Novela Amigos

Capítulo 5 de Amigos

1beso

Una vez de vuelta en la casa de Lara, acomodaron lo que habían desordenado y luego fueron a la de Derek.

¿Qué tanto va a odiarme? se pregunto él. ¿En verdad la abuela Mauris tiene razón? No quiero dejar de besarla.

De todas formas no vas a poder dejar de besarla se retrucó a si mismo.

Pero yo no quiero besarla una vez por día cuando me arda la garganta.

Ese último beso no fue porque te ardiera…

Ya lo se, me estoy aprovechando de ella…

Contale… Lara mientras tanto recordaba aquella palabra y trataba de imaginarse la situación.

Ok, Derek: te amo.

Idiota ―murmuró para si, apoyando la cabeza en la pared de la terraza donde estaba descolgando la ropa que había lavado el día anterior. Se habían besado muchas veces en esa terraza.

Y ese ultimo beso no mejora nada, como jugaba con mi boca…

Suspiro y dio gracias de que Derek estuviera fregando los platos para que no viera cómo se derretía por él. Claro que ella tampoco podía ver la lucha interna que estaba teniendo él.

Hoy no vas a poder dormir con ella, ¡anda a buscarla ahora!

¿Para hacer qué? No me creyó que la beso porque me gusta, le dijo a la abuela Mauris, no puedo ir y besarla porque sí ahora. ¿Cómo se lo explico?

No se lo explicas, la arrinconas contra la pared y…

Si sigo pensando así, voy a tener que ir derecho a darme una ducha de agua fría…

Bien. De paso trágate el agua entonces, a ver si te quita un poco la estupidez.

Listo. Quedó todo en orden, ¿no? ―pregunto Lara reuniéndose con él en el mini bar. La casa de Derek tenía un pequeño bar de madera con su propio mostrador. Él esta acodado allí, con la mirada fija en un punto. Volteo a verla lentamente.

Tal vez no necesites decirle cuanto la querés… solo decirle que la querés.

Yo no la quiero, la amo que es diferente y eso no tiene porcentaje. Se siente o no se siente.

Pero para empezar podrías tratar de hacérselo entender de a poco, para que saque sus conclusiones y si quiere te responda y si no, que haga como si no paso nada.

Si hace como que no paso nada tras decirle voy a morirme…

¿Derek? ―volvió a insistir tras ver como sus ojos no dejaban de observarla mientras pensaba en algo indescifrable para ella.

Él se le acercó más sabiendo que tenia la voz demasiado ronca como para hablar.

Lara ―sí, su voz sonó ronca aunque era más por la expectativa de besarla que por la maldición. La tomó de la cintura mientras ella apoyaba sus manos en el pecho de él con el ceño fruncido, confundida. Pero no lo frenó ni le pidió explicaciones. ¿Cuando le negaba ella un beso? Jamás. Él volvió a devorarse sus labios como lo había hecho miles de veces en el pasado. La presionó contra el mostrador, sintiendo temblar los vasos que había en el mueble. Se apoyo contra ella, sujetándola, amándola sin poder decírselo, sintiendo su calor, su perfume quedarse en su propia ropa…

¡CHICOS! ¡LLEGAMOS!!

El mueble volvió a sonar pero por el brusco movimiento que hicieron los dos al separarse. Estaban agitados, con los labios hinchados y la mirada asustada.

Derek le negó con la cabeza: sus padres no podían saberlo, no había forma de que los vieran si recién habían entrado. Lara asintió y fueron al encuentro de los padres de él, asomándose por el corredor.

¡Hola! Pasamos por tu casa Lara y como no estaban, supusimos que estaban acá ―genial, pensaron ambos sin mucho entusiasmo. No solo estaban los padres de Derek, si no también los de Lara. Los cuatro con pinta de habérselos pasado a lo grande.

¡No saben lo que nos pasó… ! ―empezaron a contar.

Comieron mientras sus padres les ponían al tanto de cómo les había ido y de lo que se habían perdido. Yo igual no cambio este fin de semana por una acampada familiar pensaron tanto Lara como Derek, aunque no iban a admitirlo en voz alta.

Bueno, es mejor que nos vayamos a dormir, mañana tienen clases ―dijo entonces uno de los adultos.

Los chicos se miraron mientras sus padres se despedían, perdiéndose en los ojos del otro. No se habían dicho casi nada en toda la cena y apenas se despidieron con un hasta mañana cuando Lara se fue.

Ella no se pudo dormir. Miraba el techo pensando en él.

Tenía la voz ronca… siempre tiene la voz ronca cuando necesita besarme por la maldición. ¿Y si para el no funciona igual que para el abuelo?

Se aferraba a su almohada sin poder dormir. La noche anterior había dormido junto a él, con su calor, sus caricias… Su perfume estaba en su almohada todavía. ¿En que estaría pensando Derek en ese momento? ¿Y en que había estado pensando antes? ¿Por qué dos besos? No pensaba en que el chico le había dicho que le gustaba besarla, creyó que era la maldición hablando por él. ¿Y por que siempre ese perdón a lo último, ese arrepentimiento? Ella creía que él ya había superado lo que tenía que hacer por la condena, que ya no se culpaba tanto como antes, pero…

Tomó su celular y le mandó un mensaje. Quería saber si él todavía estaba ahí, si en el fondo no era la única que había quedado pensando en que algo estaba fuera de lugar con ellos.

El chico se dio vuelta buscando acomodo, pero no había forma. Se abrazó a la almohada, pero la almohada no era Lara. Su celular sonó en la mesita de luz.

Buenas noches Derek…

Aquello no lo esperaba, aunque lo agradeció en su interior.

Buenas noches Lara…

Funcionó como un calmante al alma cada mensaje, haciendo que ambos se durmieran poco después pensando en la respuesta, soñando con que esas tres palabras del otro, tenían el significado que ellos mismos le habían dado al escribirlas: un te amo indescifrable escondido en aquello.

***

Ya sale Derek, ya esta despierta. ¡Pasa! ―era lunes otra vez y tenían clases.

No, me quedo acá, vamos a llegar tarde si no ―¿Lara ya esta levantada?

Hola ―le dijo ella apareciéndose enseguida, cerrando la puerta de su casa.

Te levantaste temprano…

Sí, bueno, quería no llegar tarde al menos por una vez ―sin contar el hecho de que quería verte. ¿Cómo pasaste la noche?

Bien, normal ―cuando me dormí soñé contigo y al levantarme, necesite una buena ducha… lo de siempre.

Ya veo ―a diferencia de otros días, caminaron en silencio, demasiado incómodos el uno con el otro como para sonar naturales en una charla después de todo lo que habían pensado la noche anterior en que no podían dormir. El fin de semana lo habían pasado juntos como en un sueño, pero ahora la realidad se imponía―. ¿Derek? ―le llamo al ver que pasaba el callejón de siempre sin detenerse. Él la miró, sorprendido al principio, y luego entendió al ver el callejón.

No… no es necesario… todavía ―le dijo desviado la mirada. Sabía muy bien que si comenzaban algo, no iba a ser capaz de detenerse y tenía los sentimientos muy a flor de piel aquella mañana. Lara no reaccionó rápidamente. Se quedó ahí plantada, mirándolo―. ¿Estás bien?

¿Yo? Sí, claro ―le dijo rápidamente y emprendió la marcha, caminando más rápido de lo normal.

No volvieron a hablar hasta el medio día.

***

¡GRAN BAILE PARA RECABAR FONDOS!

El próximo fin de semana, se celebra el

baile de primavera.

¡Pueden asistir todos!

¡¡LOS ESPERAMOS!!

Genial ―murmuraron sin entusiasmo ni bien vieron los carteles colgados por todos lados a la hora del almuerzo. Los bailes del colegio nunca habían dejado en ellos más que recuerdos de incomodidad.

Sin embargo, en el Instituto no se hablaba de otra cosa. Las chicas intercambiaban ideas sobre lo que llevarían y los chicos, sobre a quien preferirían ellos invitar a bailar si tenían la oportunidad, siempre pensando en conseguir besos y los de los últimos curso, incluso algo más. El baile del Instituto siempre daba que hablar. Se formaban parejas, otras se separaban, y muchos perdían la virginidad rápido, borrachos y sin tener mucha idea de con quién.

Lara no quería asistir. La perspectiva de ver a Derek con alguien más no era algo que le emocionara. Pero sus amigos no le iban a permitir faltar.

¡Es nuestro último baile en el Instituto! Somos los del último curso además, nos corresponde meter las bebidas alcohólicas ilegalmente y cagarla en grande ―declaró Damián y miro hacia el costado al ver que ni Derek ni Antoni estaban entusiasmados con la idea―. ¿Qué les pasa a ustedes dos? ―sus amigos se encogieron de hombros.

Hemos estado en bailes mejores que los que se arman en el Instituto. ¿ShiBang te suena? ―le respondió Antoni. Parecía más callado que de costumbre desde el fin de semana anterior, y fue lo primero que dijo desde que había comenzado el almuerzo. Derek intuía que algo había ocurrido cuando llevó a Magela su casa porque ella ni siquiera lo miraba, pero su amigo no había dicho nada y él había tenido otras cosas en la cabeza.

Sí, pero acá van a venir chicas que nos conocen. La probabilidad de llevar a alguna a la cama es mayor ―los bufidos indignados de las chicas de la mesa no se hicieron esperar.

La probabilidad de hacerle de chofer a alguna hasta la cama de otro, sí ―le soltó Clara mirándolo con un claro desprecio en el rostro―. Porque ninguna se iría contigo y tu bocaza, no cabrían los tres en la cama. No sé para qué nos gastamos pensando un regalo el día de su cumpleaños ―les dijo a los demás, furiosa―, deberíamos haberte regalado una muñeca hinchable que no hablara, no pensara, y no viera lo superficial que sos.

¿Pero qué… ? ―comenzó a defenderse Damián.

Ni siquiera empieces, amigo ―lo atajó Magela y se levantó de la mesa junto con Clara―. Lo único que les interesa es que las chicas los alaben y se les tiren encima ―dijo mirando elocuentemente a Derek―, e incluso así, cuando las tienen encima no saben qué hacer ―esa última frase la dijo mirando directamente a Antoni.

Derek esperaba que Lara los mirara al menos con simpatía antes de levantarse de la mesa e irse, pero había asentido ante lo único que les interesa es que las chicas los alaben y se les tiren encima y se había ido con ellas sin dedicarle una segunda mirada. Había estado demasiado silenciosa para su gusto.

Y yo que iba a sugerir que podíamos venir los seis juntos, como el año pasado ―comentó por lo bajo el rubio, viéndolas marchar.

Parece poco probable que ocurra ―acotó Antoni sin sacarles los ojos de encima tampoco.

¿Qué mierda les pasa a las tres? ―preguntó entonces Damián que no había entendido nada. Sus amigos lo miraron con enojo y lástima.

Es tú culpa que nos dejaran plantados ―le dijo Derek señalándolo con el dedo.

¡¿Qué?! ¡¿Mía?!

No aprendes a quedarte cayado ―aportó Antoni y suspiró profundamente.

Pero a mi las chicas no se me ponen a alabar ni se me tiran encima ―dijo él y se levantó también de la mesa―. Eso ―dijo señalando la puerta de la cafetería― no fue solo culpa mía, estoy seguro.

Y tras esa afirmación, los dejó también ahí sentados.

¿Supongo bien si digo que a Lara no le gusta que Micaela y las otras chicas se te acerquen y que lo sabes? ―le preguntó Antoni mirándolo con una ceja alzada. Derek asintió con la cabeza y lo miró a su vez. Él sabía que a ella Micaela no le caía bien pero nunca hacía mucho por apartarla. Saber que ponía celosa a Lara no debía de gustarle tanto, pero lo hacía.

¿Supongo bien si digo que Magela te dio vía libre y la rechazaste el otro día? ―le preguntó. No iba a ser el único sincerándose en aquella cafetería.

Estaba muy borracha, vos la viste ―le respondió él con las comisuras de los labios caídas y volvieron a mirar al frente―. Si le arrancaba la ropa iba a ser un cretino y si le decía que no, ahora parece que también.

Yo ya le dije que me gusta, y ella parece creer que se lo digo porque es mi amiga y la conozco de toda la vida ―aquello era lo más cercano a la verdad que podía contarle a su amigo, dado que ninguno sabía sobre la maldición. Pero se acercaba bastante a lo que estaba ocurriendo.

¿Soy yo, o no hay forma de ganar con ellas? ―dijo entonces Antoni y Derek negó con la cabeza, comenzando a pensar exactamente lo mismo.

***

¡No puedo creer lo que le dije! ―se lamentaba Clara cinco minutos después, ocultando el rostro entre las rodillas. Se habían sentado en el patio que estaba casi vacío a esa hora, y habían comenzado a comer el paquete de galletas que Magela tenía en su mochila porque no pudieron llegar a comprar el almuerzo y se negaban a volver a entrar. Lara comenzó a darle palmaditas de consuelo en la espalda.

No te preocupes, es Damián, seguramente no se haya dado cuenta de nada ―le dijo la chica buscando con la mirada el apoyo de Magela, pero ella parecía igual de consternada que Clara.

Estaban Antoni y Derek ahí también. No puedo creer que le recordara lo que hice el sábado ―dijo Magela y escondió la cabeza entre las rodillas también.

Lara supuso que si no conociera a Derek de toda la vida, estaría como sus amigas. Pero tenía que reconocer que después de todo lo que había pasado el fin de semana, la estaba sobrellevando bastante bien. Al menos no estaba en posición fetal chupándose el pulgar.

¿Qué paso con Antoni, por cierto? ―le preguntó entonces y hasta Clara levantó la cabeza para escuchar.

Él me gusta ―declaró poniendo los pies sobre la mesa de cemento que tenía delante. Las puntas de su cabello, de color rosa, brillaban por el sol del medio día y contrastaban con su cabello negro. Cuando no llevaba uniforme, solía vestir de negro y era toda una roquera―. Pero se lo dije cuando me llevó a casa el viernes en la noche estando borracha.

Bueno… no parece tan grave ―le dijo Lara. Ella le temía al rechazo tanto como cualquiera, pero lo que contaba Magela no parecía tan malo como para evitar a Antoni por siempre. Ella había dormido con su mejor amigo casi desnuda y eso no les había impedido seguir como siempre… o casi.

Es que más bien se lo di a entender tirándome sobre él e invitándolo a pasar la noche conmigo. Sin ropas y sin dormir ―aclaró y tiró la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

¿Qué hiciste qué? ―fue lo único que pudo decir Clara.

Vos hablaste de una muñeca hinchable, rubia. Nada de reproches ―le respondió Magela desechando la pregunta con la mano.

¿Qué dijo él? ―le preguntó Lara sorprendida por la actitud desinhibida de su amiga.

Que yo estaba borracha y no sabía lo que decía. Le aseguré que lo tenía muy claro, pero insistió en que a la mañana siguiente me arrepentiría de que mi primera vez fuera borracha y con el sujeto que tenía más cerca ―se le fue apagando la voz a medida que recordaba―. No hubiera sido mi primera vez, ni hubiera sido porque él era quien estaba más cerca ―susurró y volvió a abrazarse las rodillas.

Las chicas sabían que antes de cambiarse de instituto, Magela había salido con un chico de último curso tres años mayor que ella, que no solo la había engañado con cualquiera que se le cruzaba sino que andaba en drogas y no la trataba bien. Nunca habían hablado de sexo, aunque en ese momento Lara pensó que tendría que haberlo adivinado.

No creo que piense mal de vos, Magela ―le dijo a su amiga después de sentarse en medio de las dos chicas para abrazarlas―. ¿De verdad hubieras preferido que aceptara acostarse contigo? ―le preguntó Lara seriamente. Magela solo se encogió de hombros mirando hacia adelante.

Él es siempre tan callado y correcto… ―comentó ella y se llevó la mano a la boca. Cuando recordó que ya no fumaba, ni tenía un cigarrillo en la mano, la bajo de golpe― La forma en que se preocupó por mi toda la noche creo que simplemente me confundió. Pensé que él podría querer… en fin. ¿Cuál es tu excusa?

¿Qué?

Tu excusa para estar acá.

Sí, ¿qué pasó con Derek? ¿Por qué estás enfadada con él?―preguntó a su vez Clara. Lara no sabía cómo responder a eso.

Yo no estoy enfadada con él ―respondió ella encogiéndose de hombros. Aunque no quería aceptarlo, que no hubiera querido besarla en la mañana la incomodaba y le hacía preguntarse ¿por qué? repetidamente.

Era todo tan confuso entre ellos últimamente…

¿En serio, Lara? ¿Estamos acá, compartiendo lo mal que nos sentimos y vos simplemente no vas a decirnos nada? ―le preguntó Clara con el ceño fruncido.

Es que no hay nada que decir. Ustedes lo vieron en ShiBang, coqueteando con Micaela y después esperándome para decidir qué trago comprar. Siempre ha sido así entre nosotros ―respondió ella poniendo los ojos en blanco. No quería mentir a sus amigas, pero tampoco podía contarles que se besaban, ¿o sí?

Igual, tienen una relación tan… perfecta la mayor parte del tiempo ―comentó Clara soñadoramente―. Hasta que Magela llegó y preguntó si ustedes eran novios después de verlos juntos dos horas, no había pensado en ello. Pero ustedes no son solo amigos.

¿Nunca le has dicho que te gusta? ―le preguntó Magela escéptica― ¿Nunca jamás jamás? ¿Y él nunca te ha dicho nada? Demuestran que se quieren todo el tiempo…

Él… me dijo que le parecía hermosa el otro día ―les confesó por lo bajo, sonrojándose―. Pero estaba borracho, no cuenta.

Wow… ―dijo Clara con los ojos bien abiertos.

Él estaba borracho, Clara ―le repitió Lara poniendo los ojos en blanco otra vez―. Fue cuando volvimos a mi casa después de ShiBang.

Y… ¿qué hicieron ustedes dos después de que se fueron? ―preguntó a su vez Magela, mirándola pícaramente― Tenían la casa para ustedes… siempre me pregunto qué hacen cuando están solos.

Se duchó como pudo para sacarse un poco la borrachera y después… nos acostamos a dormir ―era una mentira gigante, ¿pero qué más iba a decirles? Ellas no entenderían la complicada relación que tenía con Derek, no entenderían que en realidad el que la besara podía significar otra cosa perfectamente.

Pero antes te dijo que eras hermosa… ¿así de la nada?

Tuve que ayudarlo a llegar a la cama, nosotros… dormimos en mi cama, lo hemos hecho muchas veces antes. Él me miro mientras estábamos… acostados juntos, y me dijo eso ―aquello no era exactamente lo que había pasado, pero era lo más cercano a la verdad que estaba dispuesta a confesar. Sus amigas no dijeron nada, así que Lara levantó la cabeza y las miró―¿Qué pasa?

¿Ustedes duermen juntos muy seguido? ―pregunto Magela mirándola completamente sorprendida. Clara la miraba como si le hubiera salido una cabeza extra.

Cuando estamos solos, siempre. Cuando están nuestros padres no porque empiezan a ponernos incómodos con sus bromas solo con proponer que el otro se quede a dormir después de una película, por ejemplo ―respondió con las mejillas ardiendo, sin verlas a los ojos. Nunca le había parecido tan raro lo que hacían hasta ese momento al verles las caras. Sabía que habían acordado no decir nada con Derek, pero se sentía tan bien poder hablar de lo que ocurría con Derek aunque fuera solo un poco que no se detuvo ahí―. Solemos hacerlo en su cama, que es de una plaza y media. La mía es más chica y… no tenemos tanto espacio.

Ok. Si me decís que nunca se han besado, no voy a creerte ―declaró Magela cruzándose de brazos, taladrándola con esa mirada suya que hacía que confesaras todo lo que te preguntaba.

Bueno… a decir verdad… nos besamos el sábado ―confesó Lara entonces. Quizás Derek se enfadara, pero necesitaba la opinión de sus amigas. Necesitaba exponer sus dudas, hablar con chicas de su edad. Su abuela no había ayudado, ella parecía creer que todo estaba bien, que no tenían un problema. Pero el sábado no había sido como las otras veces―. Mucho, nos besamos… mucho mientras estábamos en la cama. Así… llegó a decirme que le parecía hermosa.

Magela y Clara se miraron como si no hubieran podido creer lo que les estaba confesando.

Y pensabas decirnos esto… ¿cuándo? ―le preguntó Clara. Parecía haberse olvidado de su propio problema que comenzaba con la letra D. Lara se encogió de hombros.

¿Nunca? pensó. Después de todo, llevaban diez años besándose a escondidas sin comentarlo con nadie.

Por eso hoy estabas actuando tan raro ―dedujo Magela.

Él… no parece encontrarlo raro ―comentó la aludida mirándose las manos―. Actúa como si fuera normal y el sábado…

Y el sábado no te sacaba las manos de encima ―completó Clara apoyando su cabeza en su hombro.

Al menos vos le permitiste que te besara aún estando borracho ―acotó Magela volviendo a recordar su bochorno con Antoni.

¿Por qué pensaste que era buena idea pedirle que durmiera contigo? ―le preguntó Lara pensando en lo tranquilo y cayado que era Antoni― Sé que contigo habla más que con cualquiera de nosotras, pero ¿qué te hizo estar segura en ese momento de que quería pasar?

Por la forma en que me mira. La manera en que me cuida cuando me emborracho. Siempre se ofrece a llevarme a casa cuando salimos y no hace más que sostenerme por los hombros, nunca se ha aprovechado. Ni una sola vez. A veces me emborracho sólo para que me lleve a casa ―les confesó con una sonrisa―. El viernes no me dejó bailar con un sujeto que ya me había tomado de la cintura. No dio una excusa, solo me tomó de la mano y le dijo al tipo que yo estaba con él, que se perdiera. Así que creí… pero supongo que me equivoqué.

Se quedaron en silencio unos minutos, mirando la nada.

Damián es diferente cuando no esta rodeado de gente, ¿saben? ―dijo Clara de pronto― Yo solía ser su tutora de Inglés cuando entró al Instituto, así fue como lo conocí y después lo presenté al grupo ―le contó a Magela.―. Es completamente diferente. No esta todo el tiempo intentando llamar la atención, hablando de mujeres como si estuviera en celo ―añadió poniendo los ojos en blanco. La charla murió un poco después de eso.

No es un buen momento para tener un baile, ¿verdad? ―comentó Lara observando uno de los afiches de la columna cercana―. ¿Vamos a terminar viniendo las tres juntas?

No sé, a mi me gustaría venir con un chico con el que poder bailar, para variar ―dijo Clara pensativamente.

A mi también ―añadió Magela.

Pero ¿y Damián y Antoni? ―ambas se encogieron de hombros a la vez.

No se enteran de nada. ¿Vamos a quedarnos en casa porque ellos no nos inviten a venir? ―preguntó Clara jugando con el doblez de su pollera― Porque estoy dispuesta a apostar que no nos lo van a pedir. Estoy cansada de esperar por Damián. Él no sabe que existo.

Pero podríamos… ―comenzó Lara, pensando en que podrían asistir los seis juntos.

Lo que tenemos que hacer ―le cortó Magela mirándolas seriamente― es alejarnos un poco de los chicos, así ampliamos el panorama. No se nos acercan porque siempre tenemos tres tontos guardaespaldas que ni siquiera se atreven a besarnos como se debe ―las tres rieron pese a ellas mismas.

¿Alejarse de Derek? Sí, claro. No es como si tuviera la opción realmente. Lo que pasó después era la prueba viviente.

***

Cuando se reanudaron las clases, tenían prácticas en el laboratorio de química. Magela y Clara se las arreglaron para ubicarse en una mesa ellas solas, Damián y Antoni se ubicaron en otra en la otra punta del laboratorio, pero Lara no tuvo tanta suerte. Iba a ubicarse con sus amigas, pero Derek la tomó del codo y la hizo sentarse en una mesa con él. Antes de que pudiera protestar, la profesora pidió que fueran diciendo los nombres de los integrantes de los equipos de aquel día y él, descaradamente, les dijo el de ellos mientras la miraba fijamente a los ojos. Sus amigas tenían suerte. Los chicos sabían que estaban enfadadas y no iban a insistir, iban a respetar sus espacios personales. Derek utilizaba su cepillo de dientes cuando iban de campamento y no llevaba el suyo, él no sabía lo que era respetar su espacio personal.

¿Estás molesta conmigo? ―aquella maldita pregunta casi hace que le de un golpe a la mesa. No le respondió y en cambio fue a buscar la bandeja con los instrumentos a utilizar aquel día― Lara…

Tenemos trabajo, Derek. Podemos hablar después ―pero a él no podía importarle menos la tarea del día. Acercó el taburete más a ella y le tomó una de las manos entre las suyas.

Decime, Lara.

No ―dijo rotundamente pero después dudó― No sé ―se corrigió intentando ser un poco más honesta.

Sus compañeros comenzaron a trabajar pero ellos no se movieron. Lara miraba su mano entre las de Derek y el le miraba el rostro de ella, intentando descubrir qué andaba mal.

¿Es lo que dijo Magela? ¿Es eso lo que te molesta? ―Lara suspiró sonoramente y lo miró a los ojos. Él realmente parecía preocupado.

Solo estoy cansada ―le dijo entonces, saliéndose por la tangente. Después de todo, no tenía derecho a quejarse de las cosas que había dicho Magela―. No dormí bien. Me fui con ellas para apoyarlas, nada más. Empecemos a hacer esto ―añadió soltando su mano de las de Derek. Ella comenzó a vaciar la bandeja sobre la mesa, pero él se limitó a mirarla. Lara sabía que no le sacaba los ojos de encima, pero se negó a voltear.

Muñoz, no recuerdo haber pedido un trabajo de observación sobre cómo trabajan sus compañeros ―les dijo entonces la profesora, mirando fijamente a Derek―. Póngase a trabajar usted también.

Él lo hizo, aunque en el proceso procuró que sus manos se rozaran constantemente, se le puso en el camino para que ella chocara contra él varias veces, cuando tuvo que ayudarla con las indicaciones se las dijo en susurros en el oído con una de sus manos en la espalda baja de Lara. Cuando llevaban media hora de clase, no habían logrado avanzar porque la solución que tenían que lograr no les quedaba azul sino violeta y a Lara no le dejaban de temblar las manos. Que Lara mezclara y Derek le susurrara las indicaciones roncamente en el oído no estaba funcionando.

¡Ya basta! ―le dijo en un susurro furioso la tercera vez que les quedó mal. Él la miró fingiendo sorpresa―¿Qué es lo que pretendes?

Estás molesta conmigo pero no sé por qué ―le dijo él encogiéndose de hombros, intentando ocultar la sonrisa que le producía saber que lograba ponerla nerviosa al hablarle al oido.

¿Y tu estrategia para saberlo es hacerme enfadar más? ―le preguntó por lo bajo con el ceño fruncido y las manos en la cadera. Derek volvió a encogerse de hombros y no dijo nada más. Ella volteó hacia la mesa en la que estaban trabajando, y entonces él se le paró al lado, con su pecho tocando su hombro.

El otro día dijiste que también te gustaba besarme ―le soltó de imprevisto en el oído. Lara quedó inmóvil con ambas manos aferradas a la mesa. Lo único que podía hacer era ver cómo él deslizaba su mano derecha por la superficie de la mesa hasta llegar a colocarla encima de la de ella―. Cuando nos besamos, también nos rozamos así. No creí que estuviera haciéndote enfadar ―le dijo él estirando un poco la verdad. Lo cierto es que no habían vuelto a hablar sobre lo que hicieron y se dijeron el fin de semana. Sabía que no le creía cuando le decía que le gustaba besarla por lo que le preguntó a la abuela Mauris, pero no era su culpa ¿verdad? Él había intentado ser sincero, pero ella no quería creerle. Él quería que tocarse adrede fuera normal y que ella entendiera que Micaela o cualquier otra chica no le interesaban. Quería que ella lo supiera pero no se atrevía a decirlo con palabras.

Vos también… dijiste varias cosas ―le dijo ella con las mejillas sonrojadas. Quizás, si hubiera sido otro chico con el que hubiera salido ocasionalmente, no tendría tanta confianza como para responderle aquello. Pero el chico era Derek y si iba a hacer que se hiciera cargo de lo que había dicho esa noche, él también tendría que hacerlo.

Sí. Dije que te besaba porque me gustaba… y que eras hermosa ―le susurró cortándole la respiración. Los compañeros más cercanos a ellos los miraban de reojo porque estaban hablando en susurros, inmóviles en el medio del laboratorio, parados íntimamente cerca.

Creí… que estabas más borracho ―comentó Lara con la respiración entrecortada. Sus manos se veían muy bien juntas con los dedos entrelazados. De haber sabido que él recordaría todo después, no hubiera sido tan abierta.

Me viste desnudo, también ―siguió él sin querer darle una salida, mirando fijamente cómo se mordía el labio inferior―. Estaba borracho, sí. Pero me acuerdo de todo, Lara. Si de verdad te gustó, creo que deberíamos repetirlo.

Muñoz y Delgado, se separan ¡AHORA! ―gritó la profesora y dieron un salto en sus lugares.

Ustedes dos siempre dando la nota, ¿eh? ―le comentó a Lara una compañera de clase, y ella puso cara de circunstancias. La profesora había disuelto el equipo, poniéndolos a trabajar con otras personas, cada uno en una punta diferente del salón. Solían llamar la atención en clase por reírse a carcajadas después de hacerse bromas silenciosas, no por… hacer lo que fuera que estaban haciendo. Las reacciones de sus amigas no se hicieron esperar. Los habían estado mirando todo el tiempo con las bocas abiertas.

¿Qué-fue-eso?

Faltaba una hora y media para que la clase terminara y no pudieron esperar al recreo. Les respondió el mensaje por debajo de la mesa con toda la honestidad del mundo:

No tengo idea.

Tampoco ella pudo contenerse de enviarle un texto a Derek:

¿Qué pretendías, Muñoz? ¿Cuál era la idea?

Él le respondió de inmediato.

¿Que me besaras en medio del salón de clase?

Levantó la cabeza indignada y lo atrapó mirándola. Le sonrió socarronamente y volvió a bajar la cabeza para enviarle otro texto:

¿Que dejaras de estar molesta, molestándote? No sé, Lara. Cuando estamos solos es más fácil. Rodeados de gente no sé cómo querés que actué.

Tampoco sé cómo querés que actué yo.

Como si me amaras, pensó él después de ver el texto que ella le envió, pero no se atrevía a confesarlo. Le llegó otro de ella después de verle fruncir los labios.

Hablamos cuando salgamos, ¿sí?

Él la miró y asintió en silencio. Guardaron los teléfonos e intentaron inútilmente concentrarse en la tarea que estaban llevando a cabo.

***

Derek siempre ha sido así ―intentó explicarles a sus amigas cuando la abordaron ni bien la campana sonó, tratando de quitarle importancia aunque su corazón no dejaba de temblar al recordar las palabras del chico―. Hacía lo mismo cuando me rompía algún juguete: me ponía adelante mi muñeca favorita con un brazo de menos, me decía que no había querido hacerlo y me perseguía hasta que lo perdonaba ―aseguró poniendo los ojos en blanco.

¡Lara! ―la llamó el rubio en cuestión llegando trotando a su lado. Damián y Antoni se acercaron también, pero se mantuvieron un tanto alejados de las chicas― Hay partido hoy, los cuartos de final ―le dijo rápidamente poniéndole en las manos el teléfono celular, la billetera y las llaves de su casa. Su mochila iba a quedar tirada en algún rincón y aquellas cosas eran importantes como para dejarlas por ahí―. Termino a las cuatro y media y vamos a casa, ¿sí? ―dijo y tras hacerle un guiño, se dio la vuelta y se fue con los demás sin esperar siquiera una respuesta. Lara volteó a ver a sus amigas con las manos llenas.

Como si nada hubiera pasado ―les comentó resignada―. Al menos no me persiguió tirándome de la manga de la camisa.

Me hace acordar a mi hermano mayor ―dijo Clara mirando a sus amigos alejarse.

Es como si fuera mi hermano pequeño ―les aseguró Lara guardando las pertenencias del chico entre las suyas.

Oh, no chica. Mi hermano no me hace guiñadas ni me habla en el oído mientras me tiene tomada de la cintura y no se me ocurriría besarlo JAMÁS ―aclaró, espantada ante la idea. Ella tenía un punto allí.

Se quedan ustedes también, ¿verdad? ―les preguntó cuando comenzaron a caminar. Era una especie de tradición el campeonato de fútbol del instituto. Siempre se jugaba después de clases y las chicas solían quedarse a apoyar a sus compañeros cuando les tocaba jugar mientras conversaban e incluso hacían la tarea.

Yo no ―declaró Clara colgándose mejor la mochila―. Damián juega de delantero y encima juega bien. Ya no aguanto que se ponga a hacer el idiota frente a Las porristas cuando mete un gol. Me voy.

Lara no podía reprochárselo. Entre Las porristas estaba Micaela. No eran porristas propiamente dicho, solo se limitaban a cantar todo el partido, y alentar a los chicos con gritos, los labios muy pintados y las polleras muy cortas. Lara tampoco las soportaba y no estaba de humor para ver como se le tiraba encima a Derek cuando el partido terminara pero no es como si hubiera tenido la opción de irse.

Miró suplicante a Magela y ella la miró a su vez.

Dijiste que teníamos que rodearnos de otros chicos que no fueran esos tres. Va a haber muchos en las gradas ―le dijo, consiguiendo que la roquera pusiera los ojos en blanco.

Esta bien, yo me quedo. Pero ni bien termine el partido… ― aclaró y chasqueó los dedos dando a entender que huiría rápidamente.

Se despidieron de su amiga y fueron hacia las canchas. Clara pensó que haría una salida limpia y rápida, pero no lo consiguió. Escuchó que la llamaban desde las escaleras.

¿Te vas? ―le preguntó Damián con reproche terminando de bajar las escaleras. Ella no podía creer su mala suerte. Sus mejillas se pusieron coloradas al recordar lo que había dicho más temprano y con su piel tan pálida, realmente se le notaba.

Sí ―le dijo rotundamente sin poder inventarse una excusa rápida. Él llegó hasta ella con su bolso de deporte colgando a un lado. Eran casi de la misma altura ahora, pensó Clara incoherente.

Creí que te ibas a quedar con Lara y Magela como siempre ―le dijo él. La chica no dijo nada e incluso rehusó los ojos de él―. Ya sé que soy un idiota a veces, Clara ―le soltó de pronto al ver que de otra manera podrían quedarse ahí parados sin hablar toda la tarde―. Ya me has evitado toda la tarde, no tenes por qué irte ahora también.

No tendría que haber dicho lo que dije ―aseguró ella por lo bajo mirando el suelo. Damián se encogió de hombros aunque ella no lo vio.

Da igual. No sé bien por qué te enojaste ―le confesó con una tímida sonrisa―. He dicho cosas peores antes pero… no importa, seguramente me lo merecía.

A Lara, Magela y a mi no nos incluís dentro de las chicas, ¿verdad? ―le preguntó Clara conteniéndose para no ponerle los ojos en blanco. Damián solo se encogió de hombros. Sabía que sus tres amigas eran chicas, solo que no las tenía en su lista de posibles ligues. Le parecían inalcanzables, sobretodo Clara. Era muy inteligente y él se sentía un idiota cuando estaba cerca, así que se ponía nervioso, abría la boca y decía cualquier cosa.

Si ganamos vamos a entrar entre los cuatro mejores, quedate ―el fútbol se le daba bien y ella era muy buena analizando jugadas. Si se quedaba podía hablar horas con ella después sin meter la pata. Clara comenzó a negar con la cabeza, pero él se atrevió a tomarle la mano y tironear para que lo acompañara a la cancha sin llegar realmente a moverla a la fuerza. Había visto a Derek utilizar esa estrategia con Lara y siempre le funcionaba. Siempre lograba que ella cediera y Damián estaba dispuesto a poner a prueba aquel movimiento. Antoni decía que Derek lograba hacer que Lara le tuviera lástima y que por eso cedía, pero Damián siempre quedaba impresionado por la forma en que lograba salirse con la suya con su amiga y quería a Clara en su partido lo suficiente como para intentarlo.

***

¿Dónde está Damián? ―preguntó Antoní atándose mejor los guantes. Él era el golero del equipo.

Vio que Clara se iba a marchar y salió a buscarla ―le respondió Derek encogiéndose de hombros mientras se ajustaba el calzado. Su amigo se quedó callado en medio del lío de voces que era el vestuario―. Supongo que él no es tan despistado como creemos. ¿Vas a hablar con Magela?

No creo ―le respondió su amigo sujetandose el cabello en una cola de caballo en la nuca y los labios en una fina linea―. No sabría qué decirle.

¿Que si quiere ahora que están sobrios ambos, la acompañas a su casa y le ayudas a desnudarse en su habitación? ―le sugirió el rubio. Antoní le dio un golpe en la cabeza.

¿Estás igual que Damián, ahora? ―le dijo tras ponerle los ojos en blanco.

No te acostaste con ella porque estaba borracha, no por que no quisieras. El único problema de Damián es que pone en palabras lo que pensamos todos en el momento menos oportuno ―le dijo Derek mirándolo seriamente―. Tenes que hablar con ella.

No todas son como Lara, ella te perdona cualquier cosa. Lo he visto por años ―añadió al ver que su amigo iba a protestar―. Magela me va a mandar a la mierda.

No creo. Nunca la cagas dejandola de lado por otra ni nada de eso. Solo tenes que disculparte y hacer lo que sea que ella quiera―para él siempre había sido sencillo. Él quería a Lara feliz y hacía lo que ella quisiera con tal de alcanzar esa meta. Simple. Sencillo. Un consejo que, a su entender, todos deberían seguir. Él llevaba prácticamente toda su vida siguiendo ese consejo y a su entender no le había ido nada mal―. Bueno ―dijo dando unos cuántos aplausos para llamar la atención de sus compañeros de equipo― ¿cómo están todos para hoy?

***

¿Van a comenzar jugando con diez? ―preguntó Lara contándolos con el dedo. Se mordió el labio inferior cuando ubicó a Derek a lo lejos. Los zapatos de fútbol que estaba usando se los había regalado ella en navidad― ¿Dónde está Damián?

Ya llega, se entretuvo con algo fuera de la cancha ―dijo Clara sentándose al lado de Magela. Tenía las mejillas sonrojadas y no miró a sus amigas a los ojos―. O con alguien en realidad.

La acribillaron a preguntas mientras el partido comenzaba, aunque Clara no tenía mucho que contar.

¿Vos también caíste con eso del por favor, por favor, por favor? ―le preguntó Magela indignada por el relato.

¿Si Antoni te pide disculpas vas a decirle que se pierda? ―le preguntó Lara entendiendo a su amiga perfectamente. Unos abucheos por parte de Las porristas interrumpieron su conversación, haciéndolas saltar en sus lugares. El equipo contrario, que vestía de rojo, había estado a punto de marcar un tanto. No había más que una cuarta parte de las gradas ocupada, así que las voz de Micaela les llegó como si estuviera al lado y no en la otra punta.

No están muy metidas en el partido, ¿verdad? ―les preguntó entonces un chico que se había acercado a ellas. Llevaba el cabello castaño a la moda, rapado a los lados y cuidadosamente peinado hacia un costado, el uniforme del Instituto y un par de cuadernos debajo del brazo― Soy Franco Sommar, del sexto B ―se presentó dándoles la mano a cada una de las chicas y se sentó al lado de Lara―. Vi que estaban con los libros de inglés. ¿Les importa que les haga unas preguntas? Hay un par de cosas que no me quedaron claras…

***

¿Quién es ese? ―preguntó Damián. Derek y Antoni miraron hacia donde miraba su amigo mientras, sudados, tomaban agua en el entretiempo. Las chicas reían a carcajadas de algo que había dicho el sujeto que estaba con ellas.

Es Sommar ―dijo Derek con la mandíbula apretada, reconocíendolo―. Juega en el equipo del sexto B. Ya están en los cuartos de final.

No dijeron más nada, solo se quedaron mirando los tres a sus amigas divirtiéndose con aquel chico.

Tengo entendido que es un tipo agradable ―comentó Antoni con una expresión nada agradable en el rostro. Los otros habían escuchado lo mismo y a ninguno le gustó no poder decir nada contra él. Hubiera sido más fácil si era un cretino, pero él no lo era.

¿Alguno además de mi quiere que el partido se termine ya? ―preguntó Damián. Sus amigos lo fulminaron con la mirada y tiraron a un lado las botellas de agua.

***

Ganaron. Por un margen ajustado, pero ganaron. Sin embargo, los tres amigos esquivaron los festejos y las porristas y fueron los primeros en salir de las duchas.

Yo mejor me voy ―dijo Magela de pronto. Con la conversación había olvidado su intención de huir ni bien terminara el partido.

¿A dónde? ―le preguntó Derek detrás de ella. Intentó sonreír al saludar al chico que acompañaba a sus amigas, pero la alegría no le llegó a los ojos― Hola, Sommar.

Bien jugado, Muñóz ―le dijo él, sonriendo ampliamente. Tenía el libro de Lara en los brazos. Sabía que era de ella por su extraña obsesión de utilizar marcadores con flores de papel en las puntas―. Estuvieron muy bien todos ―les aseguró a los otros chicos que esperaban un poco más apartados, sin ninguna intención de socializar con él. Asintieron con la cabeza ante su comentario y no dijeron nada más. Magela se pateaba mentalmente por no irse antes.

Ya nos vamos, ¿verdad? ―preguntó entonces Lara, colgándose la mochila en la espalda― Porque la tía Julia llamó y le dije que a las cinco estábamos ahí, Derek ―la tía Julia era en realidad la madre de Derek y aunque no había relación directa entre ellos, desde niños los padres del otro eran sus tíos.

Sí, seguro ―le respondió él y le quitó el chupetín que tenía Lara en la boca. Se lo puso en la suya y le sonrió a Sommar mientras le pasaba el brazo por los hombros a Lara. El chico no se perdió la sonrisa burlona de Derek―. Nos vemos por ahí.

Seguro ―las chicas lo saludaron con la mano y habían logrado caminar dos pasos cuando él habló―¡Lara! ¡Esperá! ¡Tengo tu libro!

Ella se salió del agarre con un sobresalto y volvió sobre sus pasos. Derek casi parte el caramelo al apretar los dientes mientras esperaban que Lara y Sommar terminaran de hablar. No ayudó que Magela lo mirara burlonamente alzando una ceja.

Cuando volvió, ella se colocó entre Clara y Magela y las tres siguieron hablando hasta que llegaron a la esquina y debieron separarse.

Magela ―le llamó Antoni delante de todos. En esa esquina solían separarse en tres grupos: Clara y Magela seguían caminando, Damián y Antoni doblaban a la derecha y Derek y Lara a la izquierda. Los seis quedaron parados en silencio en la esquina. Magela y Antoni se miraban fijamente a los ojos y los demás no sabían qué hacer―. ¿Podemos hablar?

Vamos, sigamos ―le dijo Derek a Lara que miraba alternativamente a Magela y a Antoni. Volvió a rodearle los hombros con un brazo y tiro de ella―. Nos vemos, gente. ¡Hasta mañana!

¡Hasta mañana! ―dijeron a coro Clara y Damián y huyeron también.

Hay que dejarlos solos, Lara ―le dijo Derek con el palito del chupetín contra una de las comisuras de su boca al sentir que la chica quería voltear a ver qué estaban haciendo sus amigos.

Lo sé, pero… ella no le dijo que sí quería hablar…

Pero se quedó ―argumentó él. Lara no estaba muy convencida, pero cuando miró a Derek recordó su chupetin.

Me debes un chupetín de frambuesa ―le dijo quitándoselo de la boca. Derek lo dejó ir y sonrió al ver su cara enfadada. Quedaba la mitad del caramelo―. Ya sabía que ibas a morderlo…

Derek se rió, pero de pronto recordó al chico con el que había estado hablando ella durante todo el partido y su risa murió de pronto.

¿Viste un poco del partido al menos? ¿Qué quería Sommar?

Sí, lo vi. Y el no quería mucho, algo sobre la tarea de Inglés ―le respondió ella jugando con el caramelo que quedaba. Lo chupaba y después lo pasaba por sus labios bajo el escrutinio del chico.

¿Quería que le hicieras la tarea? ―preguntó él aclarándose la garganta ante el espectáculo.

No, ese serías vos un domingo en la tarde ―le respondió ella poniendo los ojos en blanco. Se atrevió a echarle un vistazo y, como pretendía, vio que le miraba fijo los labios mientras jugaba con el chupetín. Hacía meses que Derek se había indignado con la pareja protagonista de una película porque ella había estado jugando sugerentemente con un chupetin, pero el chico al final se había resistido a besarla, pese a que era obvio que él quería. Derek había dicho que en la vida real, nadie se podía resistir a eso y ella no le creyó en su momento―. Nos preguntó unas cosas sobre la tarea que no llegó a anotar por si mismo.

¿Y te pidió tu número para que se lo pasaras en un mensaje? ―preguntó él creyendo que ocultaba lo que quería saber.

No.

Tu correo electrónico entonces…

Tampoco.

¿Quedaron para hacer la tarea juntos? ―siguió diciendo él aunque la idea le hacía apretar fuertemente los labios. Cuando ella no respondió de inmediato contuvo involuntariamente la respiración.

¿Por qué me miras así? ―le dijo ella después de mirarlo. Derek seguía con un brazo sobre sus hombros y la había llevado más contra él― No me pidió nada, Derek. Solo hablamos… los cuatro ―añadió poniéndole los ojos en blanco. Se lamió los labios y él la imitó inconscientemente.

Nada, entonces. Ni tu número ni ir el sábado al baile… nada ―volvió a insistir él―. Soy tu amigo, me podes contar ―Lara soltó un bufido ante lo ridículo de aquel comentario y ni siquiera se molestó en responder. Ahora era su amigo, pero hace diez minutos había estado a nada de mostrarle los dientes a Franco Sommar solo por estar cerca.

Nuestros padres querían ir a correr más tarde contigo, cuando llegáramos. Algo de eso me dijo tu madre. Le dije que quizás era mejor que fueran solos porque estabas en un partido largo ―le comentó ella intentando salir del tema “Qué te dijo Sommar” pero no consiguió que Derek picara. Solo obtuvo un gruñido de su parte y que se terminara el chupetín de un mordisco una vez que se lo hubo apropiado nuevamente. No dijo nada hasta que llegaron al callejón de siempre, insultando internamente al chico de la otra clase por atreverse a hablar con ella.

Esa vez sí se desvió del camino y la arrinconó en aquel callejón de siempre, tirando su mochila a un lado, recostándola contra la pared. Tanto en la casa de Derek, como en la de Lara iban a estar sus padres, si es que no estaban los cuatro juntos, así que no iba a poder apagar la sed allí, no iba a poder abrazarla ni recostarse con ella en la cama sin dejar sus labios… La sujetó más fuerte, no quería soltarla. Lara por su parte lo abrazó por la espalda, dejando que él hiciera lo que quería, más tranquila al ver que aquello seguía igual entre ellos. O casi. Que bajara las manos por su espalda y las dejara en sus glúteos no era normal. Que se acercara tanto que todas las partes de sus cuerpos estaban completamente alineadas tampoco.

Derek sabía que sus celos estaban fuera de lugar. Él ni siquiera tenía derecho a quejarse. Lara podía hablar e incluso salir con quien quisiera, él solo era su amigo. Solo su amigo…

Quiso gritar frustrado cuando una imagen de Lara y Sommar besándose le paso por la mente y profundizo el beso hasta que se volvió casi indecente para aquel callejón.

Derek… ―susurró ella cuando se separaron por aire. Una parte de ella quería agradecerle a Sommar por poner a Derek de esa forma. La otra parte de ella no estaba segura de que aquello fuera muy sano. Ella sabía por qué él estaba molesto, ya había ocurrido antes aunque nunca lo había demostrado al besarla. Si él se encontraba de pronto rodeado de chicas, lo desestimaba después ante la mera mención. Pero si era Lara la que hablaba con un solo chico que no fuera Antoni o Damián, se portaba como un niño malcriado al que le habían sacado algo que era suyo.

Puede vernos alguien, lo sé ―le susurró él a su vez, apoyando su frente contra la de ella aunque no era eso lo que a Lara le preocupaba. Se lamió los labios: sabía dulce. Siempre sabía muy dulce. Volvió a recostar su cuerpo contra el de ella, sin importarle que notara que estaba excitado. Si tenía suerte aquello iba a ser normal entre ellos―. ¿Pensaste en lo que te dije hoy? ―le preguntó al oído. Tenía que insistir. Al principio había descartado la idea, pero tenía que hacer que ella le creyera. Después de verla con Sommar le quedó claro.

¿Lo que dijiste hoy? ―le preguntó ella a su vez, con las voz entrecortada, no queriendo abrir los ojos, no queriendo quitar sus manos de su rostro, no queriendo pensar en nada en realidad. Jamás se había atrevido a acariciarlo mientras se besaban en aquel callejón hasta ese día y no quería que ese momento se terminara.

Sobre besarnos más seguido… sobre lo que hicimos en tu casa después de que volvimos de ShiBang ―le aclaró con un ronco susurro antes de devorarle los labios otra vez tras el recuerdo.

¿Qué pasa si dice que no?

No va a decir que no.

Para él no era una opción. Se había convencido de que no podía decirle que no. Ella seguramente no sintiera lo mismo que él, pero le gustaba besarlo. Lo había dicho. Ella lo había dicho y su cuerpo había reaccionado a sus caricias, ¿cómo podía ser todo eso una mentira? Se aferraba a esos hechos como si fuera un náufrago con solo una madera como salvavidas.

Cuando se separaron, Lara lo miró a los ojos sin responder de inmediato. Ella quería besarlo y él quería besarla a ella, así que ¿por qué no? Era simple, ¿verdad? Lara sentía que todo era cualquier cosa menos simple en ese momento. Había demasiados ¿qué pasa si… ? que no estaban aclarados para su gusto.

Él le acunó el rostro entre las manos, perdido en sus ojos verdes, contando los segundos que pasaban mientras esperaba su respuesta. Ella tomo una respiración profunda y finalmente asintió con la cabeza.

¿Sí… lo has pensado? ―tartamudeó él intentando decifrarla, pero ella solo lo miraba.

Creo que sí… que podríamos besarnos más seguido si es lo que queremos los dos ―le aclaró ella en un susurro apenas audible, sintiendo cómo comenzaba a sonrojarse bajo su escrutinio. Él le dio una sonrisa contagiosa, que le permitió respirar mejor y un ligero beso en los labios.

Todo se sentía más ligero a partir ese momento.

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