Novela Amigos

Capítulo 2 de Amigos

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Bueno, ¿a dónde vamos esta noche?

ShiBang ―le respondió Derek a Antoni―. Es donde hay mejor música… y donde no miran mucho nuestras identificaciones.

Es verdad. ¿Todos están de acuerdo?

Sí, de acuerdo ―le respondieron Clara y Magela a la vez.

Donde estén las mejores chicas, yo voy ―dijo entonces Damián. Estaban en una de las mesas del comedor del Instituto, deliberando a dónde salir ya que era viernes.

Los seis se habían conocido en el Instituto. Magela era la nueva del grupo, la habían conocido el año anterior, Damián el anterior a ese, y a Antoni y Clara el primer año. De eso ya hacía seis años.

Las mejores chicas están sentadas en esta mesa y te soportan a diario, tarado ―le dijo Magela tirándole a la cabeza una servilleta arrugada. Lo cierto es que Clara tenía una cosa por Damián desde que lo conoció pero él no se daba por enterado y la chica era demasiado tímida como para hacérselo notar. Todos lo sabían, excepto él. Pero le sacaba a Damián cinco centímetros y una vez había escuchado de su boca decir que JAMÁS saldría con una chica más alta que él. Si los cinco centímetros no eran algo que él podía pasar por alto, ni siquiera quería pensar en cosas un poco más profundas en las que podían haber diferencias. Clara no dijo nada y se limitó a arreglar su cabello rubio en una coleta y se descargo poniéndole los ojos en blanco cuando Damián no la miraba. Ella parecía una muñeca de porcelana con su piel extremadamente blanca, sus ojos azules y su cabello rubio casi transparente. Y era tímida en exceso, Lara no había podido resistirse a cuidar de ella la primera vez que la vió.

Bueno, ¿nos encontramos a las once en la esquina de siempre? ―preguntó entonces Derek, intentando frenar una posible discusión. Le puso a Lara cara de circunstancias y ella le devolvió el gesto. Damián era el más vocazas del grupo, el que siempre se estaba arreglando el cabello castaño cuando veía su reflejo, el que vestía a la moda y quería ser el centro de atención, el más despistado de todos. Pero también era increíblemente leal a sus amigos y capaz de dejar todo con tal de ir a buscarlos si algo andaba mal.

Ahí voy a estar ―respondió Antoni. Él era el más tranquilo, y el más alto también. Llevaba el cabello azabache largo y usualmente sujeto en una coleta baja y era extremadamente delgado. Nadie entendía cómo dada su tendencia a comer cantidades exorbitantes de comida. Él era la voz de la razón del grupo, al que iban por consejos y el único que ya era mayor de edad de los seis. Era el mayor y siempre actuaba como tal.

¿Planeando salir? ―preguntó una voz chillona cercana a ellos y se dieron la vuelta. Micaela Infante se acercó a los chicos con su pollera gris más corta de lo estipulado, los dos primeros botones de la camisa blanca desprendidos y el cabello negro azabache sujeto en una coleta alta en la nuca que resaltaba su figura. Se apartó con delicadeza el cerquillo del rostro y a Lara no le pasó desapercibida la mano que colocó sobre el hombro de Derek mientras los miraba expectante.

Es viernes ―le respondió Magela encogiéndose de hombros, restándole importancia. Ni ella ni Lara soportaban tener a Micaela mucho tiempo cerca. A su entender, su costumbre de coquetear con Derek cada vez que podía era bastante obvia y patética. No es como si pensaran que él no era atractivo. Lara, particularmente, pensaba que el cabello rubio, corto y despeinado que siempre llevaba le quedaba muy bien, a pesar de que no estaba cortado a la moda. Y la barba que hacía poco tiempo había comenzado a crecerle lo hacía incluso más sexy, había que añadir. Ella se moría por acariciarle las mejillas cada vez que la besaba pero no se atrevía. Era consciente que la besaba por la maldición, y se repetía aquello como un mantra.

De todas formas, lo mejor eran sus expresivos ojos chocolate que podían decirle casi todo con una mirada.

¿Y a dónde van a ir? ―preguntó ella. Antes de que las chicas pudieran evadir la respuesta, Damián, que no podía creer cómo su amigo simplemente seguía jugando con su celular mientras la morocha estaba más que dispuesta a dejar que jugara cualquier juego con ella, se les adelantó y respondió.

ShiBang ―le dijo con suficiencia.

Pero se necesita ser mayor de dieciocho para entrar… ―dejó caer ella alzando una ceja.

Tenemos nuestros trucos ―y así, Damián pasó a resultarle interesante. Le preguntó todo acerca de Cash, el hombre que te proporcionaba tanto identificaciones, como certificados médicos falsos y se marchó sólo cuando obtuvo la forma de ubicar al hombre, tras asegurarles que seguramente se vieran más tarde en el pub. Clara se había marchado a mitad de la charla, incapaz de seguir viendo cómo Damián le hablaba entusiasmado a aquella chica que antes nunca se había detenido dos veces a mirarlo pese a que hicieron todo el instituto en la misma clase.

Vos vas a pasar a buscar a Lara, ¿verdad? ―le preguntó Magela a Derek, taladrándolo con la mirada. Si bien el rubio no había mirado dos veces a Micaela, tampoco había echo nada por sacársela de arriba, y sabía por la postura de su amiga, que Lara se hubiera ido con Clara si la conversación demoraba dos minutos más. Magela era extremadamente perceptiva y había visto qué tan enamorada estaba Lara de Derek y Clara de Damián después de almorzar media hora con ellos. Clara se había encogido de hombros cuando se lo comentó, como si no tuviera importancia. Lara había comenzado a negarlo rotundamente pero Magela la taladreó con la mirada y la chica de ojos verdes terminó pidiéndole por favor que nunca más volviera a decirlo en voz alta.

¿Ah? Sí, claro, como siempre ―le respondió Derek alborotándose el pelo mientras se desperezaba, luego miró a Lara por si a chica ponía alguna objeción, pero ella se encogió de hombros, sonriendo internamente. Ella era parte de la vida de Derek desde siempre, Micaela iba a tener que hacer algo más que tocarle el hombro para que el chico la dejara de lado.

Como siempre ―le respondió y el timbre sonó.

Echo. A las once en la esquina del viernes pasado.

***

¿Ésta o la turquesa?

No me gusta el color turquesa. ¿En que pensabas cuando compraste esa falda?

Pues no en tus gustos. ¿La negra entones?

Sí, la negra.

Derek estaba tirado en el sofá del cuarto de Lara con un vaso de wiskey con pomelo en una mano y el mouse en otra, musicalizando el momento, mientras que ella se terminaba de aprontar para ir a bailar.

Tomá. Ya esta lavada y planchada ―le dijo ella dándole una camisa blanca, mientras sostenía la pollera negra en la otra mano. Derek tomó la camisa y le paso el vaso con la bebida después de tomar un buen trago.

Gracias, pensé que la había lavado desde la última vez que la usé…

¿Lavado? ¡Si quedó en mi bolso desde hace un mes! ―le respondió ella riendo. Tomó un trago y le devolvió el vaso― Todavía no se porque te la sacaste ―añadió Lara mientras miraba su falda desde varios ángulos para verificar que no le hubiera pasado lo mismo que a la camisa de Derek.

Creo que porque tenía calor, no me acuerdo ―le respondió el chico mientras una canción de Reggeton comenzaba a sonar en la P.C y se quitó la remera, dejando su torso al descubierto, para ponerse la camisa que Lara le había dado― ¿Pensas salir hoy? ¿Qué esperas para terminar de vestirte? Por cierto, lindas bragas… rosadas esta vez.

Tarado ―murmuró la chica viéndolo a través del espejo, conteniendo una sonrisa.

¿Yo? ¡Sos vos la que se pasea en tanga frente a un ninfomano!

No sos un ninfomano ―le contradijo ella acalorada tirando del cierre de su pollera. Nada podía decir respecto a la tanga. No pensó que Derek llegaría a ver su ropa interior tan pequeña cuando se vistió en el baño aquel día, pero era tan común que se cambiaran de ropa mientras el otro estaba en la habitación, que se había olvidado de ese detalle cuando se sacó los pantalones de yoga. Bueno, cuando tenían cuatro años ambos andaban sin camiseta, tampoco podía ser la gran cosa―. Solo tenes una dependencia que podría decirse que es de un ninfomano, nada más ―Derek se salvó de verse obligado a responder alguna guarrada que incluiría la palabra erección en la frase porque Lara soltó un chillido cuando la reproducción automática cambió de canción― ¡Amo esa canción!

Y sin más, comenzó a contonearse al ritmo de la música con el vaso en la mano y el cabello lacio suelto y cuidadosamente planchado flotando a su alrededor. Cuando lo tomó de la mano, instándole a bailar con ella, Derek contuvo la respiración. Bailar reggeton con tu amiga no era la forma de olvidarla vistiendo solamente una camiseta ajustada y una tanga rosa. Pero no era como si realmente pudiera sacarla de su cabeza de todas formas, así que le arrebató el vaso, se tomó lo que quedaba de un solo trago y tras dejar el recipiente sobre el escritorio con un sonoro golpe, se dedicó a disfrutar del resto de la canción. La hizo girar sobre si misma un par de veces, y cuando se sintió un tanto mareada Lara se dijo que no haría daño rodearle el cuello con los brazos. Derek pensó que no podría molestarla que la tomara de la cintura y de pronto estaban apretados moviendose hacia los lados con la música, bailando con movimientos exagerados, riendo a carcajadas. A Lara, la pollera tubular negra se le subió un poco debido a que Derek tenía una de sus piernas entre las suyas, pero no le importó. A él se le arrugó un poco la camisa, pero realmente no le importaba como luciera para los demás. Ninguno se atrevía jamás a tocar al otro tanto, por temor a ser descubierto. La maldición era algo detrás de lo que ambos se escondían, pero la verdad… la verdad era que querían al otro como algo más que un amigo y no por culpa de alguna maldición en particular.

Cuando la canción terminó de sonar, estaban ambos con anchas sonrisas mirándose a los ojos con una ternura que no podía ser ocultada. Seguían abrazados pero no parecía importar.

Vamos a llegar tarde ―le dijo Lara, pero no se movió. Solo se limitó a arreglarle el cuello de la camisa con cuidado mientras Derek no dejaba de mirarle a los ojos sin quitarle las manos de la cintura.

Podemos compensarlo comprando bebidas ―le respondió el con la voz ronca encogiéndose de hombros.

¿Qué pasaría si la beso ahora? , pensó él, con la mente un poco ida, quiero besarla… voy a besarla…

Ya la había besado ese día, no tenía ninguna excusa real para hacer aquello pero decidió que si ella se enfadaba, de todas formas siempre podría echarle la culpa a la maldición y se dejo llevar.

Ella dudó dos segundos antes de corresponderle. Aquello no era habitual, pero ¿qué más daba? Amaba estar en sus brazos y aunque se sentía una tonta por ilusionarse siendo que él la besaba obligado por la maldición, ya hacía tiempo que había decidido disfrutar de aquellos pequeños momento en que estaban juntos como algo más que amigos si era lo único que iba a poder tener.

Es verdad que aquello no era normal, y no lo era por varias razones. Él nunca se había apretado contra ella de aquella manera y ella nunca lo había besado como si su vida dependiera de ello como lo estaba haciendo. Nunca se había dejado llevar porque supuestamente era Derek y no ella quien sentía la necesidad de besarla, pero el alcohol ingerido deshizo las inhibiciones y dejó que sus manos se enredaran en su cabello desordenado, haciendo que él gimiera sobre sus labios cuando le dio un pequeño tirón a sus cabellos. Derek se apartó de ella, asustado de haberse delatado, pero Lara o no se dio cuenta o no le importó porque bajo sus manos hacia sus mejillas y lo acercó nuevamente a sus labios. Se olvidó de todo lo demás después de eso, y solo pudo llevarla hasta la pared más cercana dando tropiezos. Se besaron y tocaron de una forma que solo podían hacer estando solos en una habitación y se olvidaron del tiempo.

Sus teléfonos celulares sonando los encontraron con los labios hinchados y jadeando, con la pollera de Lara subida hasta los muslos y la camisa de Derek con la mitad de los botones desprendidos. Se miraron sorprendidos y asustados, inmóbiles en el lugar. Lara miró el reloj que había encima del escritorio.

Son las once y diez ―dijo por lo bajo y volvió a mirar a su amigo a los ojos. Él se exprimió el cerebro en busca de algo para decir que salvara la situación mientras los teléfonos seguían sonando. Era evidente que el alcohol ya no estaba haciendo tanto efecto y no podía dejar las cosas así.

Vamos a tener que pagar un montón de tragos ―le respondió él con una sonrisa vacilante, logrando que Lara le sonriera tímidamente a su vez.

Voy a ponerme los zapatos y ver que las ventanas estén bien cerradas antes de ir ―comentó entonces Lara acalorada, acomodando su pollera sutilmente. Había llegado a dar un paso lejos de la pared pero Derek no podía sacarse de la cabeza la forma en que Lara lo había llevado hacia ella, la forma en que lo había besado y pensó que tal vez, solo tal vez, ella no se sentía obligada a estar cerca de él, quizás también sintiera algo más que el cariño de hermanos, así que la sujeto por la cintura con un brazo y volvió a llevarla contra la pared como había estado antes.

Yo… ―comenzó. Que ella lo mirara sorprendida y con los ojos bien abiertos lo puso nervioso, y que sus labios todavía estuvieran hinchados lo distrajo, había que decirlo. Lo intentó de nuevo―. A mi… me gusta besarte ―una vez que lo puso en palabras, no le pareció tan buena idea, pero ya estaba dicho y no iba a retractarse. Cuando vio que Lara se encogía de hombros, como intentando desestimar lo que había dicho, añadió:―. No es por la maldición, Lara. A mi me gusta besarte ―lo último lo dijo poniendo énfasis en cada palabra y la miró expectante. Él sabía que si no hubiera dicho nada, Lara hubiera dejado pasar el (o más bien los muchos) besos de unos minutos atrás. Llevaba más de dos años besándola más de lo necesario y ella jamás se había quejado. Sabía que ella creía que la maldición se estaba agravando, pero no era cierto y aunque temía lo que podía suceder si Lara se enteraba, esperaba que aquella confesión… ¿qué? ¿qué esperaba? Ya no podía recordarlo, y empezaba a entrar en pánico mientras los segundos pasaban en silencio.

Lara había quedado muda y sin saber qué hacer con las manos. La cara le ardía avergonzada por saber que al besarlo le había tocado el rostro y el pecho, y que a su vez él le había recorrido con sus manos la espalda, el trasero y algo de sus piernas. Sentía que Derek intentaba decirle algo más allá de esas cinco palabras, pero estaba confundida por los besos y el alcohol. De todas formas, solo había una cosa posible para decirle a él en ese momento:

A mi también me gusta besarte ―le confesó y tomo una respiración profunda. Derek le dedico una ancha sonrisa mientras soltaba el aire que inconscientemente estaba sosteniendo y volvió a colocar sus manos en su cintura.

Deberíamos hacerlo más seguido, entonces ―le dijo él. Lara soltó una carcajada creyendo que estaba bromeando, pero su risa murió de golpe cuando vio que se acercaba a ella nuevamente. Otra vez, solo había una sola cosa posible por hacer: le tomó el rostro entre sus manos y le devolvió el beso.

***

¡Al fin llegan!

Culpa de Lara.

¡¿Qué?! ¿Mía? ¡Fue tuya por pretender que lavara y planchara tu camisa en ultimo momento!

¿Se dan cuenta de que yo llegue a las once, y ustedes once treinta así que me deben tres tragos cada uno, más los dos que me deben entre Damián y Antoni, verdad? ―le dijo Magela con los ojos brillantes― Alguien va a tener que llevarme a casa borracha como una cuba y explicárselo a mis hermanos.

A nosotros nos deben solo un trago… de haber sabido ―gruñó Damián apesadumbrado.

Nos pagamos una botella ―le dijo Derek a Damián pellizcándole una mejilla. Él estaba dispuesto a pagar tres por esa media hora besando a Lara.

Debe ser genial que tus padres no solo te dejen la casa libre, sino también dinero de sobra para gastar en lo que quieras ―aventuró Antoni con una profunda admiración mientras se ponían en camino. ShiBan quedaba a solo cuatro cuadras de donde solían encontrarse.

A mi no me dejan nada, se lo dan todo a Lara para que lo administre ―le aseguró Derek mirando a su amiga que caminaba delante de ellos tomada del brazo con una usualmente silenciosa Clara. Magela iba saltando cerca de ellas, ansiosa por los trago gratis que iba a tener. La regla de “un trago a cada uno si se llega diez minutos tarde” había sido una buena idea en su momento para que nadie tuviera que esperar por los demás, ahora que tenía que pagar, Derek no estaba tan seguro.

Es tu culpa por cambiar el dinero de nuestra merienda por una tortuga en quinto grado ―le dijo Lara dándole una sonrisa descarada. Derek le puso los ojos en blanco dramáticamente.

Vos terminaste AMANDO a esa tortuga, te lo recuerdo.

Ustedes sí que tienen suerte ―les aseguró Damián―. Sus padres son geniales y los dejan solos muchísimo tiempo. Yo tengo tres hermanos pequeños y no puedo recordar la última vez que tuve la casa para mi solo más de dos horas.

Tiene sus ventajas, sí ―respondió Derek restándole importancia con un encogimiento de hombros, pero no pudo evitar mirar a Lara y tuvo que contener una sonrisa cuando la atrapó mirándolo. Se sonrojaron de inmediato y apartaron la mirada.

Ah, si se hubieran quedado en casa en vez de ir a bailar…

Era verdad que volvían a estar solos con ambas casas libres. Desde hacía un par de años, los padres de ambos habían decidido que ya eran los suficientemente mayores como para dejarlos solos algún que otro fin de semana y eso hacían repetidas veces en el año ya que solían tener actividades extracurriculares del Instituto los sábados. Después de lo de hoy, Derek sabía que iban a disfrutar aún más los fines de semana a solas.

Lara no sabía qué pensar.

Tres días después de caer por el barranco:

Hay… hay que decidir bien qué vamos a hacer ―le dijo Lara seriamente. Habían vuelto a la ciudad y estaban sentados en el suelo de la terraza de la casa de Lara con la carta de tarot más resplandeciente que nunca en medio de ellos.

No hay que decirle a nadie lo que paso ―susurró Derek mirándose las manos. En aquel entonces llevaba el cabello un poco más largo que en la actualidad y medía diez centímetros menos que la Lara de aquella época. La complexión de un jugador de fútbol vino años después. En aquella época aún eran pequeños, pero aún así sabían que una historia como aquella haría que los separaran para siempre―. Nadie tiene que saber que nosotros… que yo tengo…

Que besarme ―completó Lara en un murmullo también―. Lo sé, no nos dejarían estar solos nunca. Por eso hay que tener cuidado, no nos pueden ver ―Derek negó con la cabeza aún sin atreverse a mirar a su amiga a la cara mientras escribían otra linea imaginaria en su acuerdo.

¿Qué pasa si… si nos peleamos y ya no somos más amigos? ―se atrevió a preguntarle él pensando en lo cerca que estuvo de morir y al ver que su amiga no respondía levantó la mirada. Ella lo miraba con una tierna sonrisa que no se le había olvidado con el correr de los años.

Nunca vamos a dejar de ser amigos ―le aseguró ella―. Igual, yo te prometo que aunque este enojada contigo, nunca jamás voy a impedir que me beses ―añadió sintiendo cómo se le ponían coloradas las mejillas. Derek respiró más tranquilo―. Pero…

¿Pero qué?

¿Y si cuando seamos grandes nos gustan otras personas? ¿Qué pasa si te gusta otra chica y sos su novio? Vas a besarla a ella también, ¿no? ―le preguntó ella frunciendo el ceño ante tal panorama que se le había ocurrido de pronto. No estaba segura de que le gustara que hubiera una segunda chica en la vida de su amigo.

No importa porque sus besos no me van a ayudar con la maldición, yo voy a tener que darte besos siempre ―le respondió él encogiéndose de hombros―. Igual, yo creo que cuando seamos más grades deberíamos casarnos como mis papás ―le soltó entonces, volviendo a mirarse las manos. Lara no pudo más que mirarlo asombrada―. Así no tendríamos que separarnos nunca, no habrían más personas de las que preocuparse y podríamos darnos besos en cualquier parte.

Actualidad:

La simpleza de aquel acuerdo entre ambos aún le hacía sonreír. No sabía si Derek recordaba aquella tarde y no pensaba recordársela jamás pero lo cierto es que seguían cumpliendo esas reglas al pie de la letra. Nunca los habían atrapado, aunque sus madres alguna que otra vez estuvieron a punto de descubrirlos y jamás se habían besado en público más allá de aquel callejón solitario.

¿Pero y en cuanto a lo de hacía unas horas? Derek había dicho que como a ambos les gustaba besarse, deberían de hacerlo más seguido. ¿Qué significaba eso? ¿Seguirían haciéndolo en secreto? ¿Y qué ocurriría si comenzaban a salir con alguien ahora que al parecer pasaron a besarse por puro gusto también?

Cuando ambos estaban en tercero del Instituto, Derek había besado a otra chica. Fueron novios dos días. Tamara Acosta se llamaba ella. A Lara no le había caído bien porque sabía que a la chica le gustaba Derek solo porque lo veía jugar al fútbol en los recreos y era atractivo. Ella no lo conocía realmente, ni le interesaba conocerlo, una chica demasiado superficial a su entender. Derek definitivamente tenía un gusto pésimo con las chicas si es que Tamara Acosta le gustaba. Pero tres días después él cortó lo que sea que estuviera teniendo con ella y más tarde le confesó a su amiga que no le gustaba cómo Tamara le besaba, ni cómo le hablaba cuando estaban juntos, siempre intentando que él hiciera lo que ella quería. Lara suspiró resignada ante aquello y aunque algo en su interior se relajó, no podía dejar de pensar que Derek había estado besando a otra chica en público mientras que a ella siempre la besaba ocultándose. Esos pensamientos le revolotearon en la mente un par de semanas y cuando Lucas Ledesma le preguntó si quería ir con él al cine el sábado en la tarde le dijo que sí. Ella también estuvo tres días besando a dos chicos, hasta que se dio cuenta que realmente no estaba interesada en besar a alguien más que a Derek. Con él siempre estaba a gusto, con Lucas… con Lucas había sido todo muy raro e incómodo.

Después de esos acontecimientos, habían llegado a un acuerdo tácito: no iban a seguir saliendo con otras personas solo porque eran otras personas. Solo iban a hacerlo cuando… ¿cuándo? bueno, eso nunca quedó muy claro, pero estaba visto que no la habían pasado bien ninguno de los dos metiendo un tercero a la ecuación así que decidieron olvidarse de aquello y continuar con su amistad como hasta entonces, sin ceños fruncidos ni reproches escondidos detrás de un “sé que no es buena persona”.

Ahora Lara sentía que realmente necesitaba que volvieran a hacer la lista escrita en una libreta imaginaria.

***

Están bailando muy cerca.

¿QUÉ? ¡NO TE ESCUCHO POR LA MÚSICA! ―le respondido Damián a Derek con un vaso en la mano. Él no le presto atención, miro a Antoni y después señaló con la cabeza a donde estaba Lara bailando cerca de un tipo. Él había abordado a las chicas mientras estaban las tres bailando y estaba empecinado con Lara.

Derek, ¡vamos a bailar! ―le insistió Micaela otra vez, tirándole del brazo. Ella y dos amigas más habían logrado encontrarlos dentro de ShiBang y no se les habían despegado. Es por eso que Lara, Magela y Clara los habían dejado solos a los tres en la barra hacía unos veinte minutos. Estaban relativamente cerca, y Derek no las perdió de vista ni un momento. Tarea que había sido difícil dado que Micaela no había parado de hacerlos hablar, pese a que tanto Antoni como Derek se mostraban reticentes. Damián, bastante borracho ya, intentaba ligar sin éxito con una de las amigas de Micaela.

Quizás más tarde, creo que voy a tomar algo ahora ―le dijo Derek señalando el vaso vacío, mientras se acomodaba mejor en el taburete contra la barra a la espera de que la chica se fuera a bailar con sus amigas.

Puedo tomar algo contigo entonces ―insistió ella colocándose entre sus piernas. Derek no vio el movimiento porque justo en ese momento el sujeto que había estado rondando a Lara había conseguido finalmente que ella accediera a bailar con él. Cuando instintivamente se impulsó hacia adelante para pararse, se dio cuenta de que tenía a la morocha entre las piernas pestanéandole inocentemente con un top que mostraba más de lo que cubría y unos jeans blancos que parecían pintados en sus piernas. Volvió a sentarse y trago grueso mientras ella se ponía a acomodarle incómodamente la camisa―. ¿Qué vas a comprarme?

Mmm… ¿qué queres tomar? ―le preguntó balbuceando, sin perder de vista a su amiga. Casi gruñó cuando vio que el extraño la tomaba de la cintura.

Un Sex in the beach esta bien para mi ―le dijo ella mirándolo sugerentemente. Derek se echo hacia atrás todo lo que pudo ya que Micaela inexplicablemente parecía estar cada vez más cerca, y volvió a mirar a Lara. Él no presto atención ni a la indirecta, ni a por qué su compañera de clase se le estaba tirando encima―. ¿Vos qué vas a pedir?

¿Yo? Yo voy a esperar a Lara ―respondió él volviendo a mirarla, sin darse cuenta de que lo que le estaba diciendo a Micaela no cuadraba. Con Lara siempre compartían los tragos, era la forma que tenían de regularse un poco y no emborracharse… a la vez, al menos.

Cuando Derek volvió a mirar hacia donde estaba Lara, quedó mirando fijo la escena, con los dientes apretados. El tipo le hablaba en el oído y ella sonreía… una sonrisa forzada, él la conocía bien, Lara no podía engañarlo con sus gestos.

Tu hermana la esta pasando bien, ¿no? ―lo picó Micaela para ver la reacción del chico, poniendo énfasis en el hermana. Desde que había llegado al Instituto el año pasado tenía los ojos puestos en el chico rubio, de risa fácil que jugaba excelente a cualquier deporte pero que siempre estaba acompañado de la chica de ojos verdes. Todos en el Instituto sostenían que aquellos dos tenían una relación muy extraña y aunque parecían ser solo muy buenos amigos ya que jamás los habían visto mostrar algo más que eso, los chicos jamás se acercaban a Lara ya que el chico no se le despegaba y las chicas jamás hacían algo más que mirar a Derek. Micaela tampoco se terminaba de creer que fueran solo amigos, sobretodo porque no creía en la sola amistad entre hombres y mujeres. Pero hora Lara estaba bailando con otro y ella sintió que podía ser su oportunidad. Además, se notaba que él había bebido, aquello definitivamente sería fácil.

No, ya se va a librar de él ―fue lo que Derek le respondió y así fue. Lara sacó las manos del tipo de su cintura y tras una disculpa apresurada, fue hasta donde estaban sus amigas. Pero el saberlo no hizo que él se sintiera mejor. Antoni le palmeó la espalda y le susurró para que solo él le escuchara:

Tranquilo. No hagas que ella sepa que te molesta o va a enfadarse. Vos tampoco estas lo que se dice solo.

¿Qué le molestaba? ¡Si a él no le molestaba! ¿Qué clase de consejo era ese? El no lo necesitaba, no le molestaba… ahora que se había librado de él, claro. Y sobre que él, Derek, había estado acompañado… no entendía a qué se refería Antoni. Él no se había movido de su butaca, Micaela era la que se le estaba tirando encima sin él tener que hacer nada. Eso ya le había pasado más de una vez con otras chicas, Lara no podía enfadarse por ello.

Necesito que te muevas, Micaela ―le dijo no muy sutilmente. La chica había puesto sus manos en los muslos de él, sin dejar de sonreirle y mostrarle el escote. Ninguno se resistía a esa cercanía.

¿Por qué? ¿Te molesto? ―le preguntó fingiendo ofenderse.

Sí, necesito moverme ―le respondió. Se había tomado tres wiskey con pomelo con Lara, y un par de tragos más en el pub, así que la sutileza no estaba en el menú y sus pensamientos no estaban muy ordenados. Él quería llegar hasta su amiga y evitar que alguien más se le acercara, eso era todo lo que tenía en mente.

No sos gay, ¿verdad, Derek? ―le preguntó entonces Micaela alzando una ceja.

¿Qué? No, no soy gay ―aquello apartó a Lara de sus pensamientos, momentáneamente― ¿Por qué preguntas eso?

¿Tenés novia entonces? ¿Lara y vos están juntos?

No, no tengo novia ―le respondió él atontado.

Entonces solo estas haciéndote el difícil de seducir ―le dijo ella rápidamente con los labios haciendo un puchero y él no sabía cómo, pero con un movimiento de hombros logró mostrarle incluso un poco más de escote.

Micaela: ―le dijo. Finalmente la sujetó por los hombros y la apartó de él― no estoy haciendo nada, solo quiero estar con mis amigos. Deja de tirarte encima de mi.

Oh ―ella lo miró asombrada por sus directas palabras pero rápidamente recompuso la sonrisa―. Es que yo también quiero ser parte de tus amigos ―le dijo ella dándole un guiño―, no sabía que te estaba molestando. Buscame más tarde si te aburrís de ellos.

Derek la vio hacerles una seña a sus amigas antes de perderse las tres entre la gente completamente confundido. Lo único que sabía es que había conseguido quitársela de encima.

Sonrió cuando vio que Lara se le acercaba pero Magela y Clara acapararon su atención de inmediato. Al menos volvía a estar junto a él en la barra. Le hizo seña con la mano indicándole que iba a pedir otro trago y aunque le puso los ojos en blanco, ella asintió mientras escuchaba lo que las demás le contaban.

¡Lara! ¡No sabes lo que nos paso! ¿Viste esos dos que estaban con nosotras cuando…? ―Magela y Clara le comenzaron a relatar lo que habían echo dos chicos mientras se acomodaban en la barra nuevamente.

Lara no podía apartar de su mente la imagen de Micaela inclinada contra Derek, mientras hablaban y se miraban a los ojos con los rostros a centímetros de distancia, ¡centímetros! ¡¿En qué estaba pensando Derek?! ¿No había quedado claro que ella, Magela y Clara detestaban a Micaela? ¿Dónde estaban los códigos? ¡Se suponía que eran amigos! Damián era un tonto que había demostrado que podía ir perfectamente detrás de un par de senos, ¿pero ahora Derek también?

Ella solo esperaba que no volviera a aparecer Micaela en escena porque era capaz de agarrarla de los pelos en medio del pub.

Ey… ¿está todo bien? ―le preguntó él cuando le paso el trago que recién había conseguido. Lara asintió con la cabeza sin ser capaz de hablar por la rabia y aceptó el trago. Quizás lo mejor era terminar de emborracharse y olvidarse de Micaela… ¿o quizás ya estaba borracha? Qué más daba― ¿Lara?

No va a volver Micaela, ¿verdad? ―le preguntó ella mirándolo claramente molesta.

Espero que no. Me costó pero creo que logré sacármela de encima.

Lara le puso los ojos en blanco otra vez, y decidió olvidar por el momento al problema que venía con un gran escote y un pantalón demasiado ajustado sólo porque Magela los interrumpió colgándose del cuello de ambos.

¿Y bien? ¿Cuándo piensan pagarme las bebidas que me deben?

***

No pueden ir al Instituto en este estado… ―comentó Lara. Se sentía cansada y no podía esperar a llegar a casa.

Si faltan van a llamar a sus padres ―dijo Antoni. Él, a diferencia del resto, no tomaba bebidas alcohólicas, no importa a dónde fueran―. Además son las seis de la mañana y la reunión es al medio día, después de unas horas de sueño seguramente estén en condiciones…

Derek… ¿estás bien? ―Lara lo llevaba a rastras por las calles de la ciudad mientras el cielo comenzaba a aclarar. Él iba con un brazo sobre sus hombros, mientras ella lo agarraba de la cintura y cada tanto apoyaba su cabeza contra la de ella, caminando de costado.

Quiero sentarme.

Espera que ya vamos a encontrar un taxi.

Quiero besarte ―le susurró en el oído, ruborizándola.

Espera a que lleguemos a casa ―le dijo Lara intentando calmar su estómago traicionero, que aunque media dormida como estaba, no dejaba de reaccionar al rubio que le embriagaba los pulmones con su perfume.

¿Están bien? ―preguntó Clara. Ella llevaba a Damián, mientras que Antoni llevaba a Magela, quien tampoco había podido resistirse a la bebida. Derek se había ofendido por cómo lo trató Lara cuando volvió de su bailecito con el extraño y se había puesto a tomar con Magela para ver quién caía primero. Lara, pronosticando que seguramente ambos cayeran en coma antes de rendirse, dejó de tomar en ese momento. Alguien iba a tener que ayudar a Antoni a llevarlos a casa. Damián se les había unido de inmediato, por supuesto, y había terminado tan borracho como sus amigos.

Estamos bien ―le respondió Lara unos metros detrás del resto―. Creo que voy a parar un taxi, ¿qué les parece?

Ok. A mi me dejas de pasaaaaaaaaaaaaaaaaaaada ―le respondió Magela tirando la cabeza hacia atrás, con lo que casi se cae. Antoni se desternillaba de risa. Todos reían a decir verdad. Sabían que no era correcto emborracharse como lo hacían a veces, pero eran jóvenes e irresponsables. Se preocuparían de las consecuencias más tarde.

***

¿De verdad no vas a caerte? ―le preguntó Lara. Había dejado abierta la puerta del baño por si acaso, y se había sentado en el pasillo a esperar que Derek se diera una ducha que le sacara un poco la borrachera. Si el suelo no hubiera estado tan duro, se hubiera dormido allí.

Estoy bien ―le respondió él con un gruñido.

Luego de un buen rato, Derek cerró las canillas, se secó con la toalla que Lara le había dejado colgando de la mampara y abrió la misma sin pensar en nada más que en acostarse a dormir… en la misma cama que Lara, preferentemente. Si ella no hubiera estado con los ojos cerrados y la frente apoyada en sus rodillas, lo hubiera visto en toda su gloria cuando se paró en la alfombra del baño completamente desnudo. Si él hubiera bebido un par de tragos menos, hubiera tomado de inmediato la toalla sin emitir un solo sonido al verla ahí sentada cerca de la puerta del baño. Pero él había bebido muchos tragos.

¿Vos vas a ducharte también?

Yo solo voy a… ¡Por Dios! ―gritó ella tapándose los ojos con las manos― ¡Estás desnudo!

Oh… ―dándose cuenta de la situación, y demasiado cansado como para sonrrojarse, tomó el boxer y se lo puso tras mucho esfuerzo y varios golpes contra la mampara. Ella sin querer había ido subiendo la mirada por sus piernas trabajadas y ligeramente cubiertas por un vello rubio hasta que se encontró con una parte de Derek que no veía desde que tenía al menos cinco años y corrían desnudos de una casa a otra escapando de sus madres y sus deseos de peinarles el cabello. No podía sacarse la imagen de la retina, él definitivamente ya no era el niño que ella creía recordar― Ya estoy vestido ―le dijo Derek sin inmutarse. Cuando Lara lo miró no podía ocultar la cara de incredulidad―. ¿Vas a ducharte? ―volvió a preguntar con los ojos a punto de cerrarsele.

Solo voy a cepillarme los dientes ―respondió ella dando un sonoro resoplido. ¿Cómo se suponía que debía controlar sus sentimientos hacia él siendo que le hacía sentir mil cosas juntas la intimidad que compartían? Y ahora lo veía completamente desnudo, además. Él, ajeno a la tortura que estaba sintiendo su amiga, bajó la tapa del water y se sentó, recostándose contra la mochila de agua.

Lara volvió a suspirar y cargo los cepillos de ambos con pasta dental. Era tan común que se quedara en su casa que hasta tenía un cepillo de dientes para él en el botiquín. Cuando se acercó para dárselo, él tironeo de ella hasta sentarla en su falda. Lara mordió el cepillo inconscientemente cuando el chico le puso una de sus manos en los muslos desnudos por la corta falda.

Olvidar que lo amaba y que moría por tocarlo, sí claro.

Después de varios minutos y mucho esfuerzo por parte de ambos, lograron tener los dientes cepillados, e incluso Lara consiguió que Derek se enjugara en la pileta. La tarea se tornó complicada cuando él decidió que no quería caminar y en cambio la abrazó contra la puerta y escondió el rostro en su cuello.

Derek, vamos a la cama.

¿Vas a acostarte conmigo? ―le preguntó con la voz amortiguada por su propia piel. Ella contuvo el aliento.

Él estaba borracho, no se refería a nada más que dormir se dijo.

Sí, pero vamos, dale. Te vas a caer dormido y yo no tengo la fuerza para levantarte ―le respondió conteniendo sus emociones. Él había crecido hasta el metro ochenta ya, y aunque ella en la primaria siempre fue un poco más alta que él, su crecimiento se había detenido en el metro sesenta y cinco y definitivamente no tenía la complexión física necesaria como para transportarlo.

¿Estás molesta conmigo? ―siguió preguntando él, consiguiendo que Lara pusiera los ojos en blanco. Podría ser peor, se dijo. Sus padres podrían estar durmiendo en el cuarto contiguo mientras ella peleaba con un Derek borracho y en boxer. La sola idea de lo que diría su madre si los encontrara en aquella situación la hizo sonreír.

Yo no estoy molesta ―mintió ella―. Vamos a mi cuarto Derek, dale, ayudame a llevarte.

Estas molesta, sí ―le contradijo él, y para su consternación, comenzó a besarle delicadamente el cuello sin rastros de querer salir del baño. Sus rodillas amenazaron con ceder en ese momento.

Ya basta. Vamos a mi cuarto. Te respondo todo lo que quieras pero cuando estemos acostados ―tironeó un poco y logró soltarse. Sin perder la oportunidad, lo tomó de las manos y tiró de él hasta su habitación.

Pero vos dijiste que te gustaba besarme ―protestó él mientras arrastraba los pies. Lara se debatía entre la exasperación y la diversión.

Sí, me gusta ―le aseguró sonriendo finalmente, mientras caminaba hacia atrás, guiándolo en la semioscuridad. Que él estuviera borracho, hacía que ella se sintiera con un poco más de libertad al saber que era poco probable que mañana él recordar todo lo que estaba pasando.

Y yo te estaba besando pero me apartaste ―ella no iba a discutir con un borracho, así que no respondió y en cambio se quitó sus zapatos tirándolos lejos. Además, ese tipo de beso estaba segura de que no era parte de los besos de los que habían hablado más temprano y no sabía qué pretendía él con aquello. Cuando llegaron a su cama, sin soltarlo completamente, corrió las sábanas e hizo que Derek se sentara.

Tumbate, yo voy a cambiarme y ya me acuesto ―ella suponía que para cuando terminara de ponerse el pijama, él ya estaría durmiendo. Lo que no esperaba era que la llevara contra él, colocandola entre sus piernas abiertas y tirara del cierre de su falda.

Yo te ayudo con la ropa ―le dijo roncamente mirándola a los ojos, veinte centímetros más bajo que ella. Lara estaba tan sorprendida que él no solo le desabrochó la falda, sino que tiró de la misma hacia abajo hasta dejarla en ropa interior y solo entonces ella pudo cerrar la boca asombrada y comenzar a protestar.

¡Derek, qué estás… ! ―pero Derek no se detuvo ahí. Tiró con fuerza de sus piernas hasta dejarla sentada a horcadas en su falda y encajada contra él de una forma que le sacó el aliento.

Se dedicó a mirarla de cerca. Le parecía la mujer más hermosa del mundo con sus pecas en las mejillas y sus ojos verdes con el delineado ya algo corrido. Lara lo miró a su vez y le corrió el cabello de los ojos. Aquello estaba segura de que no era algo que hicieran los amigos, pero no pudo importarle menos desde el momento en que él se dedicó a mirarla como si quisiera tenerla así de cerca el resto de su vida.

Pensó que iba a besarla, pero entonces Derek se quedó inmóvil y cerró los ojos. En un principio creyó que se había dormido, pero…

¿Te gustó aquel tipo? ―preguntó entonces él sin abrir los ojos, con la voz ronca y las manos acariciándole la cintura.

¿Qué tipo Derek? ―preguntó algo atontada. Después de todo, ella también había bebido bastante.

Ese con el que estuviste bailando.

¿Ese idiota? ¿Estas bromeando? ¡Me pidió que me fuera con él a un lugar donde estuvieramos solo a los dos minutos de bailar conmigo!

Se notaba que era un imbécil ―él se arrepintió de no haberlo apartado cuando tuvo la oportunidad.

No me interesaba para nada, solo bailé con él para que dejara de molestar ―y yo dejara de mirar cómo te coqueteaba Micaela añadió para si misma, nada dispuesta a confesarle aquello.

Derek gruñó, aún con los ojos cerrados e inclinó sus labios hacía donde sabía que estaba ella.

Lara…

Ella se inclinó también. Sabía lo que ocurría cuando tenía la voz así de ronca.

Él primer beso fue suave, recorriendo con la lengua los labios de ella, saboreándolos de a poco como Lara se había acostumbrado a que hiciera desde hacía un tiempo. Ella enredó sus dedos en su cabello húmedo, haciendo que la imaginación de Derek volara.

La llevó más hacia él y a Lara se le erizó la piel. Estaba sentada en sus piernas mientras se besaban…

¿Era la maldición o porque le gustaba besarla? No podía ser la maldición, ya se habían besado tres veces en veinticuatro horas.

Pasó sus manos por los hombros de él, sintiendo los músculos tensionarse y se atrevió a acercarse más para que sus torsos estuvieran tocándose. Derek delineo con sus dedos la fina tela de la tanga rosa y ella no pudo evitar gemir sobre sus labios mientras se humedecía entre las piernas.

Aquello estaba yendo muy lejos. Ambos acababan excitados las veces que se besaban a escondidas en el callejón o en sus propias habitaciones, pero nunca habían estado así, en ropa interior, sabiendo que al otro le gustaba lo que estaba pasando. La excusa de la maldición les había quedado pequeña.

Las manos de Derek se colaron por su espalda, metiéndose debajo de la ropa, subiendo lentamente la camiseta blanca ajustada y sin mangas que Lara llevaba, y ella rompió el beso sorprendida. Derek la miró fijamente con los ojos entrecerrados mientras seguía subiendo centímetro a centímetro su camiseta. Jadeaban mientras el tiempo parecía detenerse.

No puedo pararlo…fue lo primero que pensó ella. No queres pararlo dijo entonces una segunda voz en su cabeza y se dio cuenta de que era cierto. No podía evitarlo, en secreto le gustaba, disfrutaba que fuera él quien la besara, quien la tocara…

A él en su mente nebulosa ya todo le daba igual. Iba a besarla tanto como ella lo dejara. Iba a tocarla tanto como ella quisiera. Iba a desnudarla y hacerle el amor si ella se lo permitía. Siempre se reprimía a sí mismo, pero no iba a hacerlo esa noche. Había soñado con tenerla desnuda y debajo de él demasiadas veces como para negarse si era lo que Lara quería también.

Atrás de ellos estaban años de amistad que podían perderse, sus familias cuya unión podía quebrarse si las cosas no resultaban. Pero nada de eso tuvieron en cuenta en aquel momento.

No apartaron la mirada de los ojos del otro todo el tiempo que llevó que la camiseta de Lara cayera al suelo. Cuando Derek ya no tuvo las manos ocupadas, delineó las curvas de la chica y se atrevió a bajar la mirada para verla casi desnuda sobre sus piernas. Su sostén era blanco y aunque le hacía un buen escote, no era el que combinaba con la tanga rosa, pero Derek se mordió el labio inferior mientras la observaba detenidamente así que Lara supuso que aquel detalle no debía de importar. Ella se atrevió a mirarle también.

No era la primera vez que tenía a Derek delante vestido solo con boxers, pero nunca lo había mirado realmente. No de la forma apreciativa con que lo miró esa vez. Llevaba un par de días sin afeitarse, y tenía un ligero vello en el pecho que bajaba por sus abdominales y seguía hasta perderse dentro de la ahora abultada ropa interior. Se mordió el labio inferior mientras con una mano le recorría el pecho y el abdomen. Se detuvo cuando llegó al elástico y lo miró a los ojos. Derek la había estado observando todo el tiempo y cuando sus ojos hicieron contacto, con una mano en su nuca la acercó y volvió a besarla, devorándole los labios como si fuera la última vez que estaría cerca de ella, jugando con su lengua con locura, gimiendo sobre sus labios cuando ella daba inconscientes estocadas hacia adelante.

Volvió a delinear los contornos de la tanga rosa y hasta tiró un poco del fino hilo que se perdía entre sus glúteos, haciendo que ella gimiera sobre sus labios. Estaba empapada y no quería nada más que frotarse contra Derek pero su consciencia no se lo permitía. Él, por su parte, no podía creer lo que estaba pasando. Una parte de él creía que estaba soñando. Subió por su espalda y delineó la tela del sujetador tentativamente.

Y aquello encendió la alarma. Lara se apartó de sus labios sin aliento, y lo miró desde un par de centímetros por encima de su línea de visión.

Hasta acá, ¿esta bien? ―le dijo sobre sus labios, jadeando. No estaba preparada para que él la desnudara y se quedara con todo. No así, no borracho y con dudas sobre por qué realmente la estaba besando. Y ella necesitaba saber.

Esta bien ―le dijo él con aquella sexy voz ronca. Ni siquiera intentó convencerla de lo contrario, solo quitó sus manos del broche del sujetador, volvió a tomarle el rostro entre las manos y volvió a besarla sin rastros de estar decepcionado ni molesto y eso hizo que su pecho se hinchara de gratitud y amor. No iba a presionarla y eso le daba una tranquilidad que sabía que no podría encontrar con ningún otro chico.

Él, tanto como quería hacerle el amor, quería hacerla feliz, y si ella solo quería llegar hasta ahí, hasta ahí llegarían. Sin embargo, eso no impidió que girara con ella en la cama, recostándola sobre su espalda con él entre sus piernas. Se sostuvo con sus antebrazos y la miró a los ojos, desde arriba ahora, y tuvo en la punta de la lengua decirle que la amaba. ¿Pero y si creía que lo decía para poder meterse en sus bragas? ¿Y si pensaba que lo decía por estar borracho? ¿Y si pensaba que era por la maldición?

No le dijo nada, y en cambio volvió a echarle un vistazo a su cuerpo en ropa interior. Se le hacía la boca agua, pero si seguían rosándose aquello no terminaría nunca.

Sos hermosa ―le dijo entonces y le dio un corto beso sobre los labios. Lara le sonrió cuando se apartó―. Y tenés un culo y un par de tetas impresionantes también ―dijo sin poder contenerse y le dio otro vistazo a su cuerpo. Lara casi larga la carcajada.

¿No era por esos atributos que era hermosa entonces?

Estás tan borracho ―murmuró ella acariciándole las mejillas, a gusto allí con él pese a estar casi desnuda y bajo su escrutinio. Si él no estuviera tan bebido no hubiera dicho jamás culo y tetas delante de ella, Lara lo sabía.

Cuando estoy sobrio también pienso que sos hermosa ―le aseguró recostándose al lado de su amiga, aunque dejó una pierna entre las de ella y la hizo gemir y morderse el labio cuando se apretó contra su entrepierna. Su miembro le palpitaba también pero definitivamente no iba a hacer algo al respecto. Escondió su rostro en el cuello de Lara nuevamente y después de un rato en silencio finalmente se durmieron abrazados y habiendo sido más honestos el uno con el otro de lo que habían sido en mucho tiempo.

 

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