Novela Amigos

Capítulo 4 de Amigos

Chica_llorando_en_Ducha

¡¡IDIOTA!! ¿POR QUÉ SEGUIS ACÁ?

Se apoyó contra la pared del baño, con el agua corriéndole por el pelo y el cuerpo. Su mente le gritaba que se fuera y su cuerpo que se quedara con ella, tan cerca como resistiera.

Resistir… ―murmuró volviendo a meterse bajo el agua― No tengo que resistir, lo que quiero hacer esta mal, no tengo que hacerlo.

Cerró las canillas y tomó la toalla para secarse tras correr la mampara de la ducha violentamente.

Derek ―ella lo llamaba en sueños. Estaba teniendo uno malo, uno en el que él se quería apartar, uno de esos en que corres a la persona y nunca la alcanzas. Se sentó en la cama cuando sintió un ruido.

Tranquila, soy yo. ¿Qué pasó? ―era Derek. Solo veía su reflejo por el resquicio de luz que entraba por la venta. No había encendido la lámpara y estaba ahora sentado en la cama, vistiendo un short que había traído a su casa una tarde hacía meses. Ella se volvió a derrumbar hacia atrás sintiendo el perfume a recién bañado en la piel de él.

Nada, un mal sueño. ¿Te hago espacio? ―le preguntó. El sueño agitado la había despertado un poco.

Lara, no se si…

¿Mmm?

Nada ―se cayó ante la expresión interrogante de la chica y se acostó junto a ella, demasiado cobarde como para decirle porqué era mejor que él se fuera a su casa. De inmediato recordó que las cosas podían ir peor.

No era como cuando tenían diez años y cabían perfectamente en la cama de una plaza. Sus cuerpos ahora eran más grandes y no podían evitar rosarse. Para Lara no representaba gran problema (visible al menos), pero para Derek… No, Lara pensó cuando sintió el brazo de ella aferrarse a su cintura.

¿Cuando había empezado todo? se preguntaba una y otra vez. ¿Hacía unos meses? ¿Un año tal vez? ¿Más? Sí, más. Desde aquel sueño que tuvo en donde estaba ella tocándolo…

No pienses en eso, se reprochó, vas a tener que darte otro baño…

Lara…

Sí, esta bien ―susurró.

¿Sí? ¿En serio? ¿En serio le daba permiso?

Idiota, se dijo de inmediato, ella cree que necesitas besarla…

Besarla, amarla, todo necesito…

Se giró y la recostó boca arriba. Podía ver sus ojos dulces mirándolo despreocupada, con la luna alumbrándolos.

¿Por qué tenía que seguir ella con aquella escasa prenda?

La abrazó por la espalda, aún sin besarla y se recostó contra ella.

Como en las películas… pensó Lara.

A días de la maldición:

¡Ya, Derek! ¡Ya basta! ―le pidió Lara, empujándolo para que se apartara.

¡Perdón! ¡Perdón! ¡Lo siento! ―se disculpaba mil veces, con la respiración entrecortada y los ojos empañados al borde las lágrimas. Estaban jugando en la terraza de la casa de Derek. O al menos eso decían. La verdad era que habían pasado siete días desde que habían vuelto del camping y él seguía sintiendo un ardor en la garganta que le impedía pensar en algo más que en los labios de Lara. Con los años, ese ardor se volvió parte de él, pero en aquel entonces era una sensación difícil de ignorar― Perdón, voy a controlarme, perdón ―volvió a repetir abrazándose a si mismo mientras caminaba hacia atrás.

Lara tiró de sus brazos, lo tomó de las manos y volvió a acercarse a él.

No es eso, no tenes que disculparte.

Pero…

No tenes que disculparte ―le repitió intentando tranquilizarlo. No había querido empujarlo, pero él no la estaba escuchando.

Pero yo…

Es solo que hay veces… que me lastimas ―reconoció ella. Ya no se asustaba, ya había aceptado que era eso de ninfomano de lo que había hablado la mujer y sabía que Derek necesitaba besarla para que el deseo no lo enloqueciera ni el dolor volviera. Él ya había probado ignorar las ganas de besarla, e incluso se hizo daño a si mismo para concentrarse en otro dolor que no fuera el de la garganta, pero luego fue peor: cuando se rindió y sujetó a Lara no puedo contenerse.

¿Te… lastimo? ―preguntó él asustado y avergonzado.

Un poco ―le dijo ella, intentando minimizar lo que ocurría―. Pero solo porque los besos no son como los de las películas.

¿Películas?

Sí, las películas, lo hemos visto mil veces. Tal vez… si lo hicieras igual…

Derek asintió con la cabeza, con los labios entreabiertos, asimilando lo que ella le había dicho. No quería lastimarla.

Algo me acuerdo ―le dijo él y se acercó a ella. Esta vez no la tomó del rostro para sujetarla contra él, si no que la tomó de las manos. Acercaron sus rostros a la vez y posó sus labios sobre los de ella para luego separarse de inmediato.

Lara… ―le dijo negando con la cabeza. Aquello no alcanzaba pero por nada del mundo quería lastimarla. No sabía qué hacer.

Tranquilo… ―respondió Lara respirando, intentando calmarlo ya que parecía realmente frustrado y a punto de llorar por algo que no podía controlar― Hace lo que deseas, lo que has estado haciendo… pero más despacio ―él asintió y volvió a besarla, tratando de contenerse.

En la actualidad:

Como en las películas ―murmuró Lara cuando él comenzó con un casto beso sobre sus labios y él se sonrío a su pesar. Recordaba aquella idea de ella de cuando eran niños… idea con la que ambos estaba de acuerdos desde hacía tantos años. Solo que ahora ya no eran niños y los besos siempre parecían ser el preámbulo de algo más.

Sí, me acuerdo ―susurró y la abrazó más fuerte, apoyándose en sus antebrazos para no aplastarla, pero sujetándola contra él.

Ya, rendite… le dijo aquella voz en su cabeza que últimamente no lo abandonaba. Rozó sus labios con los de Lara otra vez y se quedo allí. Sentía el cuerpo caliente de ella debajo del suyo.

Ella esta acá para vos, solo falta que la tomes…

Lara ―le llamó para que abriera los ojos y lo mirara. Él tenía que insistir, tenía que asegurarse de que entendiera―, sabes que esto no es por la maldición, ¿verdad? ―la chica lo miró, sorprendida de que tocara el tema en aquel momento cuando era algo de lo que él nunca quería hablar― Te lo dije el otro día: me gusta besarte.

Que se lo dijera de aquella forma susurrada, mirándola a los ojos y totalmente consciente de lo que decía le quitó el aliento a la chica. Pero no respondió hasta que Derek desvió la mirada decepcionado y comenzó a alejarse de ella.

A mi… también me gusta besarte, Derek. Ya te lo dije el otro día.

Pero hoy insististe con lo de la maldición…

Es que… necesitas besarme por la maldición. ¿Se puede separar… la maldición de lo demás? ―le preguntó ella con un nudo en la garganta. ¿Y si le decía que no?

Sí, Lara. Sí se puede ―le respondió Derek finalizando la conversación con un profundo beso.

Si ella supiera cuánto la amaba, cuánto la deseaba, cómo su cuerpo entero le pedía estar con ella, cómo su abdomen se llenaba de jubilo cuando la besaba…

No ahora, no si ella no siente lo mismo que yo…

¿En que esta pesando? se preguntó ella. Por Dios, Derek… añadió para sus adentros cuando él la abrazo más fuerte, recostando cada parte del cuerpo de él sobre ella. Podía sentir como respiraba entrecortadamente, como…

Una de sus piernas estaba entre las de él y en un movimiento de parte del chico sintió como la pierna de ella rozaba con algo rígido que había entre las de Derek. Abrió los ojos sorprendida. Él gruño sobre sus labios y se apartó un poco pero no se atrevió a mirarla a los ojos. Se quedó suspendido con su frente contra la de ella, recuperando el aliento.

¿Lo había sentido? Él se había descuidado, no pretendía rozarla. Sin embargo, ella no lo detuvo, no dijo nada. Sabía que no debía hacerlo conscientemente de nuevo. Sin embargo, una parte de su inconsciencia ―aquella que usualmente estaba conectada con su cuerpo― gemía de placer dentro de él.

Borracho había estado excitado, pero no había tenido una erección propiamente dicha. Ahora, sobrio como estaba…

Tenes que detenerlo, se repetía mentalmente Lara, ¡Tenes que hacer que pare!

No puedo.

¡No queres!

No importa, él quizás lo necesita y no me lo quiere decir…

Esto se esta saliendo de control, ¡esta excitado Lara!

Y así funciona, ¿no? Él encuentra una profunda satisfacción en esto, por eso es que lo necesita, como si fuera una droga…

¿Y que pasa contigo si a él solo le excita tu cuerpo y la maldición que lo predispone a ello? Vos dejas que te bese porque lo amas.

¿Y que hay de malo en eso si para él soy como una hermana, su mejor amiga y nada más? ¿Por qué no puedo disfrutar un poco también, imaginando al menos que esta conmigo porque lo desea y no porque lo necesita? Si solo puedo tenerlo para mi así…

¿Qué pasa si él quiere seguir? ¿Vas a dejarlo? ¿Vas a dejar que se sienta satisfecho como hombre usándote a vos, solo porque sos su mejor amiga?

No necesitaba responderse. Ella lo sabía muy bien. Hacía años que lo sabia: si él se lo pedía porque lo necesitaba ella no iba a negarse por más que luego sufriera por no ser realmente correspondida.

Dijo que le gustaba besarme…

¿Desde cuándo? ¿Cómo sabe la diferencia entre la maldición y lo que siente? ¿Siente algo más que deseo?

Derek la besaba como si su vida dependiera de eso ―cosa que en parte dependía―, con sus brazos tras su espalda y su cuerpo pegado al de ella a excepción de su entrepierna que mantenía alejada luego de aquel contacto. Tenía la respiración entrecortada y un dolor punzante en sus partes bajas que no iba a satisfacer, eso estaba claro para él pero su cuerpo no podía dejar de embriagarse por el calor y la fragancia de Lara. Mordió suavemente su labio inferior, atrapándolo entre sus dientes y sintió que ella gemía de una forma sutil, por lo bajo.

¿Podía estarle gustando? ¿En verdad no era un tortura para ella? ¿No dejaba que él la sostuviera de aquella forma solo por creer que lo necesitaba por la maldición? Él creía haberla escuchado gemir la noche anterior, pero no podía asegurarlo. Estaba tan confundido… ¿por qué tenía que presionarla para que lo buscara? Le invitó a quedarse a dormir porque sabía que él se había enfadado, le dijo que le gustaba besarlo después de que él comenzara a alejarse…

¿Yo le gusto? Le dolía no estar seguro, pero apartarse le dolía aún más.

En cuanto a los besos, era cierto que habían visto ―y él en particular― miles de películas donde hubieran personas besándose: se había propuesto como meta que ella no sufriera con él, el no lastimarla. Aprender para poder hacer las cosas más llevaderas, pero aquello… Si dejaba de besarla ahora y la miraba, tendría que preguntarle ¿por qué…?

¿Por qué gemías mientras yo te devoraba la boca? ¡¿Cómo vas a preguntarle eso?!

Pero quiero saber si le gusta.

Es obvio que le gusta.

Pero ¿por qué? ¿Por qué le gusta? ¿De verdad le gusta besarme?

Él había escuchado pero daba igual, ella no iba a hablar del asunto y ya había gemido por sus caricias ese día antes. Además, ¿qué le diría? ¿qué no le gustaba lo que estaba sucediendo?

Sus manos se enterraban en la espalda de Derek apretándolo contra ella, a la vez que él lo hacía y sus labios no se quedaban quietos. Entonces Lara empezó a temer el fin de aquello. No quería que llegara el final e internamente pensaba que había sido todo más fácil la otra noche cuando ambos habían bebido.

Tal vez no pare, volvió susurrarle su consciencia, tal vez quiera satisfacerse diferente esta vez. ¿Qué estás esperando para detenerlo? Su mente le pedía a gritos que lo detuviera, pero su cuerpo era incapaz de frenarlo.

Él se detuvo ayer cuando se lo pedí…

¿Es que vas a tener el coraje de pararlo esta vez también?

Ella no lo sabía, pero entonces…

Si vas a detenerte, aprovecha esto un poco más… para cuando estés solo.

Derek se había jurado que no iba a aprovecharse de la situación, pero había dejado correr demasiado aquello, ya no podía volver tan atrás. Se incorporó un poco, solo para colocarse entre las piernas de Lara. Se recostó allí, apoyándose contra ella, sintiendo punzadas por el deseo no saciado y cómo el cuerpo de Lara se podía amoldar perfectamente con el de él, cómo podía disfrutar rozando su cuerpo contra ella… Pero el rozarla haría que perdiera el juicio y de esta forma todavía podía justificarse luego. Si ella preguntaba, podía decir que era para tener una mejor posición y así poder seguir besándola, aunque esa escusa fuera una completa mentira que ni él ni Lara realmente creerían. También podía decirle que la noche anterior también habían estado así y que por eso pensó que era buena idea. O podría negarse a responder, ya daba igual.

Lara sentía la excitación del chico contra ella. Como la sujetaba y se acomodaba entre sus piernas sin dejar de besarla. ¿Qué iba a hacer? ¿Acaso no iba a preguntarle antes? ¿Pensaba desnudarla, sin saber que pensaba ella? No tenían más que su ropa interior y su short separandolos. Parecía demasiado poco en aquel momento en que podía sentir toda la longitud del chico contra ella.

Da igual, no vas a pararlo… la frase retumbaba en su cabeza, y entonces Derek dejó sus labios y se recostó un poco más sobre ella, susurrándole en el oído.

Perdón Lara, ya me detengo y te dejo dormir… lo prometo.

Perdón… era lo que él siempre pedía en el callejón luego de saciarse con sus besos. Lara se tragó el nudo que se le formó en la garganta y él le dio un beso en la mejilla, para volver a su sitio en el cuello de la chica.

Esta bien ―se obligó a decirle ella como siempre, abrazándolo más suave, intentando que se calmara sin poder respirar bien por el peso del cuerpo de Derek, pero no iba a pedirle que se corriera. Quería que él se quedara de esa forma, lo más cerca posible, no importaba que se quedara sin aire. Así de masoquista se había vuelto ella.

Voy a… voy a dejarte dormir ya ―le dijo Derek, pero no se movió. Lara estaba al borde las lágrimas.

¿Cómo hago para que no se de cuenta? ¿Cómo hago para que no vea lo excitado que me tiene?

Da igual, por más que no te vea lo sintió. Te frotaste contra ella mientras le comías la boca. No es tan inocente como para no saber lo que pasó y tu amigo se nota sobre los pantalones…

Entonces él se levantó un poco, apoyándose en los antebrazos, conteniendo el gemido que el nuevo movimiento contra ella había provocado, mirándola. ¿Qué podía decirle si preguntaba? Para empeorar la situación, su erección no iba a ceder. No mientras todavía estuviera decidiendo si volver a besarla o no.

Voy a… voy a darme un baño, así… puedo dormir mejor―le dijo ella, resignándose a la inevitable separación de sus cuerpos en tanto evitaba mirarlo a los ojos. Aunque solo alumbraba la habitación los pocos rayos de luna que se filtraban por la ventana, si la miraba a los ojos él iba a saber que algo andaba mal.

Claro ―le respondió Derek y se corrió por completo, tomando las sábanas rápidamente. Pero no importó que se tapara, ella ya lo sabía y además, no miró hacia atrás cuando se marchó al baño.

***

Lara se sentó en el piso de la ducha, con el pelo castaño húmedo y la canilla abierta para que no pudiera ser escuchada. Las lágrimas resbalaban por su rostro y se perdían con el agua.

¿Por qué tenía que haberse enamorado de él? Era tan simple cuando solo tenían seis años y lo quería como a un hermano.

Lo mejor sería apartarse de Derek, poner distancia, pero el solo pensarlo le dolía en el alma: no podía. Él la necesitaba y ella… ella lo aceptaba así. Quería cuidarlo pese a todo. Había visto como Derek se cortaba en los brazos o el torso para que el dolor fuera más grande que la quemazón que sentía en la garganta y no quería verlo lastimado de nuevo. Quería que él fuera feliz, que no se torturara, que no le pidiera perdón, que no quisiera estar muerto.

Además, ahora que estaba lejos de él, extrañaba su calor, sus labios, quería… quería saber cómo sería estar con él como una mujer no como su amiga, dejarlo desnudarla… Cuando estaba con él aparecían los temores que le impedían seguir, pero cuando estaba lejos no podía dejar de anhelarlo.

Al final del día, ella sabía qué terminaría decidiendo.

Se paró sin ninguna lágrima cuando se dio cuenta de no había nada que decir en realidad y cerró la ducha, corriendo la mampara lentamente.

Ella lo amaba. Le dolía no saber qué sentía él, pero ella lo amaba.

Él mientras tanto quería morirse. Se sentía tan despreciable… en su cama, con su rostro en la mente, con el perfume de ella en el aire embriagándolo… ¿cómo iba a verla a la cara?

De la misma forma en que la viste el día que despertaste habiendo soñado con ella y vos haciendo el amor, le dijo aquella parte de su conciencia que se le daba por atormentarlo. Abrió la ventana, intentando que el olor almizclado no lo delatara.

Pero esta vez es diferente, me excité con ella, haciendo que me soportara, mientras sabía que no iba a pararme…

Gimió en tus labios, con tus besos…

Tal vez no, tal vez se estaba quejando se retrucó a si mismo, sin estar ya seguro de nada.

Preguntale. ¿Sos hombre para algunas cosas y para otras no? No tenes cara.

No, tal vez no soy hombre todavía.

Cerró sus ojos y suspiró. Ya no estaba excitado, pero lejos estaba de sentirse satisfecho.

En su cama… no tengo perdón.

No, no lo tenés. Autosatisfaciéndote después de tener una mujer en tus brazos como la tenías, es increíble.

Pensando en ella ―susurró y sintió como Lara abría la puerta del baño. Suspiró y se preparó para volver a tenerla junto a él, pero ya sin poder tocarla.

Su amiga entró en la habitación y lo vio tendido en su cama, completamente relajado, sin rastros del hombre que había sido quince minutos antes. Se recostó a su lado, sin decirle nada. Solo besó su mejilla y se quedó dormida junto a él.

Estaba decidida. Ella en verdad lo amaba y sería feliz si él lo estaba… fuera como fuera.

***

Por la mañana, Lara despertó sintiendo la respiración de su amigo en su cuello y abrió los ojos. Estaba boca arriba, con Derek de lado, abrazando su cuerpo, respirando en su cuello. Estiró una mano hacia él, sin mover ninguna otra extremidad y le acaricio el cabello rubio, sedoso.

Mmm… ―ronroneó Derek en su oído, aún sin despertarse y la abrazó más fuerte. Ella sonrió satisfecha. Sabía que a él le encantaba que le acariciaran el cabello, de hecho, sabía las mil y una maña que él tenía excepto las de ahora. Cuando se besaban ella lo desconocía.

Hace un poco más de nueve años atrás:

¿Puedo pedirte algo?

Llevaban ya casi un año con el secreto y Derek se había decidido, tras indagar un poco como besaban las personas reales y no solo las de las películas, en decirle a su amiga lo que pasaba.

¿Qué cosa? ―le preguntó Lara. Era extraño que él le pidiera un beso, solo lo tomaba cuando sabía que estaban solos, así que debía de ser otra cosa esta vez.

Que me beses también.

¿Qué? ―preguntó sin entender. Él se encogió de hombros.

Que me beses también. Las chicas también lo hacen… y la verdad es que yo me siento solo cuando te beso.

¿Solo? ¡Pero si yo estoy ahí contigo! ―Lara no entendía nada, ¿como iba a besarlo ella? No tenía ni idea de como hacerlo, él tenía instinto para eso, pero ella no.

Solo, solo… me siento solo.

La chica lo miró. Reconocía esa cara preocupada. Con los años había entendido que esa cara solo aparecía cuando llevaba un gran tiempo con las ganas de decir algo, cargando con la pena que él creía, era merecedor. Si le había dicho a ella que se sentía solo, era por que hacía un gran tiempo que se sentía así y ya no podía aguantarlo más.

De acuerdo ―dijo tomando en serio sus palabras―. No quiero que estés solo. ¿Qué tengo que hacer?

Actualidad:

Así había aprendido a besarlo: él le había enseñado cómo más le gustaba.

¿Cómo iba alguien a poder competir contra eso?

Hola Lara ―murmuro en su oído, medio dormido.

Hola.

Mmm ―volvió a murmurar. Ella seguía acariciando su cabello―. Me gusta que hagas eso.

Lo sé ―hasta la noche del viernes no se había atrevido a hacerlo cuando se besaban, siempre había tratado esos momentos como algo que había que hacer, como ir al dentista, y no como algo que ella quisiera hacer, nunca se había permitido sentir realmente antes de aquella noche. Pero era cierto que muchas veces, cuando estaban estudiando en alguna de sus casas, o en la biblioteca del Instituto, se entretenía jugando con su cabello sin que él se quejara.

¿Sigue siendo domingo?

Sí. Es medio día ya.

Mmm…

Ella se sonrió. Él estaba aún dormido, feliz. No recordaba nada de lo de anoche, ni de su vida, solo despertaba luego de dormir tranquilamente. Ella estaba mejor, sin necesidad de decidir, tranquila. Entonces Derek abrió los ojos y la miró.

El golpe de lo que quería y lo que sucedió le dio con fuerza.

¿Qué sucede? ―Derek tan solo negó con la cabeza, tratando de suavizar su primera reacción. De pronto la piel de Lara contra la suya le quemaba hasta el alma.

Vamos a levantarnos, ¿te parece? ―le propuso, intentando huir.

Sí, claro…

Descubrieron que había un nuevo mensaje en la prehistórica contestadora de la casa ni bien se pusieron en marcha.

Lara y Derek, esto va para los dos: limpien lo que hayan ensuciado, no vamos a llegar a limpiar sus cosas. Si se van, cierren todo con llave y llamen a la abuela Mauris, que nos hablo y dijo que quería hablar con ustedes. Los queremos y les enviamos besos… ¡Ah! volvemos hoy en la noche.

¿Hoy en la noche? ―repitió Derek desperezándose.

Sí. Ya volvemos a tenerlos con nosotros.

Mmm…

Se quedaron mirando a los ojos aún con las ropas con las que habían dormido y entonces Lara no lo soporto y desvió la mirada hacia las tostadas que estaba haciendo.

¿Llamamos a la abuela Mauris y vamos hasta su casa? Hace tiempo que no la vemos ―le preguntó a Derek efusivamente.

Sí, vamos ―le respondió él sin apartar la mirada de ella. Cuando le dio su desayuno-almuerzo, no pudo más que resignarse a tratar de concentrarse en otra cosa.

En la tarde ya estaban en lo de la abuela de Lara.

¡Mis niños! ¡Cuanto hace que no les veía!

Les dio un fuerte abrazo a ambos, y los hizo pasar a la casa, ofreciéndoles galletas recién echas y leche. La abuela Mauris vivía en las afueras de la ciudad, en una casa que parecía una cabaña, rodeada de naturaleza. Era de la misma altura que Lara, por lo que Derek entró frotándose el cuello magullado al ser arrastrado en el abrazo.

¡Toby! ¡No me saltes! ―le dijo el chico al único animal que tenía su abuela: un perro enorme, de raza desconocida, que solía lamerles las caras cuando eran más bajos.

Cada vez esta más grande ―comentó Lara― ¡Ya basta!

Bueno, lo sigo alimentando bien. ¡Pero siéntense! ¡Siéntense! Estuve hablando con sus padres, me dijeron que estaban acampando y los habían dejado a ustedes solos.

Sí, nos dejaron solos unos días.

Bueno, mejor. Al menos tienen sus casas vacías y no tienen que esconderse ―ambos esbozaron una triste sonrisa.

La única persona que sabía su secreto era la abuela Mauris. La causa era que ella había sido la dueña de la carta que Lara llevaba aquel día.

Diez años atrás:

¿Vamos ahora?

Sí, vamos.

Tomados de la mano, luego de dos semanas desde que Derek se había caído del acantilado, se encontraban en casa de la abuela Mauris. No le habían dicho a sus padres por qué habían vuelto llenos de tierra de su expedición secreta y por eso se ganaron una buena reprimenda, pero lo bueno es que nunca más volvieron a preguntar, por creerlo una cosa de niños.

Ahora estaban donde Mauris, con la carta en el bolsillo del pantalón de Derek, dispuestos a saber qué había pasado.

La reunión familiar casi estaba concluyendo y mientras sus padres terminaban con el postre, la abuela había ido a darle de comer a Toby, que era un cachorro recién nacido en aquella época. Se acercaron a ella decididos.

¡Hola niños! ¿Qué sucede? ―como respuesta recibió la carta que le había dado a Lara, pero con aquel aspecto de recién impreso. Su expresión se tornó seria de inmediato― ¿Quién tiene…? ¿Quién siente el fuego en el cuerpo?

Lara miró a Derek mientras él seguía mirando fijamente a la abuela Mauris. No habían decidido cómo comenzar a preguntarle a la abuela por lo que había pasado, pero no tuvieron que hacerlo.

Ya veo… siempre a los hombres ―dijo la mujer y pidió que la siguieran. Los condujo hacia el ático, donde sacó de un baúl un libro viejo de donde les leyó una fábula―. La mujer de los caminos. Creí que no volvería a pasar, que solo sería un lindo recuerdo que darte Lara. Lo que esa mujer hace para salvar a una persona… es decir, el precio es caro. ¿Les contaron a sus padres?

No ―respondió Derek de inmediato, en tanto Lara le apretaba más fuerte la mano, pidiéndole en silencio que se tranquilizara.

Ya veo. De todas formas no les van a creer, yo no lo hubiera creído si tu abuelo Lara… yo he visto a esa mujer en persona antes ―dijo señalando la carta que Derek sujetaba―. Apareció frente a mi una vez cuando tuvimos un accidente con tu abuelo…

¿Qué hago para evitarlo? ―le preguntó entonces el chico― Yo no quiero que Lara tenga que soportarme.

Derek ―susurró la aludida. Ya había discutido con él antes. Estaba empecinado en deshacer lo que fuera que se había hecho.

No se evita ―le respondió la señora delicadamente. Ella los miraba tiernamente, mientras que Derek estaba sumamente molesto y Lara confundida.

Me voy ―informó él.

Derek…

Tendrías que haber dejado que muriera, Lara ―fue lo último que dijo y se marchó, cerrando la puerta del ático de un golpe.

Dejalo solo ―le dijo su abuela cuando ella se paró para ir tras él, sintiendo cómo las lágrimas se juntaban detrás de sus ojos―. No va a ser fácil, pero tampoco es malo Lara…

¿Qué no es malo? ¡Ayer se pegó la cabeza contra la pared abuela! ¡Y yo no sé que es lo que en verdad tiene! ¡No me cuenta! Y después… se que no quiere hacer lo que esa mujer dijo, pero se hace daño si no lo hace, ¡yo no quiero que se haga daño!

Esta bien, tranquila… Yo voy a contarte que siente, tu abuelo me lo explicó muchas veces.

Ardor en la garganta que incluso podía llegar a los pulmones si ignoraba la sensación mucho tiempo y un deseo casi irrefrenable hacia los primero labios que tocó luego de que la mujer lo salvara de la muerte. Nada más. Nada menos.

Actualidad:

Caminaban por los alrededores de la casa, contándole del Instituto, las salidas, sus padres… Pasando una tarde relativamente tranquila.

Toby les llegó saltando de entre unas plantas y se le apoyó en los hombros a Derek.

Tiene hambre ―le dijo la abuela Mauris viendo al animal en dos patas―. ¿Te parece ir a buscarle algo de comer a el mueble de la cocina? Con Lara te esperamos en la banca aquella…

Vamos Toby. Dejemos solas a las mujeres…

Sigue siendo muy perspicaz ―le dijo la mujer a Lara viéndolo marchar.

Se imagina que querrás hablar de algo conmigo… he igual después me va a preguntar qué era ―le respondió la chica encogiéndose de hombros. Su abuela le sonrió sentándose en la banca.

¿Qué tal lo lleva? ―entonces la sonrisa de Lara se apagó y se quedó mirando los pies― ¿Qué sucede?

No… no es nada.

Vamos Lara, ¿le ocurre algo a él?

¿Puede empeorar? Es decir, él me dice que no, pero… ¿puede querer… algo más que solo besarme… a causa de la maldición? ―no sabía como hablar del tema con su abuela. Pero si Derek era perspicaz, Mauris lo era aún más.

¿Hablas de querer sexo?

Bueno… no exactamente ―le respondió su nieta desviando la mirada avergonzada y su rostro ardiendo―. Es… la manera en que me besa de un tiempo a esta parte. Es más… no sé…

¿Empeora?

No, al contrario. Digo, no me lastima ni nada de eso.

Lara… ―ella miró a su abuela cuando la llamó. Siempre había sido su confidente, sabía incluso más que su madre y era una de las pocas personas que conocía perfectamente sus gestos. Suspiro, resignada a contarle todo una vez que había comenzado.

Me abraza ―le contó ella jugando con una hoja seca que había recogido del suelo―. Es más intenso, me sujeta de otra manera… y se siente cada vez más culpable. No entiendo. Creo que algo anda mal, que necesita algo más pero no quiere decírmelo ―le contó, segura de que entendería sin necesidad de decirle que él había tenido una erección mientras se besaban―. Solo… solo me dijo que le gusta besarme y que por eso hace lo que hace.

¿Y a ti te molesta que te bese de esa manera?

¿Qué? ―farfulló de inmediato, temerosa de descubrirse sin querer. Su abuela la miró mientras ella se mostraba entre asustada por ser descubierta y confundida por no saber qué pensar, apretando los labios. Mauris cambió la pregunta, habiendo ya descubierto en los gestos de Lara la respuesta.

Asumo que le has preguntado a él…

Le he preguntado si lo que siente por la maldición empeoró y me dice que no. Es que tal vez no sea nada, tal vez solo sea que yo cambié y le presto atención a cada detalle, tal vez… Yo ya… no quiero que sea mi hermano, abuela. No quiero que me bese obligado por esa mujer, quiero que me bese porque… ―apoyó sus codos en las piernas y se tomó la cabeza con las manos apretando fuertemente los labios― No importa.

Alcanza con que se besen por cinco segundos. Tu abuelo lo tenía cronometrado. Cinco segundos y puede incluso seguir cuarenta y ocho horas sin enloquecer de dolor y sin que las heridas resurjan. Tenes que hablar con él. No creo que todo eso que me contas sea por la maldición, quizás…

No puedo.

¿Por qué no? Pese a todo sigue siendo Derek y es verdad, no es tu hermano Lara. No esta mal que quieras besarlo porque te gusta.

Esta mal sí.

No, no lo esta.

Esta mal porque para él sí soy su hermana y yo tengo que soportar todos los días que me bese por obligación mientras yo siento miles de cosas en el cuerpo por tenerlo tan cerca. Está mal… muy mal. Además siento que… siento que en el fondo me gusta la maldición porque sé que nunca se va a poder apartar de mi, pero no es por las razones que yo quiero y cuando me acuerdo… También cuando otra chica se le acerca, me enfado y tiene que aguantar mis celos. Esta pésimo.

***

¿Estos Toby? ―el perro agitó la cola― Como si me pudieras responder realmente…

Le dio la comida a la pequeña cría de rinoceronte ―al perro enorme― y se paseó por la sala para hacer tiempo, mirando viejos retratos que la abuela Mauris tenía. Había una en que estaba él, Lara y la dueña de casa. Se la habían tomado el verano anterior. Levantó el portarretratos y se quedó ensimismado mirando la fotografía. Lara estaba bronceada y en bikini. Habían estado tres semanas acampando a dos cuadras de una playa. La garganta volvió a arder al ver eso labios que él ya había probado mil veces. Nunca se aburriría… y eso era bueno. No quería que ella se apartara de su lado nunca. Dejó la foto en su sitio y fue por unas galletas para llevarlas a donde estaban ellas.

***

¿Cómo están las galletas? ―preguntó Mauris.

Muy buenas ―le respondió Derek ofreciéndoles las que estaban en el tarro.

Podrías haber agarrado un plato Derek ―comentó Lara metiendo la mano para tomar una.

Claro, así me mandaban a buscar más cuando se terminaran ―respondió él con cara de ni lo sueñes.

Comieron y siguieron charlando como si nada hubiera ocurrido en ausencia del chico, pero cuando entraron a la casa, y Lara decidió ir hasta la almacén que quedaba a dos casas, Mauris apagó el televisor que Derek había recién encendido.

¿Qué le estas haciendo a Lara, Derek? ―él levantó de inmediato la mirada del aparato ante aquella pregunta indignada. ¿Lara le había hablado de él? ¿Al final ella había dicho que lo odiaba y lo mucho que detestaba? Apretó los dientes, muriéndose por dentro. Por la expresión de la abuela de Lara, al fin parecía que iba a escuchar lo que tanto temía escuchar― Explícame por que la besas como lo haces. Sé perfectamente que no es por la maldición. La maldición no se agrava ni mejora, siempre esta igual. Quiero una explicación.

¿Explicación? ¿De qué? ¿Qué iba a decirle a esa mujer que parecía creer que estaba abuzando de su nieta?

¿Creer? ¡ah! ¿Por que no estas abusando de ella en realidad? se dijo a si mismo. ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué la abrazaba y la deseaba tanto a ella como a su cuerpo?

Amo a su nieta ―susurró con la mirada torturada y la boca seca, mirando a la mujer suplicante―. Perdón, juro que no quiero dejarme llevar, pero… no quiero aprovecharme, en verdad. Le dije que la besaba porque me gustaba hacerlo pero no me creyó. La tengo siempre tan cerca, yo… ―se corto a mitad de la frase, escondiendo la cabeza entre sus manos, apoyando los codos en sus piernas, mirando la alfombra―. Perdón. Ya sé que estoy siendo egoísta, sé que ella tendría que estar saliendo con quien quisiera, divirtiéndose como normalmente hacen la mayoría de las chicas pero… la verdad es que no quiero que no este conmigo ―confesó mirando a Mauris―. Me mata de celos verla con otro, tanto, que cuando la tengo para mi… perdón ―volvió a esconder la cabeza. Era malo de por si confesar que la amaba, ni hablemos de encima contarle lo que hacía cuando estaban a solas . Entonces se sorprendió cuando la mujer se sentó a su lado y le masajeó la espalda.

Pedirle perdón por amarla, no es un buen comienzo para comenzar a contarle.

¿No va a…? ¡Pensé que estabas enojada conmigo, abuela!

Hijo mío, te conozco desde que naciste. Por algo actuabas como actuabas. Lo único que hizo esta vieja con mañas fue usar la forma en la que sabía que ibas a hablarme sin rodeos… y vaya que al fin me siento liberada. ¿Por qué no hablas con ella? Piensa que es por lo de la maldición.

Sí, ya ha intentado decirme que cree que es por eso.

¿Entonces?

Lo he intentado, pero ni siquiera me cree que me gusta ella. Lara es tan… Dios, si hasta se acostaría conmigo si creyera que es lo que necesito por la dichosa maldición ―dijo y volvió a agachar la cabeza, enredando las manos en sus cabellos. La señora se echo a reír.

Sí, no dudo de que fuera capaz… Te quiere.

Como si fuera su hermano… ¡y es que siempre ha sido así para mi también! Es solo que desde hace unos años, yo… ―no continuó.

Deberías decirle ―fue todo el concejo que estaba dispuesta a darle―. Entiendo que para ustedes sea un poco confuso todo. Con Teodoro ya llevábamos casados ocho años cuando ocurrió, era más fácil, yo ya sabía que me amaba y besarnos era natural. Pero sé que la maldición no puede hacer que uno sienta cosas más allá de las físicas. Deberías decirle.

No puedo decirle más de lo que le he dicho.

¿Por qué no?

Porque no quiero presionarla. Va a terminar odiandome. No solo esta condenada a besarse conmigo, si no que si le digo también va a saber que me muero si esta lejos o con otro. ¿Qué clase de amigo soy? Nunca puede elegir nada al final. Quiero que ella sea feliz y tenga lo quiere realmente ―todo aquello lo murmuraba, pero a Mauris no se le escapaba una palabra―. ¿Qué pasa si me dice que no siente lo mismo? ¿Qué pasa si no funcionamos juntos como una pareja y nos peleamos después de unos días?

La verdad es que Mauris pensaba que estaban hechos el uno para el otro y que ya eran una pareja aunque no lo supieran. Pero no iba a decírselos tampoco.

¿Vas a dejar que crea que es algo más grave?

Voy a controlarme si continua sin creerme ―respondió él, terco como siempre―. Lo prometo, voy a controlarme.

¿Por qué controlar algo tan bonito y que surge natural?

Por que no es bonito cuando pienso en lo que ella puede sentir.

No sabes lo que ella siente.

Mejor. Creo que preferiría golpearme la cabeza contra la pared mil veces antes que besarla sabiendo que me detesta.

¿Seguis haciendo esas cosas? Recuerdo que una vez hasta llegaste a ir al hospital por cortarte. Lara se hizo un par de cortes para que creyeran que ella también había pasado por los alambres de púa para que fuera más creíble la extraña explicación del sangrado.

Sí, me acuerdo de eso ―dijo la chica que recién llegaba y era lo único que había alcanzado a escuchar. Dejó las bolsas en la cocina mientras seguía hablando―. Me dolió mucho y me castigaron una semana. Todavía tengo las marcas.

A mi dos y encima me dolía ―añadió él mientras veía a Lara sentarse a su lado. Cuando ella no lo veía, él se apresuró a suplicarle a Mauris con la mirada para que no dijera nada.

Pero dejaron que nos viéramos, supongo que podría haber sido peor ―le comentó Lara entonces, pasando su dedo índice por el antebrazo de él en donde tenía una cicatriz. Derek lo dejó allí, con la palma de la mano hacia arriba para ella y Lara se dirigió a su abuela―. Ya compré todo lo que me pediste y el de la almacén te manda saludos.

Muchas gracias Lara. Creo que es hora de que vuelvan. Se va a hacer tarde.

De acuerdo.

Los acompaño hasta la puerta luego de darles un abrazo a cada uno y susurrarles sin que el otro escuchara un contale.

Los vio marcharse, con su compañero animal al lado.

Lara le rodeó la cintura a Derek, pegándose más a él y el chico le pasó el brazo por lo hombros.

Esos dos… ya se van a arreglar solos. Vamos Toby ―le dijo Mauris a su acompañante― La comedia de las diez va a empezar. A Teodoro le gustaría ver como ellos también pueden sacar algo bueno de todo lo que les ha pasado.

***

Quince minutos más tarde pagaron su boleto y se sentaron en el fondo del ómnibus.

Tengo sueño ―le dijo Lara recostándose en el hombro de él, haciendo que Derek dejara de mirar por la ventana.

Esta es la última vez, se prometió a si mismo como tantas otras veces, es la ultima vez que la beso porque quiero, lo juro. Le pasó un brazo por los hombros, acercándola más a él y le acarició la mejilla con su propio rostro para que alzara la cabeza.

La última vez…

No había de qué preocuparse, nadie en ese autobus los reconocería en otro lado y les pediría explicaciones, nadie iba a saber… por lo que Lara se dejó llevar por los tiernos labios de Derek sin poder evitar sentir su corazón temblar por todo lo que sentía por él.

Derek, con su mano libre se apoyó en la clavícula de Lara y luego comenzó a recorrer su brazo hasta alcanzar su mano y así poder entrelazar sus dedos con los de ella. Lara respondía igual a sus besos, siguiéndole el paso, besándolo cuando se lo permitía.

Bendito sea el día que le pedí que me besara también…

Él le comía los labios, no quería dejarla ir. Era muy difícil impedir que las fantasías cobraran vida cuando se entregaban tan enteramente el uno al otro, cuando ella actuaba como si solo lo amara, como si solo quisiera estar con él…

Entonces el ómnibus tomó una curva aunque Derek siguiera besándola, jugando con su lengua a sabiendas de que se estaba aprovechando y que no iba a cumplir su promesa.

Hay que bajarnos ―le susurró Lara sobre sus labios. La miró sorprendido. Además de besarla con una devoción que se empezaba a notar, cada vez extendía más los besos, no se había dado cuenta― ¿Vamos? ―le preguntó entonces ella, viendo que él seguía mirándola sin soltar el agarre.

Vamos ―respondió y al ver que Lara se movía, comenzó a soltarla lentamente.

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