

No muy lejos, ¿eh? Que después no sabemos como volver ―le decía la pequeña a su amigo.

No seas miedosa, yo sé como volver Lara.

Pero nunca hemos estado por acá ―y era cierto. No estaban en un camping, si no en un bosque en donde se acampaba, que era diferente. Una de las cosas que los padres de ambos compartían era el amor por el aire libre, y desde pequeños los habían llevado a acampar en bosques, escalar o nadar en lagunas de las montañas que la mayoría de las personas de su ciudad no conocían.

Sé cómo volver. Pero mira, vamos hasta allá, ¿sí? Y nos volvemos, te lo prometo ―le dijo Derek, señalando un lugar donde se veía más claridad. Su amiga apretó el bolsito que le había regalado su abuela, en donde solo llevaba una carta con aspecto misterioso que parecía ser de tarot pero de la cual no tenía ninguna información y tras asentir, siguió a Derek hasta donde se veía más luz. Llevaba la carta a todas partes desde que su abuela se la había dado, aunque no sabía por qué lo hacía. Simplemente había algo que le atraía de aquel objeto.

Mira, ¡vení! ―le llamo entonces Derek, tirando de ella hasta donde había luz. Aquel lugar era un barranco de unos diez metros, en donde se veía el resto del monte y las demás montañas.

Es precioso…

Sí, lo es. ¡Te dije que valía la pena! ―entonces él la soltó y se arrimó un poco más al borde. Lara no llegó a decir nada, que de repente el borde se derrumbaba, llevándose con el a Derek.

Lo vio rodar barranca abajo, horrorizada, hasta que llegó al suelo y no volvió a moverse.

¡DEREK! ¡DEREK!

No parecía importar que lo llamara, él no respondía. Estaba en una posición extraña tendido en el suelo y lo que manchaba su camiseta, ella estaba segura que era sangre.

¡DEREK! ―no obtuvo respuesta esa vez tampoco, por lo que se precipitó por el barranco, para llegar junto a él. Su espalda fue raspándose contra las piedras, y en los últimos metros no pudo controlar los movimientos y rodó, cayendo a una corta distancia de su amigo.

Le ardía la mejilla, se había cortado con las ramas. Las manos le escocían también y el dolor de la espalda era indescriptible.

Derek… ―murmuró tratando de ponerse de pie. Entonces lo vio a pocos centímetros de ella y los ojos se le abrieron espantada. No podía ser, no podía estar muerto… ¿o si?― ¡DEREK!

Estoy… bien ―susurro él y luego toció sangre en el momento preciso en que ella caía de rodillas a su lado.

¡Derek!

No siento… mi pierna… ni mi espalda… ni mis manos…

Ella no iba a decirle. Estaban en una extraña posición, las piernas y los brazos estaban raros, inclusive la columna.

Vas a estar bien ―le dijo ella con la grimas en los ojos, aunque no veía cómo saldrían de esa situación.

No creo, Lara.

¡Vas a estar bien! ―repitió Lara empecinada, sin saber qué hacer. Si se iba tal vez cuando volviera iba a ser demasiado tarde― Voy a llevarte al campamento.

No… mi mamá se va a enojar.

¡No seas bobo! ¡Estas muy mal! ―entonces él volvió a toser y más sangre cayó en el suelo. Tenía tierra en toda su ropa y en sus cabellos rubios― Derek…

¿Qué iba a hacer? Se preguntaba una y otra vez y entonces las lágrimas no pudieron seguir siendo contenidas: se desbordaron de sus ojos mientras se mordía los dedos viéndolo. ¿Qué iba a hacer? ¿Él se iba a morir?

Estoy… no puedo res… pirar…

¿Qué hago? ―le preguntó desesperada― ¡Decime qué hago Derek! ¡Cualquier cosa! ¡Lo que sea! ¡Hago lo que sea! ―gritó aferrada a la camisa de él. Las lágrimas de la chica le caían en la mejilla a él, pero no tenía la fuerza suficiente para consolarla. Entonces algo dentro del bolso de Lara brillo.

Actualidad:

Perdón por demorarme, no sabía que me necesitaras tanto, no me di cuenta.

Lara le escribió en un recorte de hoja y se lo pasó a Derek por debajo del pupitre mientras la profesora de ingles escribía en el pizarrón. Habían llegado con quince minutos de retraso, cosa que no le había hecho ninguna gracia.

La respuesta le llegó rápido.

Siempre te necesito.

Contuvo la respiración mientras se le erizaba la piel al leer esas palabras. Lo miró, asustada de que Derek hubiera notado su reacción, pero él ya estaba copiando lo nuevo que la profesora había escrito, sin prestarle atención a ella.

La verdad era que Lara comenzaba a preocuparse. Tenía miedo de que se hubiera agravado el problema que ambos tenían, tenía miedo de que a él no le alcanzara ya con besarle por la forma que desde hacia un tiempo a esta parte él lo hacia. Sus besos cada vez eran con más… ―se sonrojo al pensarlo― cada vez eran con más pasión y la besaba más tiempo. Y él no le decía nada al respecto, Derek decía que seguía igual que cuando había comenzado todo.

Diez años atrás nuevamente:

Lo que fuera que estuviera brillando en el bolso se salió y produciendo un ruido como de un relámpago, una luz brillante y segadora los rodeó y una mujer apareció frente a ellos. Del susto Lara se cayó hacia atrás, lo que estaba sucediendo no podía ser posible. La mujer ―la extraña mujer― era la misma que estaba dibujada en la carta que había dentro del bolso. En aquella carta estaba representada la mujer con ropas extravagantes que ahora les sonreía, sentada en una roca.

Aquello no podía estar sucediendo.

¿Lo que sea? ―le preguntó ella. Lara no pudo responder y Derek solo frunció el ceño con un dolor inaguantable en todo el cuerpo, sin fuerzas para seguir respirando. Solo podía escuchar mientras creía que su mente le jugaba una mala pasada― ¿Harías lo que fuera para salvarlo de la muerte?

Lara asintió asustada, sujetando a Derek de un brazo por si tenía que sepáralo de la mujer aquella. Le hubiera gustado estar con sus padres y no haber salido de excursión, pero lo hecho, hecho estaba y ahora su amigo corría peligro. Lo quería demasiado como para huir.

¿Y a qué precio? ―le preguntó entonces la mujer, sonriendo con malicia― ¿No te importa el precio niña?

¿Precio? ¿Qué… qué precio? ―¿qué le iba a pedir aquella extraña criatura, de ropas extravagantes y de una belleza inigualable? Ella no tenía dinero.

Uno pequeño en comparación de salvarle la vida. ¿Qué te parece si lo salvo, a cambio de que él, por ejemplo, desarrolle un pequeño… psiquis ninfómano? ―le dijo con una sonrisa, acompañando cada palabra con un movimiento florido de sus manos.

Nin… ¿qué? ―le preguntó ella, tomando más fuerte a Derek del brazo. La mujer sonreía como si en cualquier momento fuese a dañarlos y le daba cada vez más miedo. Lo que sea que significara ninfómano no debía de ser bueno.

Ninfómano. ¿Estarías dispuesta a que lo salvara, a cambio de que él sea dependiente de… tus besos, por ejemplo?

¿Mis… besos? ―las lágrimas amenazaban con salir otra vez. A ella no le gustaba esa mujer, le aterraba y Derek que ya no parecía poder moverse.

Dejo de respirar ―le advirtió la extraña mujer―. ¿Hacemos el trato o no?

Actualidad:

Mañana se cumplen diez años.

Le escribió Lara otra vez.

Lo sé.

Dos palabras como respuesta. Generalmente era él el que se aburría y le empezaba a mandar mensajes por debajo de la mesa, pero no hoy. Algo le pasaba.

¿Qué tenes hoy Derek? ¿Por qué estas tan triste?

Yo no estoy triste.

¡No! ¡Que va! ¡Si te noto muy alegre! Sí, sin dudas…

La miró exasperado tras leer esas palabras y se apresuró a escribir.

Hablamos de esto cada año Lara, ¿qué querés que te diga? ―le respondió él intentando irse por la tangente―No estoy feliz por lo que paso allí, yo tendría que estar muerto y vos divirtiéndote sin preocupaciones.

¡¡YO NO ESTARIA DIVIERTIENDOME SIN PREOCUPACIONES CONTIGO MUERTO, IDIOTA!!

La miró tras percibir la furia, pero ella ya no le prestaba atención. Había abierto su carpeta con el ceño fruncido y había inclinado su cuerpo, dándole prácticamente la espalda. No le habló por el resto de esa hora, ni de la siguiente. Pero a la hora del almuerzo, él la sujetó antes de que saliera de la clase como un huracán y le susurró en el oído.

Perdón. No quise molestarte ―Lara resopló resignada a su actitud. Las horas sin hablarle la habían apaciguado.

Supongo que el que seas idiota no puede evitarse, pero no me vuelvas a decir esas cosas ―él le sonrió mientras le daba un empujón y varios de sus amigos se reunían con ellos.

Derek estaba molesto consigo mismo por no ser capaz de contenerse cuando la besaba. Se pasaba el día esperando el momento de besarla y no era a causa de la maldición y no podía decírselo.

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Espero les haya gustado.

Esta novela también la estoy subiendo en fanfic.es cada domingo.

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