Novela Amigos

Capítulo 3 de Amigos

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Lara se despertó cerca de las once y media de la mañana, un tanto desorientada. Estaba recostada de lado, usando de almohada el brazo de Derek y el sostén se le había desacomodado escandalosamente. Se atrevió a levantar la mirada con el corazón en la boca, intentando moverse lo menos posible y para alivio suyo, se encontró con un Derek durmiendo profundamente. Lentamente se fue para atrás y al ver que él no se movía, levantó centímetro a centímetro la pierna que descansaba sobre las caderas de su amigo. Se acomodó el sostén por si Derek despertaba de pronto y salió de la cama lo más sigilosamente que pudo. Todavía seguía con la boca abierta por la sorpresa cuando se paro en medio de su habitación y lo quedó mirando. Ocupaba casi toda la cama boca arriba como estaba. Ella no sabía qué hacer, así que tomó unas calzas y una camiseta que usaba para correr y salió de la habitación.

No es como si ella no se acordara de lo que sucedió la noche anterior. Recordaba TODO perfectamente. Pero ya no estaba segura de que hubiera sido una buena idea lo que hicieron.

Siempre había creído que las personas que son amigos, lo son porque algo les gusta de la otra persona, algo que no tiene por qué ser de carácter sexual. Estaba claro que ella le gustaba a Derek pero… siempre había un pero.

No sabía qué hacer ahora y en parte se avergonzaba por lo que sentía. Él tenía que besarla o volverían a aparecer las heridas que se hizo al caer del barranco hacía diez años, y ella, en el fondo disfrutaba de que tuviera que hacerlo. No era correcto sentirse de aquella manera cuando él no tenía opción al respecto.

Se preparó un té y tomo una tizana para el dolor de cabeza mientras miraba por la ventana del living.

¿Qué voy a decirle cuando se despierte?

Él había estado borracho, ella no tanto. Al menos sabía que podría haberse negado cuando Derek comenzó a sacarle la ropa, pero no lo hizo. ¿Se enojaría con ella? ¿Recordaría algo de lo que pasó? ¿La maldición podría hacer que ella le gustara? Esa última pregunta la carcomía por dentro. ¿Sería diferente su relación si no los atara la maldición?

Después de acomodar la ropa que Derek había dejado en el baño, se puso a cocinar algo para el almuerzo. A la una y media tenían que estar en el Instituto y no había algo que Lara deseara menos en aquel momento que tener que despertar a Derek.

Pero no tuvo que hacerlo.

¿Qué estás cocinando? ―le preguntó perezosamente su amigo desde la puerta de la cocina. Se había puesto los jeans que estuvo usando el día anterior y que habían quedado en la habitación de Lara antes de ir a bailar y nada más. Estaba descalzo y los jeans ni siquiera se los había terminado de prender. Lara tragó grueso después de mirarlo de reojo y puso a calentar el té que tenía en el microondas esperando por él. Lucía muy sensual despeinado e igual que los modelos de ropa interior y eso no ayudaba a que la mente de Lara se despejara.

Verduras al wook y también un par de hamburguesas para vos ―le respondió ella intentando no recordar cómo se sentía su piel caliente debajo de sus manos. Él no parecía notar que ella estaba actuando extraño. Bostezó y se rascó la mejilla con más barba que el día anterior.

Es una masa tener que ir hoy al Instituto, se me parte la cabeza ―dijo roncamente. Lara paró el microondas antes de que sonara y le pasó la taza a Derek―. Gracias. ¿Vos estás bien? ―le preguntó y dio un sorbo. No tenía idea de qué tenía aquella taza, pero como era Lara quien se la daba, no dudó en tomar. Lo que fuera que le diera siempre le ayudaba con la resaca.

Sí, yo ya me tomé una taza entera ―le dijo ella revolviendo las verduras en el sartén, sin mirarlo a los ojos―. Y al instituto tenemos que ir, sino van a hablar con nuestros padres para saber por qué no fuimos.

Podemos llamar diciendo que estoy enfermo y que vas a quedarte cuidándome ―propuso él recostándose contra la pared mientras veía a su amiga cocinar. A él siempre le tocaba lavar los platos porque no tenía idea de cómo encender la cocina siquiera.

Le dijiste a tu padre que íbamos a salir ayer ―le dijo Lara poniendo los ojos en blanco―. Si les dicen que hoy no fuimos, van a saber por qué. Fueron nuestros padres los que nos enseñaron a preparar wiskey con pomelo y menta.

Sólo era una idea ―murmuró él y se acercó a su amiga―. Huele bien ―comentó sobre su hombro. Lara se sobresaltó por la cercanía y un par de arvejas saltaron del sartén mientras él dejaba la taza en la mesada.

Me asustaste, no te acerques así ―le reprochó sintiendo que sus mejillas comenzaban a sonrojarse. Él no se apartó, sino que se acercó más y apoyó su mandíbula en el hombro de su amiga―. Derek, tengo que terminar esto, o vamos a llegar tarde. ¡Derek! ―él había comenzado a darle pequeños besos en el cuello para ese momento―. Correte, dejame terminar.

Me duele la garganta ―le dijo él haciendo un puchero. Ella sabía que era lo primero que él sentía cuando la maldición empezaba a hacerse notar.

¿De verdad? ―le preguntó mirándolo seriamente, espantada ante la idea de que la maldición se estuviera agravando ya que ni siquiera habían pasado veinticuatro horas desde el último beso.

No, no es cierto ―le tranquilizó él tomándola de la cintura―. Pero quiero besarte.

Lara resopló y le dio un empujón, repartiendo las verduras en un par de platos. Se preocupaba por nada.

Ahora no, Derek. No seas niño ―le dijo ella molesta, dejando el sartén sobre la hornalla apagada, con los movimientos bastante coartados por tener a Derek sosteniéndola de la cintura detrás.

No soy un niño ―le dijo él maliciosamente en el oído, y terminó abrazándola por detrás recostándola contra él, dispuesto a recordarle la noche anterior si pensaba que todavía era un crío.

¡Derek! ―ella estaba sonrojada y molesta por no saber realmente qué hacer con él y con lo que sentía. Pero Derek parecía haberse levantado de un humor excelente y no la dejaba en paz. Le rodeo la cintura con uno de sus brazos y con la otra mano le giró la cara para que lo mirara a los ojos aún de espaldas a él.

Estaba asustada, sus ojos se lo decían. Cuando se despertó no tenía claro si hablar con ella sobre la noche anterior o no. Había pensado decidirlo cuando la viera y ahora le había quedado claro: no tenía que decir una palabra. Al menos por el momento. Él la conocía muy bien, era mejor seguir como si hubiera sido normal desnudarla y besarla, acariciarla y gemir sobre sus labios excitado porque ella no iba a querer hablar en ese momento.

Lo que no iba a fingir que no había pasado era el hecho de que ella le confesó que le gustaba besarlo. Le dio un suave beso sobre los labios que Lara no rechazó y se apretó contra su espalda.

¿Estás molesta conmigo? ―esa pregunta se estaba volviendo repetida. Ella no lo estaba, no realmente. Suspiró e intentó relajar el cuerpo, disfrutar el estar entre sus brazos. Si él no parecía preocuparse por las preguntas que aún no tenían respuestas, ¿quién era ella para insistir en el tema?

No Derek, no lo estoy ―le dijo ella resignada a responder siempre lo mismo aunque no fuera cierto.

¿Esta apagado el horno, verdad? ―le preguntó al oído. Ella se estremeció y no sabía cómo pedirle que no le susurrara de esa manera. No se atrevía a confesar lo mucho que le gustaba escucharlo y lo poco que podía pensar cuando le escuchaba susurrarle de esa forma.

No porque aún le falta cocción a las hamburguesas ―le respondió por lo bajo, sintiendo las manos del chico acariciando su cintura.

Bien ―dijo él y la giró sobre si misma lentamente. Lara lo miró a los ojos mordiéndose el labio, anticipándose a lo que iba a ocurrir. Derek la miro sonriendo tiernamente y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. Ella no podía estar molesta con él mucho tiempo, jamás había estado enojada más de dos o tres horas, y en aquella ocasión ni siquiera sabía si él era realmente el culpable de su malestar.

Cuando la campana del horno sonó anunciando que la comida ya estaba lista, ellos estaban apretados en un abrazo, con las lenguas enredadas y la respiración entrecortada, completamente excitados.

Derek….

Mmm…

Tengo que apagar el horno.

Lo sé ―le dijo pero volvió a besarla. Lo que Lara no se esperaba era que de pronto la abrazara contra él con una mano en su espalda y la otra en su cabello haciendo que su cabeza quedara recostada en su pecho. Lara cerró los ojos y se aferró a su cintura.

Él sabía que estaba dejándose llevar más de la cuenta, pero no podía evitarlo. Tras un último beso en la frente la dejo ir y se fue a poner la mesa, intentando poner distancia entre ellos así tal vez ella se relajara un poco.

***

¿Bromeas? No van a volver a dejarme salir. Creyeron que iba al cine y que después me quedaría en lo de Lara y cuando volví tambaleándome por ahí… ―iba diciendo Magela. Ella vivía con dos de sus hermanos mayores en la ciudad y se tomaban muy en serio lo de cuidarla.

A mi me dijeron algo, pero estaba demasiado bebido como para entenderles ―añadió Damián con la cabeza escondida en los brazos cruzados sobre a mesa.

¿Y ustedes? ―les preguntó Clara tanto a Derek como a su amiga.

Nuestros padres no se enteraron de nada y a menos que los encargados de la reunión llamen el lunes entrante diciendo que nos vieron con resaca, no se van a enterar.

Tienen suerte ―estaban en el comedor, en el intermedio de la reunión donde se suponía que debatían cómo recabar fondos para el viaje de fin de cursos. Mientras la mayoría celebraba porque era sábado, ellos seis dormitaban con los ojos rojos y los estómagos algo revueltos, sin ánimos de aportar ideas. Lo único bueno de aquello era que a las cinco ya podían marcharse.

¿Nada de cine en casa, entonces? ―preguntó Lara anticipando las respuestas.

Estamos castigados ―le respondieron a coro.

Sería una tarde a solas con Derek entonces…

***

Tengo que preguntarte algo.

¿ :/ ?

Derek estaba demasiado dormido como para escribirle a Lara algo coherente, solo le dibujó un emoticón. La verdad, es que él estaba con su mente en lo que ocurrió cuando volvieron a la casa de Lara, tratando de recordar cada detalle, intentando memorizar cada roce, cada caricia…

¿Crees que la maldición vaya empeorando con los años? ¿Qué necesites… más de mi?

Aquello fue como si le tiraran un balde de agua fría. Le respondió apretando los dientes, con la postura rígida y el ceño fruncido.

No sé de qué estás hablando, Lara.

Pero la verdad es que él sí sabía de qué le hablaba solo que no deseaba tocar el tema. Siempre había ignorado sus insinuaciones sobre la maldición, evitando decirle la verdad sobre sus besos apasionados y ahora parecía que ya no había manera de sacarle aquella idea de la cabeza a Lara. Su buen humor se agrió en aquel momento.

Él le había dicho por qué la besaba de esa manera que a ella parecía llamarle la atención, pero estaba claro que no le creía. Al menos estaba seguro con su secreto, ella ni siquiera lo sospechaba, aunque eso lo ponía realmente triste… triste porque ya no podía verla como a una hermana, triste porque estaba celoso de cualquiera que quisiera acercarse a ella, triste por engañarla haciéndole creer que cada vez que la besaba era solo por necesidad o por gusto y no porque la amaba… triste, solo eso.

El resto de la reunión les fue ajena a ambos y volvieron del Instituto en silencio, sin hablar, cada un pensando en sus cosas.

¿Qué vas a hacer en la tarde? ―le preguntó Lara parando en la puerta de su casa.

La verdad es que solo quiero dormir ―le dijo él encogiéndose de hombros, con el humor un tanto apagado. Lara había visto su cara de fastidio al leer su pregunta y ahora realmente lamentaba haberla hecho, pese a que era en lo único que podía pensar por momentos.

Yo también ―le dijo Lara y se armó de valor―. ¿Venís conmigo, entonces?

Derek la miró sorprendido, no pensaba pasar a su casa. Después de la charla escrita que habían tenido, había comenzado a pensar que Lara le dejaba acercarse solo porque creía que la maldición le llevaba a actuar de esa forma y que le había dicho que también le gustaba besarlo sólo por compromiso. Pensar que le dejaba tocarla y besarla de la forma en que lo había hecho las últimas veinticuatro horas solo por lástima le revolvía las tripas y le hacía tener asco de sí mismo.

¿Voy a tener que dormir en tu sillón? ―le preguntó a su vez, con un nudo en el estómago.

Si ella me tiene lástima…

Ayer… entramos bien en mi cama ―le respondió ella con las mejillas sonrojadas mirándolo a los ojos no muy segura de sí misma. Se mordió el labio inferior mientras pensaba qué más decir para que no se fuera molesto como parecía estarlo después de que ella le recordara la maldición que los unía―. O podemos… dormir en la cama de mis padres también, tienen televisor…

Derek la miró seriamente por un minuto entero, y justo cuando ella pensó que lo mejor hubiera sido dejarlo ir sin decir nada, él asintió con la cabeza y abrió el portón para que ella pasara.

Durmieron un buen rato y sin tocarse en la cama de dos plazas que claramente les quedaba grande. Derek lo hizo tranquilo, al menos hasta que despertó y la encontró hecha un ovillo en la otra punta de la cama. Había requerido de todo su coraje invitarlo a dormir con ella sabiendo lo que podía ocurrir si comenzaban a besarse, no había tenido la confianza para también acercarse a él cuando se recostaron y a medida que los minutos transcurrían sin que Derek se acercara, su confianza en si misma había decaído por lo que se había ido alejando de él todo lo que el colchón le permitió.

Derek observó a su amiga con el corazón en un puño y una de sus manos de pronto cobró vida propia y le quitó un mechón de cabello que Lara tenía sobre los ojos.

Ya no puedo seguir así, se dijo a si mismo.

Va a odiarte si se lo decís… retrucó esa voz interior que siempre insistía en seguir sus deseos.

¡Pero no puedo aprovecharme de ella!

¿Qué tiene de malo? A ella parece gustarle bastante, y de todas formas tenes la obligación de besarla, ¿qué importa si disfrutas de esa necesidad?

¡Me importa a mi! ¡Yo sé porque la estoy besando en realidad!

Pero ella no. No puede odiar algo que no conoce.

Se esta dando cuenta, pregunta…

Y decile lo que ella quiere escuchar. Si que te gusta besarla no sirvió, decile que cada vez es peor la necesidad que sentís…

¡Pero es mentira!

¡Pero vas a estar más cerca de ella!

¡No puedo decirle eso! Es capaz de… empezó pero se cortó en su propio pensamiento. La otra voz en su cabeza no iba a ser tan complaciente de dejarlo, sin embargo.

¿De qué? ¿De hasta acostarse contigo? Sí ¿y acaso no te gustaría?

No si lo hace por obligación.

Idiota, ella te quiere.

Como si fuera su hermano.

Pero no los sos. Ya es hora de que se de cuenta.

Gimió por lo bajo y se frotó el rostro con las manos, claramente frustrado. Después de unos minutos se dio cuenta de que no podía seguir en aquella cama con ella, pero sin tocarla y se fue a su casa a por comida. Antes de dormise había decidido mantener un poco las distancias y no le estaba resultando sencillo una vez que había despertado.

Cuando Lara despertó, lo primero que notó fue que había anochecido, lo segundo fue que estaba sola en la cama y lo tercero fueron unos ruidos metálicos en la cocina.

¿Qué estás haciendo? ―le preguntó a Derek y dio un bostezo ni bien llegó hasta aquella parte de la casa.

Intento descubrir cómo encender el horno ―le dijo él en cuclillas frente a la cocina. Lara observó que ya había encontrado una asadera en la cual meter una pizza que parecía estar congelada y que ya le había añadido muzzarella.

La muzzarella se pone una vez que este descongelada, sino se pasa ―comentó y volvió a bostezar.

Él la miró alzando una ceja y no pudo obviar que ella estuviera usando una camisa que apenas le cubría el trasero y que solo utilizaba para dormir.

¿Me vas a explicar cómo encender este trasto? ―le preguntó impaciente. Ella lo miró pensativa mientras se acomodaba un poco el cabello que ahora llevaba en ondas, al natural. Cuando él se incorporó y puso los brazos en jarra, mirándola molesto al ver que no le respondía, ella largó la carcajada y le pidió que se apartara para mostrarle cómo hacer aquello.

Con la ayuda de ella, la idea de cenar pizza y mirar una película pudo concretarse.

Lara estaba cansada a pesar de haber dormido diez horas seguidas. Era la una de la mañana y la película seguía su curso aunque ella hacía un rato que miraba el rostro de su amigo a hurtadillas. Derek parecía que ya no estaba enfadado. Tenía un brazo en el respaldo del sillón, sobre los hombros de ella y estaba tranquilo mirando la película. Entonces él notó que lo miraba y giró la cabeza. Le hizo una seña para saber que necesitaba ella, pero la chica negó con la cabeza, volviendo a mirar la película.

Sin embrago, él ya no podía evitar mirarla mientras Lara estaba durmiéndose en el sillón. Derek dirigió su vista hacia las piernas de la chica, desnudas para él. La camisa abierta en el pecho, que no dejaba mucho a la imaginación, su cuello, sus labios… sintió que en la garganta algo le quemaba, como aquella vez…

Diez años atrás:

¿Mis… besos? ―las lágrimas amenazaban con salir otra vez. A ella no le gustaba esa mujer, le aterraba y Derek que ya no parecía poder moverse.

Dejó de respirar ―le advirtió la extraña mujer―. ¿Hacemos el trato o no?

S… sí.

La extraña mujer sonrío maliciosamente y los rodeó con la luz que parecía emanar de ella. Las heridas dejaron de sangrar, los huesos se recompusieron, la sangre desapareció y Derek milagrosamente estaba de pie, rodeado de aquella luz segadora. Los niños se miraron a los ojos y Lara se levantó del suelo. Entonces la mujer se les acerco a ambos y como si con sus brazos fuera, los acercó sin siquiera tocarlos, hasta que los labios de ambos se juntaron.

Lara vio cómo su mirada asombrada se reflejaba en los ojos sorprendidos de Derek ante aquello. Entonces Derek frunció el ceño, tomó el rostro de Lara con sus manos y ella sintió cómo le hacía abrir la boca por la fuerza, para así adentrar su lengua, mientras una risita sonaba en el fondo del barranco.

Este es el precio linda…

Ella estaba asustada. Nunca antes le había temido a Derek, pero esa vez… solo esa vez…

Aquel era su primer beso, el primer beso de ambos… y no lo estaban disfrutando. Derek la sujetaba con más fuerza, haciendo que caminara unos pasos hacia atrás. Él no podía detenerse, algo le quemaba en la garganta y con eso se sentía mejor. No entendía que había pasado, ni por que seguía con vida y mucho menos quien era aquella mujer: solo le importaba Lara, sus labios, su lengua jugando instintivamente con la suya…

No sabía porque lo hacía, solo lo hacía, solo quería más…

Cuando los labios de ambos se habían juntado, una descarga le recorrió el cuerpo y la garganta empezó a arder dentro de su cuerpo pero besándola el dolor disminuía. Necesitaba más. Entonces abrió los ojos y vio los de ella mirándolo asustada y volvió a la realidad.

¿Qué diablos estaba haciendo?

Se separó de Lara y miró a su alrededor. La mujer se le encogió de hombros sonriendo insolentemente. Entonces la luz la envolvió y toda esa energía se metió en el bolso de Lara, donde estaba la carta.

El ruido de la naturaleza volvió de pronto y se dieron cuenta de que habían dejado de escuchar los alrededores antes. Derek tomó el bolso de Lara mientras ella seguía allí inmóvil, con la vista fija en el frente y sacó lo que había adentro: una carta, con la imagen de la mujer que acababan de ver en persona, sonriendo. Solo había una diferencia con como estaba antes: ahora brillaba, y parecía nueva, y no una simple reliquia.

Actualidad:

Bajó el brazo del respaldo y rodeo los hombros de ella, atrayéndola hacia él.

¿Por qué no te vas a dormir? ―le preguntó entonces Derek, bajando la mirada de su cabello en su hombro.

Mala idea se dijo. Podía ver mejor sus pechos, sus piernas también y seguía sintiendo el calor de ella contra él. La garganta le pedía que le besara, pero había algo más. Su cuerpo se sentía demasiado bien cuando estaba cerca de ella y algo en su entrepierna comenzaba a molestarle, aunque no iba a admitirlo. Y ella seguía ahí… con los ojos cerrados, recostada contra él, completamente inocente a sus deseos.

Estoy bien ―le respondió en un murmullo.

Mejor te llevo a tu cama ―concluyó él y la levantó en andas. Ella se dejó llevar sin poner objeciones.

¿Vos que vas a hacer? Hay espacio para los dos, quédate. En tu casa igual no hay nadie ―le pidió cuando la recostó en su cama, sin dejar de mirarle.

Si ella supiera lo que le hacía sentir…

Está bien, me quedo. Pero voy a darme un baño antes. ¿Tenes frió? ―le susurró en la oscuridad del cuarto, sin poder desaprovechar la oportunidad de dormir con ella un vez más.

Un poco ―la tapó y fue a darse un baño de agua fría en el baño de Lara, mientras ella hacia el esfuerzo por no dormirse y esperarlo despierta.

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