Novela Amigos

Capítulo 6 de Amigos

original

¿Crees que esté libre alguna de las casas? ―le preguntó Derek cuando llegaron a la esquina de su cuadra. Lara le puso los ojos en blanco aunque no pudo evitar sonreír.

¡Estuvimos más de media hora en el callejón! ―de hecho, ya eran cinco y media. Iban un poco tarde. Derek se encogió de hombros con una ancha sonrisa.

Habían intentado charlar de cosas sin importancia cuando abandonaron el callejón sin mucho éxito porque se miraban más de la cuenta, tenían los ojos brillosos y los labios hinchados. Lara estaba segura que cualquiera podía leerles en la cara qué habían estado haciendo.

Descubrieron a sus madres charlando en los jardines cuando estuvieron más cerca. Sus casas estaban separadas apenas por una cerca que medía medio metro y ellas tenían varias macetas con la tierra revuelta al frente de las casas. Sus voces les llegaban desde lejos.

Tal vez pueda… ir a tu casa… más tarde, después de que… todos estén durmiendo ―le dijo el chico bajando la voz y mirándola expectante. Ella lo miró sorprendida.

¿Como cuando teníamos diez años y queríamos seguir jugando con las cartas de magos pero teníamos que ir a dormir? ―le preguntó ella disminuyendo el paso. Solían colarse por alguna de las ventanas y sus padres siempre los descubrían a la una o dos de la mañana porque olvidaban hablar en voz baja y terminaban riendo a carcajadas.

Bueno, podríamos hacer otras cosas que no impliquen cartas de magos y… si algún chupetin ―le dijo él encogiéndose de hombros, un tanto avergonzado. Lara se rió de él y Derek terminó frotándose la nuca y desviando la mirada. Era reconfortante que pese a todo siguiera siendo Derek y no un chico egocéntrico que daba por sentado que ella estaría disponible siempre para él. Podía ser presumido cuando se trataba de fútbol, y sin duda habían hecho mella en su ego que las chicas siempre lo encontraran atractivo, pero con ella todo eso no estaba.

Te pusiste rojo ―lo picó ella sonriendo y él le dio un empujón cariñoso, sonriendo a su pesar.

¡Claro que iba a estar avergonzado! Él nunca había invitado a salir a una chica siquiera y jamás había tenido que andarse con cuidado con Lara pero ahora le estaba proponiendo que lo dejara entrar a su habitación en la noche y los dos sabían muy bien para qué. Las únicas tres veces que se había besado con otra chica (sí, las tenía contadas) él realmente no había tenido que hacer nada porque ella había estado más que dispuesta a decirle lo que quería hacer y en qué momento. Y cuando besaba a Lara… nunca era necesario hablar, ella lo conocía, alcanzaba solo con mirarla y hacer un gesto. Aquello a lo que se estaba enfrentando era nuevo y lo ponía nervioso e increíblemente ansioso.

Te mando un mensaje más tarde cuando este en mi cuarto y puedas ir ―le susurró ella y le dio un apretón a la mano que él tenía colgando inútilmente al costado. A Derek le costó ocultar la sorpresa y luego la ancha sonrisa cuando entró en su casa.

***

¿Y cómo están Clara y Magela? Hace tiempo que no vienen a casa ―le preguntó su madre mientras preparaban la cena.

¡No sabes lo que hizo a Magela! ―respondió Lara y comenzó a contarle la historia de su amiga con Antoni. Una vez que terminó con esa historia, le contó de Clara. Y también lo de la visita a la casa de su abuela Mauris. Su madre sabía poner cara de asombro o indignación en los momentos correctos y siempre tenía un concejo acertado para darles.

Me alegro que fueran, va a venir este fin de semana a la capital así podemos pasar más tiempo juntos ―le dijo su madre colando el arroz ya echo en una fuente. Lara estaba salteando las verduras para el arroz primavera― ¿Y vos y Derek? ―le preguntó casualmente muriéndose de ganas de que su hija fuera tan abierta con ella como cuando le contaba sobre las relaciones amorosas de sus amigas.

¿Derek? Bien, con los chicos ganaron el partido hoy, así que están entre los cuatro mejores del Instituto ―le respondió ella sin mirarla a los ojos, exprimiéndose el cerebro para poder contarle algo más que no lo incluyera a él y a ella besándose. No pudo.

Cómo le gustaría poder hablarle a su madre sobre la maldición y sobre lo que sentía por él…

Lo vi contento cuando llegó, sí ―le aseguró su madre mirándola de soslayo.

No han parado de hablar del torneo las últimas semanas. Papá tiene licencia hasta el miércoles, ¿verdad? ―preguntó intentando cambiar de tema. No lo consiguió tampoco.

Sí. ¿Qué hicieron ustedes el fin de semana? ―preguntó sin querer dejarla pasar― Ya le di la ropa de Derek que estaba tendida a Julia, ya estaba seca.

Mmm… fuimos a bailar el viernes, el sábado miramos películas. ¡Ah! ¡Fuimos al Instituto también! ―aquel era un detalle importante―. Y el domingo pasamos toda la tarde en lo de la abuela. Vos no tenes que trabajar esta semana, ¿verdad? ¿Podemos ir mañana al cine?

Miranda miró a su hija intentando sonreír. Ella siempre le contaba un montón sobre la vida de los demás, pero casi nunca de la suya cuando estaba con Derek. Y estaba con Derek mucho tiempo. Había hecho de todo para intentar sacarle algo sobre su vida privada con el chico, desde contarle historias de cuando ella era joven, hasta cómo conoció a su padre e incluso le contó sobre el bochorno de su primer beso con un tal Adam Peréz. Había echo de todo menos preguntarle directamente por qué si eran novios no lo decían abiertamente y qué tan lejos habían llegado cuando estaban solos. Solo se contenía por petición de su marido, pero cada vez estaba más cerca de preguntar lo que querían saber todos.

Sin embargo, dejó que el agua corriera una vez más y no insistió porque hasta ahora los había visto felices juntos. Claramente se correspondían el uno al otro y parecían funcionar bien así aunque actuaran un poco extraño.

***

Entonces ¿ya pensaste qué queres hacer en tu cumpleaños? ―le preguntó a Derek una versión casi idéntica a él desde el otro lado de la mesa. Derek era casi la copia exacta a Michael, solo que era un poco más rubio que su padre, no tenía los ojos grises, sino marrón claro y por supuesto, tenía menos años― Había pensado que podíamos ir a las montañas y acampar el fin de semana junto con Antoni y Damián. Tres días, solo nosotros cuatro, sin mujeres que pidan agua caliente y se quejen de los mosquitos ―añadió mirando de soslayo a su esposa.

Pero es el cumpleaños de Lara también ―dijo él espantado, dejando caer los cubiertos ante la sorpresa. Su madre soltó una carcajada. Había heredado los ojos, la sonrisa y el cabello de ella. Su padre la miró consternado.

¡Te lo dije! ―le aseguró ella a Michael sin parar de reír―. Deberíamos haber apostado dinero…

Necesitaba intentarlo. ¿Cómo estabas tan segura? ―ella solo se encogió de hombros teatralmente como si fuera obvia la respuesta. Derek los miraba sin estar muy seguro de qué estaba ocurriendo.

¿Cuál es el problema? ―se atrevió a preguntarles intentando tragar la papa que se había llevado a la boca.

Pero es el cumpleaños de Lara también ―repitió Michael burlonamente―. Tu madre sabía que no querrías estar lejos de ella y ¡ey! yo también estoy casado, entiendo el atractivo de estar cerca de una mujer, pero van a ser dieciocho años, Derek y te estoy ofreciendo ir a acampar no a un club de streppers, podrías apartarte de ella unos días por una vez en tu vida.

Hay… hay tantas cosas mal en esa declaración que no sé por dónde empezar ―aseguró balbuceando Derek e intentó ocultar el rostro detrás del vaso de agua. A su padre siempre le divertía hacerle bromas sobre él y Lara. Nunca había logrado que se sonrojara. Hasta ahora, que sacaba el tema justo el día que habían acordado verse a escondidas.

¿Qué? ¿No son dieciocho sino más años? ―preguntó su padre fingiendo estar desorientado. Derek comenzó a responderle pero se lo pensó mejor.

Ya basta, Michael ―le dijo finalmente Julia y se puso a recoger los platos―. En vez de preguntarle cómo va todo con ella, solo le tomas el pelo.

Cuando le pregunto no me dice nada de todas formas ―se quejó su padre frunciendo los labios enfurruñado. Derek le hacía lo mismo a Lara cuando quería salirse con la suya. No se había dado cuenta de ese detalle hasta que vio la interacción de sus padres. Tal vez él tenía que dejar de ser tan obvio en lo que a Lara se refería, sobretodo para que dejaran de hablar de ellos como una pareja establecida hace años―. ¿Cómo va todo con ella?

Me voy a mi cuarto ―le respondió el chico, intentando huir de lo que se había vuelto una muy incómoda situación.

¿Lo ves? Te lo dije ―le hizo ver Michael a su esposa. Julia solo le puso los ojos en blanco a su marido.

Cuando Derek se tiró en su cama, le llegó un mensaje al celular.

¿Está todo bien por ahí?

Sí. Ya estoy en mi habitación.

Acá estamos comiendo de postre unos bombones que compramos con mi madre.

Guardame alguno de menta.

Ya están apartados.

Derek estuvo tentado a preguntarle si de verdad le iba a avisar cuando estuviera en su recámara, pero se contuvo.

Es Lara. Si dijo que me iba a avisar, me va a avisar.

Intentó matar el tiempo jugando online con Damián en la computadora, pero no paraba de mirar el celular cada dos minutos.

***

Ella solía tener su habitación bastante ordenada, pero nunca se preocupaba si Derek entraba y había ropa para guardar en la silla, si sus libros estaban desordenados o si su cabello se había desacomodado. Aquella vez hasta pensó en cambiarse el pantalón de yoga que usaba para estar dentro de la casa por otra cosa, pero ¿qué tendría que ponerse? ¿qué se ponía una chica que esperaba que su amigo entrara por la ventana en medio de la noche?

Tu amigo, sí, claro.

Él es mi amigo ―se dijo mirando las fotos que decoraban una de las paredes de su recámara. Habían muchas de cuando Lara y Derek eran niños y estaban en la escuela, fotos donde aparecían los dos junto con los padres de ambos, fotos solo con sus padres y también fotos donde estaban con Clara, Magela, Damián y Antoni en el Instituto―. Pero también es algo más. Siempre ha sido algo más.

Su celular sonó encima de la cama.

Antoni y Damián me están diciendo de jugar otra partida. ¿juego o… ya puedo ir a por mis bombones de menta?

Ella podría decirle que no. Posponer aquello con alguna excusa, decirle que se quedaría mirando series con su madre o algo similar. Pero él era Derek… y ella lo amaba, nerviosa y todo como estaba.

Ya estoy en mi cuarto, aunque mis padres siguen en el living.

En cinco estoy ahí entonces. ¡Abrí la ventana!

Luego de hacer lo que le pidió, impaciente y sin saber qué hacer con las manos, se decidió por apagar la luz, poner música en la computadora y sentarse a lo indio sobre su cama mirando fotos en Instagram aunque sin prestarle mucha atención a nada realmente.

Lo escuchó caminar por la hierva y se asomó por la ventana. Sabían que debían dejar la luz apagada para no llamar la atención, ya que la ventana del cuarto de Lara podía verse desde la cocina de la casa de Derek y desde la calle. Varias veces habían hecho aquello, aunque la última vez había sido hacía al menos seis años. Corrió la cortina y lo vio llegar.

¿Salto? ―le preguntó él en un susurro y ella asintió, dejándole la ventana libre.

¿Y ahora qué? se preguntó Lara cuando Derek terminó de cerrar la ventana y se paró en medio de la habitación.

¿Estás escuchando CNCO? ―le preguntó él en un murmullo indignado, abalanzándose sobre la computadora.

¡Me gusta! ―protestó ella volviendo a sentarse en la cama. Derek le puso los ojos en blanco y tomó el mouse.

¿Vemos el capítulo nuevo de The Waking Dead? ―preguntó entonces, resolviendo el problema de qué hacer.

Seguro.

Él también se había preguntado qué hacer una vez que estuviera en su habitación. Sí, la idea era besarse pero llegar y comenzar con la cuestión así de la nada…

Lara acomodó las almohadas contra la pared para poder sentarse en la cama y usarlas de respaldo y Derek puso a cargar el capítulo.

¿Sigue sin funcionar la tranca de la puerta? ―le preguntó de pronto, después de probar que no estuviera muy alto el volumen. Ella apretó los labios y negó con la cabeza― Bueno ―dijo él encogiéndose de hombros―, tampoco va a ser tan grave si alguno de tus padres entra, ¿no? Le doy Play ―añadió sin esperar respuesta, rezando internamente para que nadie entrara de improvisto.

Se sentó a su lado y aunque los primeros minutos fueron un tanto incómodos, después de diez minutos de zombies y sangre saltando por todos lados, olvidaron sus preocupaciones y actuaron como siempre.

Cuando el capítulo terminó, Derek se había comido los tres bombones de menta que Lara le guardó, y ella había puesto una almohada sobre las piernas de él para recostar su cabeza.

No hay otro, ¿verdad? ―preguntó ella mirando hacia arriba.

Nop. El próximo sale recién la semana que viene ―dijo él mirándola a su vez.

Voy a poner música entonces ―le comentó ella comenzando a ponerse incómoda, pero Derek volvió a acostarla cuando intentó incorporarse. Tragó grueso bajo su escrutinio.

Mi padre me preguntó qué tenía pensado hacer en mi cumpleaños ―le dijo él rozándole la mejilla con los nudillos. Decidió evitar comentarle que también le había insinuado que ellos dos estaban casados. Después de todo, no era la primera vez que lo hacía.

Pero faltan un par de semanas todavía…

Lo sé. Sugirió ir a acampar junto con Damián y Antoni. Él, yo y los chicos. Tres días.

Pero tres días…

Lo sé ―le aseguró por lo bajo―. No nos podemos separar tres días ―claro que él no quería apartarse uno siquiera, pero no estaba seguro de si debía confesarlo―. ¿Vos pensaste qué querés hacer? ―después de todo, ella cumplía el día siguiente según los papeles, aunque solo habían sido doce horas de diferencia entre un parto y otro. Lara se encogió de hombros.

No pensé en nada ―susurró tomando entre sus manos, la de Derek. Tenía dedos largos y la mano mucho más grande que las suyas. Le acarició la palma, el dorso y la cara interna de su muñeca. Con la yemas de sus dedos siguió subiendo por su antebrazo y solo se detuvo cuando llegó al puño de su camiseta. Él había cruzado a su casa con una camiseta blanca que utilizaba para dormir y un pantalón deportivo azul. Con el calzado deportivo ni siquiera se había puesto medias y se los había quitado ni bien cerró la ventana. Lo miró a los ojos sin poder postergar el momento.

¿Apago la computadora? ―le preguntó con la voz ronca, haciendo que el estómago de Lara se contrajera. Ella asintió con la cabeza y se incorporó, dejándolo pararse. Cuando terminó de arreglar las almohadas, Derek tiró de su mano hasta pararla delante de él. Se miraron a los ojos hasta que el monitor se apagó y quedaron a oscuras, sin ser capaces de ver algo hasta que no se acostumbraran a la oscuridad.

Sintió una mano en su rostro primero, después su otra mano en la cadera y contuvo la respiración cuando Derek se acercó y frotó su mejilla contra la suya. Olía a crema de afeitar y se sentía muy suave y muy bien.

¿Vas a quedarte a dormir también? ―le preguntó ella comenzando a subir las manos por su pecho hasta llegar a su cuello. La idea de qué harían le había rondado por la mente toda la tarde.

¿Querés que me quede? ―respondió a su vez el chico colocando sus pies a los lados de los de ella. Estaba nervioso por la situación aunque jamás pasó por su mente echarse para atrás. Definitivamente había sido más fácil cuando había tomado un par de tragos.

Si vos querés… ―le respondió ella y contuvo la respiración cuando la abrazó contra él rodeándole la cintura.

¿Querés que me quede o no, Lara? ―la presionó susurrándole en el oído. Quería que se lo dijera, necesitaba que aceptara que quería estar con él y no que lo hacía solo porque él se lo pedía. Ella sentía las mejillas arder.

Sí ―susurró finalmente―. Sí quiero que te quedes.

Soltó el aire sonoramente tras aquella declaración y la beso como si fuera la última vez que podría besarla.

***

Cuando la alarma del despertador del celular de Lara sonó debajo de la almohada, se despertaron con un sacudida, completamente desorientados. Tanteando ella logró apagar la alarma y se miraron. Les costó dos segundos comenzar a reír ahogadamente.

¡Shhh! ¡Nos van a escuchar, Lara! ―le pidió Derek con una ancha sonrisa, acomodándole el cabello detrás de la oreja. Su cabello también estaba en puntas y no podía importarle menos― Necesito volver a casa antes de que mi madre golpee la puerta de mi cuarto para despertarme ―dijo él sentándose en la cama una vez que Lara logró contenerse. Sus mejillas se encendieron cuando la sábana cayó y le dejó ver a un Derek vestido solo con unos boxers verdes. Le veía la espalda pero recordaba perfectamente cómo se veía de frente. Ella se sentó en la cama también, pero sostuvo la sábana contra su pecho. Lara también estaba en ropa interior, con un sostén lila esta vez y la parte de abajo con un poco de más tela que la vez anterior haciendo juego.

¿Pusiste la alarma seis y media de la mañana? ―le reprochó entonces mirando su celular.

Me levanto siete menos cuarto. Por eso siempre estoy pronto y vos no ―le respondió él mirándola embelesado. Lara se mordió el labio inferior al verlo y recibió un casto beso en los labios a cambio. Comenzó a acomodarle el largo cabello con las manos después de eso―. Me gusta tu cabello así…

Esta desordenado ―le dijo ella sonriendo, dejando que la acariciara, sabiendo que siempre despertaba con una melena de león en su cabello castaño si no lo ataba antes de dormir― y seguramente enredado por tu culpa, también.

Derek sonrió satisfecho de si mismo ante aquello y la llevó hacia atrás, recostándose entre sus piernas otra vez. Los labios de ella estaban ahí para responderle y nada podía hacerlo más feliz en ese momento. La luz del amanecer definitivamente estaba a su favor aquel día, permitiéndole ver mucho del cuerpo de su amiga cuando miró el espacio entre ellos.

Tu casa… tenes que ir, a mi también me vienen a despertar ―le susurró Lara devolviéndole a la realidad. Él no quería que ella dejara de pasar sus manos por su cabello y sus hombros, aunque lo había hecho buena parte de la noche anterior pero no podía retrasar el momento más tiempo.

Ya voy ―respondió y después de un buen beso que los dejó sin aliento a ambos, se levantó de la cama y se llevó la sábana con él después de guiñarle.

Él no se dio cuenta, pero su madre estaba entrando en la cocina cuando él salió por la ventana de la habitación de Lara. Ella lo vio saltar la cerca y entrar a su cuarto completamente estupefacta, y entonces le dio cinco minutos de ventaja antes de ir a despertarlo.

***

Lara, ¿me estás escuchando? ―le preguntó Clara sacudiendo una de sus manos por delante de la cara de su amiga.

Me distraje, perdón. ¿Qué dijiste después de que acordamos juntarnos en mi casa el jueves?

Ella no podía evitarlo, había estado distraída toda la mañana. Se suponía que las tres tenían que hacer andar un coche por una vía utilizando circuitos y las leyes físicas aprendidas durante el año. Tenía suerte que Clara y Magela estuvieran con ella, porque ni siquiera sabía cuál era la consigna del día.

No dejaba de pensar en Derek y en cómo la sostuvo mientras la besaba la noche anterior. No podía dejar de soñar despierta con sus caricias, sus besos, su cuerpo caliente contra el de ella en la cama… y no ayudaba que él la mirara cada pocos minutos desde la mesa continua.

La noche anterior:

Mientras estaban frente a la computadora, ni bien ella coló sus manos por la parte baja de su espalda, Derek se quitó la camiseta. Después fue el turno de ella. Él hizo lo mismo que la noche del sábado: fue subiendo su blusa centímetro a centímetro, sin querer asustarla pero dejando claro qué pretendía. Su camiseta cayó sobre la de él minutos después y lo siguiente a hacer parecía evidente.

El pantalón de yoga se lo fue deslizando por las piernas mientras le daba mordidas y besos en el cuello. Cuando la tuvo en ropa interior delante de él volvió a besarla en los labios, sosteniéndole el rostro con las manos, esperando por ella que apenas podía respirar después de aquello.

Ya ha estado en tu cama en ropa interior, se dijo sintiendo la piel caliente de Derek en la yema de sus dedos mientras bajaba por su pecho y llegaba al elástico del pantalón del chico. Se detuvo, dudando. Y es Derek, añadió la misma voz, no hay nada que temer, es Derek…

Así que enganchó sus dedos en el elástico y fue bajando sus pantalones de a poco. Casi se detiene cuando él dejó de besarla y tomo una respiración ahogada, pero de inmediato volvió a sus labios haciéndola caminar un par de pasos hacia atrás por lo que supuso que aquello estaba bien para él también. Se encontró con un problema que ella nunca tenía con sus pantalones cuando intentó bajar la parte delantera pero solo tiró más del elástico y no se atrevió a rozarlo como sí hizo cuando bajó el pantalón por su cola.

Derek salió de su ropa ni bien el pantalón toco el suelo, y la abrazó contra él, levantándola en el aire un par de centímetros.

Te amo, pensaron a la vez. Te amo… te amo… te amo…

Se recostaron en la cama sin separar sus labios y fue tal la pasión con que degustaban la boca del otro, que Derek no se dio cuenta de lo que había estado haciendo hasta que la escuchó sobre sus labios.

Shh ―le susurró Derek en el oído tas escucharla gemir roncamente con los ojos cerrados― Nos pueden escuchar…

Había estado rozando su erección contra el centro de ella arriba y abajo, haciendo rechinar débilmente la cama mientras jugaba con su lengua y ella lo abrazaba contra él con toda la fuerza que poseía.

Lara no podía estar más avergonzada. Había estado sujetando a Derek contra ella con una mano en su cuello y otra en su cadera que ocasionalmente deslizaba hasta sus piernas y sus glúteos. Incluso había arqueado su espalda contra él cuando las estocadas comenzaron a rozar un punto glorioso de su cuerpo. Lo soltó de inmediato y retrajo sus manos aunque era imposible no tocarlo ya que estaba encima de ella. Él entendió su postura rígida, aunque jamás hubiera estado con una chica de aquella forma antes.

Después de todo, ella era Lara, él la conocía como nadie.

Por favor, no dejes de tocarme ―le pidió entrelazando los dedos de una de sus manos con los de ella sobre la almohada―. Escucharte también se siente increíble… solo no quiero que tus padres entren y nos encuentre así.

Le creía pero ella también se había dado cuenta de lo que habían estado haciendo y si bien es verdad que al menos aquella vez no estaban borrachos, sabía que no podía ir más lejos con él. Ya no le asustaba lo que pudiera pasar, lo había pensado demasiado y ya no le asustaba que él la desnudara y tocara más íntimamente que nadie antes, estaba tan mojada que casi era capaz de pedirle que siguiera. A Lara le molestaba el mañana. Saber que seguiría siendo solamente su amiga aunque esa noche ella le hiciera el amor le helaba la sangre.

Estamos… yendo más lejos que la otra vez ―logró decirle con la garganta seca y la respiración de Derek en el cuello.

Lo sé… ¿te gusta tanto como a mi? ―él nunca había tenido la voz tan ronca como en aquel momento. Para remarcar su punto volvió a empujarse contra ella, comenzando la estocada por la punta de su miembro, rozando cada centímetro contra los labios abiertos de su vulva debajo de su ropa interior hasta llegar a rozar sus testículos que amenazaron con explotar en aquel momento.

Ella definitivamente quería más de eso.

Sabes que sí, Derek ―le respondió Lara entre dientes mientras él volvía sobre sus pasos, rozando todas sus partes buenas de nuevo―. Solo… no sé si… yo ―a las estocadas le añadió besos que bajaron por su cuello, siguieron por su clavícula y se demoraron entre el monte de sus pechos y no pudo decir nada más.

Él estaba borracho con su perfume, con su piel, con sus caricias. El ardor en la garganta producto de la maldición jamás le había hecho necesitarla tanto como su corazón y su cuerpo la necesitaban en ese momento.

Derek…

Mmm…

Por favor… ―le pidió tirando de su antebrazo, ya que su mano se había deslizado por su cadera, se había colado por debajo de su tanga violeta y ahora estaba en uno de sus glúteos, llenándose la mano, apretándola contra él. Ella se sintió de pronto demasiado desnuda y ya no pudo dejarlo seguir. Derek se apoyó en sus antebrazos y la miró, respirando entrecortado mientras la observaba fijamente―. A mi… me gusta lo que estamos haciendo, pero no sé… si queremos lo mismo, yo…

Él no esperó que dijera algo más, solo se hecho hacia atrás y se sentó sobre sus talones. Lara definitivamente se sorprendió al verlo arrodillado entre sus piernas, con sus labios hinchados y su miembro duro y marcado detrás de su boxer. Lo veía apenas, alumbrado por los pocos rayos de luz de la farola de la calle, y no pudo no lamerse los labios. Iba a decir algo más, quizás disculparse por arruinar el momento, pero él habló después de tomar una de sus manos entre las suyas.

Yo quiero besarte… y tocarte… y hacerte el amor ―le confesó con un nudo en la garganta. Hablar de amor, aunque solo fuera nombrando un acto sexual, hacía que alarmas sonaran en su cerebro. Estaba muy cerca de lo que verdaderamente sentía por ella para su propio bien, pero solo utilizar la palabra sexo no parecía suficiente. ¿Cómo hacerle entender lo que quería sin decirle al menos un poco sobre sus sentimientos? ¿cómo hacer que le creyera si mentía sobre una erección que era más que evidente pero que era por ella? Solo por ella― Pero no vamos a hacer nada que vos no quieras, Lara. Y no es una frase armada para que te conmuevas y me dejes desnudarte. Ya estamos bastante desnudos ―añadió y le sonrió. Lara se mordió el labio inferior para no soltar una carcajada y se puso de rodillas frente a él.

¿Podemos seguir haciendo… lo que estábamos haciendo, entonces? ―le preguntó apoyándose en sus hombros para estabilizarse― ¿Quedándonos… con lo que tenemos puesto?

Podemos ―le respondió sin dejar de mirarla fijamente a los ojos mientras sus manos volvían a tocar su cuerpo, comenzando por sus piernas y subiendo―. Puedo prometer no sacarte la ropa interior con los dientes, sí…

Actualidad:

Miranda disfrutaba de su casa siempre que podía. Le gustaba hacer los quehaceres aunque siempre los compartía con su esposo Nicolás, y su hija porque trabajaba bastante. Pero aquel día no tenía que trabajar y había quedado sola en casa, así que aprovechó para sacar el polvo, aspirar y pasar por los cuartos y el baño en busca de ropa sucia. Su hija no parecía necesitar que le pusiera ropa a lavar, así que estaba cerrando nuevamente la puerta del dormitorio cuando vio un papel tirado al lado de la papelera. Estaba todo demasiado limpio como para pasarlo por alto. Pretendía tirar el envoltorio del bombón a la papelera, pero le llamó la atención un detalle: era de un bombón de menta. Su hija ODIABA la menta, la recordaba escupiendo un caramelo de menta que se había llevado a la boca por error hacía unos años como si hubiera ingerido veneno. Los habían comprado el día anterior para Nicolás y… Derek. Lara había querido llevarlos para regalárselos a él. Observó que habían un par de envoltorios más en la papelera y cerró la puerta, preguntándose si… pero no, no tenía sentido, no podía ser.

Había logrado poner la ropa a lavar, cuando tocaron el timbre. Julia estaba en su puerta con unas revistas que le había prometido.

¿Ocupada? ―le preguntó su amiga entrando a la casa. Siempre intentaban que sus días de licencia coincidieran y aquella vez no era la excepción.

No, ya terminé de limpiar. Estaba pensando en ir a buscarte, no tengo que trabajar y no sé que hacer conmigo.

Sí, yo tampoco tengo mucho que hacer… ―comento Julia distraída, pensando en su hijo. Se sentaron en el living, y Miranda la miró atentamente.

¿Ocurre algo? ―Julia dudo si decirle. Pero si había alguien con quien compartir sus dudas, era Miranda.

¿Recordás que hablamos de Derek y Lara el fin de semana pasado? Incluso bromeamos sobre cómo serían nuestros nietos después de un par de tragos… ―Miranda la observó con una ceja alzada.

¿Qué es lo que estás intentando decirme? ―le preguntó tomando una respiración profunda― Porque creo que yo tengo algo para comentarte sobre ellos también…

Vi a Derek salir por la ventana del cuarto de Lara hoy en la mañana ―le soltó Julia sin más preámbulos, tirándose hacia atrás en el sofá.

Me lo imaginé ―le aseguró Miranda, sorprendiendo a su amiga. Sacó del bolsillo de su pantalón el envoltorio vacío―. Los trajimos ayer del supermercado, después que ellos llegaran del Instituto… bastante tarde, por cierto ―añadió recostándose también en el sofá―. Era de menta ese bombón y habían tres envoltorios vacíos en el cuarto de Lara esta mañana…

Y a Lara no le gusta la menta.

No.

Se quedaron mirando el envoltorio sobre la mesa ratona sin saber qué decirse.

¿Por qué crees que nos lo están ocultando? ―preguntó Julia sin comprender.

No tengo idea. Incluso llevé a Lara al ginecólogo hace un par de años para que le recetara pastillas anticonceptivas para que tuvieran más cuidados, sé que las sigue tomando, ella misma me las encargó la semana pasada ―le aseguró Miranda―. No es como si con Nicolás intentáramos prohibirle estar con él.

Lo sé. Michael no es el hombre más sutil del mundo, se lo hace saber a Derek todo el tiempo hasta el punto de ser molesto ―le dijo su amiga pensativa―. Los hemos tratado como una pareja por años. Pero… a veces pienso si asumir que estaban juntos no ha sido un error, si no… tendríamos que haber hablado con ellos.

¿Cuándo? ¿Cuando tenían cinco años y se dormían abrazados en la alfombra? ¿Cuando tenían diez y vi que hablaban a dos centímetros de distancia tomados de las manos en la terraza? ¿Cuándo tenían catorce y Michael pasó con el auto y los vio besándose en un callejón cerca del Instituto y casi choca el auto?

Quizás en ese momento… ―aventuró Julia sin estar muy convencida― Quizás ahora…

Intenté que Lara me contara algo ayer de tarde, pero solo me cuenta sobre la vida amorosa de sus amigas, no sobre la de ellos ―le dijo Miranda―. Quizás después de lo de hoy, tenga que intentarlo de nuevo…

Derek no habla de nada ―dijo la rubia poniendo los ojos en blanco―. Ayer se puso rojo y casi se atora cuando Michael le dijo que podía vivir unos días sin Lara, pero no le respondió. Nunca responde cuando se trata de su amiga. Él… parece gravitar en torno a ella todo el tiempo, esperando siempre su opinión para tomar una decisión ―aseguró Julia riendo―. Con Michael tenemos suerte de que Lara sea como es, porque podría hacer con él lo que quisiera.

Sé que lo cuida, se han cuidado mutuamente desde que aprendieron a caminar y salieron andando de la mano ―aseguró Miranda con una sonrisa ante el recuerdo―. Es lo único que me deja tranquila a veces, que ellos… funcionan bien juntos. Que él… va a estar ahí para ella, no importa qué pase.

¿Qué hacemos entonces?

Hablamos con Michael y Nicolás y vemos, ¿te parece? Yo ya no tengo más ideas.

***

Antoni me pidió que lo acompañara al baile el sábado ―les soltó Magela mientras se estaban cambiando para Educación Física.

¡¿Qué?! ―preguntó Clara tan fuerte, que sus compañeras de clase voltearon a mirarla― Lo siento… ¿Qué? ―le repitió a Magela por lo bajo.

Ayer cuando me pidió hablar. Me dijo que yo también le gustaba y que quería que lo acompañara al baile ―Clara y Lara quedaron con la boca abierta.

Le dijiste que sí, ¿verdad? ―le preguntó Lara, pensando en todas las cosas que su amiga podría haberle dicho.

Le dije que sí… y que era un idiota también ―les contó con una ancha sonrisa.

¿Y después te besó? ―le preguntó Clara. Ni siquiera se dieron cuenta, pero habían quedado solas en el vestuario y la clase ya había empezado.

No.

Vos lo besaste… ―aventuró Lara.

Tampoco. No hubo besos realmente ―le confesó ella―. Pero me acompañó hasta el ómnibus y se despidió dandome un beso en la mejilla, no sé si eso cuenta como beso para ustedes.

Aww…

Se ganaron una buena reprimenda del profesor cuando salieron del vestuario.

¿Qué estaban haciendo? ―le preguntó Derek a Lara en el oído mientras estiraban antes de correr. Ella se estremeció involuntariamente.

Hablamos… de cosas de mujeres ―le dijo haciendo que él pusiera los ojos en blanco dramáticamente.

¡Muñoz! ―le llamo el profesor. Era su turno para correr así que se despidió con un guiño y la dejó ahí parada.

Mientras Antoni y Derek competían por los cien metros, Lara los observó pensando en las diferencias de ambos que iban más allá de las apariencias físicas. Antoni siempre había sido el más reservado, el de los comentarios ocurrentes, el que aparentaba más años de los que tenía. Derek siempre había sido el extrovertido, el de risa fácil, el que se hacía amigos de los chicos nuevos y le mostraba a los demás que también el nuevo podía ser cool e interesante, no un objeto de burlas. Lara confiaba en su amiga, sabía que ella no les habría mentido, pero jamás hubiera esperado que Antoni se le declarara de aquella manera, que invitara a su amiga al baile como su pareja.

Ellos ni siquiera se han besado, pensó. Intentó despejar su mente cuando el profesor la llamó para su turno.

Hola ―le saludó Micaela con su sonrisa de suficiencia habitual. Se había mantenido al margen el día anterior, tanto que Lara casi se olvida que se le tiró encima a Derek en ShiBan. Casi―. Voy a ganarte ―le aseguró y estaba claro de que hablaba de algo más que la carrera.

Por supuesto, Lara perdió corriendo. Ella no era rápida, y menos cuando su mente estaba en otra parte, dividida entre la sensación de bienestar por las caricias de Derek, y el malestar que le había dejado el saber que ella no era más que su amiga no importaba qué hicieran.

Te sacó casi treinta metros, Delgado. ¿Qué pasó? ―le preguntó el profesor consternado. Ella solo se encogió de hombros y se fue con sus amigas. Perdió las tres carreras que corrió y Micaela se aseguró que todo el mundo supiera. Por suerte, el rubio la esquivó cuando Micaela quiso alardear ante él, porque sabía que no iba a soportarlo.

Quizás debimos dormir más anoche ―Derek volvía a susurrarle mientras estiraban antes de marcharse media hora más tarde. Se apoyaban uno en el hombro del otro mientras estiraban los cuádriceps y Lara comenzaba a sentir que necesitaba espacio. Pero aquella era la última clase antes de marcharse del Instituto a pie, así que no iba a conseguirlo en un futuro cercano―. Estás muy callada hoy… ―volvió a insistir cuando estaban camino a sus casas, después de haberse despedido de sus amigos.

Estoy un poco cansada ―le respondió ella con una media sonrisa, encogiéndose de hombros sin mucho ánimo―. ¿Antoni te contó lo que hizo? ―le soltó sin más, queriendo saber qué opinaba él sobre que sus amigos fueran a salir el sábado.

¿Lo que hizo con qué?

Le pidió a Magela que fuera con él al baile el sábado ―le respondió Lara intentando que no se le notara en el rostro los amargos pensamientos que estaba teniendo, mirando escrutadoramente el rostro de Derek por si detectaba algo, una señal de entendimiento sobre la no relación que estaban teniendo.

Ellos ni siquiera se han besado, se repetía una y otra vez sin poder apartar el pensamiento de su mente, pese a que sabía que estaba siendo ridícula.

Nos contó a Damián y a mi, sí. ¿Qué pensas? ―le preguntó a su vez, con el ceño fruncido, sin responder realmente. Al principio no le había creído a su amigo cuando se lo dijo. Él definitivamente los tenía bien puestos.

Se gustan ―le dijo ella―. Creo que la van a pasar bien juntos…

No se dijeron nada más por una cuadra entera. Lara evitaba por todos los medios mirarlo a los ojos.

Invitame al baile… Invitame al baile…

¿Vamos juntos al baile, entonces? ―le preguntó él de pronto y ella se le quedo mirando con la boca abierta hasta que él continuó hablando―. Le puedo mandar un mensaje a Damián y Clara después, así vamos los cuatro. Antoni y Magela seguro se nos unen, como el año pasado.

Como el año pasado… ―repitió ella sintiéndose muy tonta― Seguro ―añadió sin ánimos y le puso los ojos en blanco cuando él no miraba. Él quería ir con el grupo, como amigos. ¿Realmente había pensado que la invitaría?

Intentó pasar por delante del callejón sin detenerse, pero no lo consiguió.

Vení conmigo ―le pidió Derek sonriendo mientras tiraba de sus manos. Él nunca se entera de nada, pensó Lara resoplando, dejándose arrastrar.

***

Estaba pensando… que en la noche podría ir a tu casa otra vez ―le dijo él sobre sus labios un rato más tarde―. O podrías ir vos a mi cuarto…

¿Ésta noche también? ―le preguntó Lara sonriendo resignada. Él había logrado dispersar un poco su mal humor con besos y caricias― ¿No necesitas dormir más de cuatro horas? ―él se encogió de hombros dándole un corto beso en los labios.

Prefiero dormir cuatro horas contigo, que ocho yo solo ―cuando decía cosas como esa es que conseguía tenerla. Pero no iba a dejar que se saliera con la suya esa vez.

No. Voy a ir al cine con mi mamá hoy y no sé a que hora vamos a volver.

Puedo esperar hasta que llegues ―insistió jugando con un mechón de su cabello.

No, Derek. Necesitamos dormir más de cuatro horas.

Por favor… ―le pidió en el oído, acariciando su cintura. A ella le costó mucho mucho resistirse. Pero lo consiguió. O al menos eso creía hasta que llegaron a sus casas― Nos vemos en la noche ―le dijo al oído cuando ella paró en su puerta y se fue trotando después, sin darle tiempo a responder y sonriéndose al ver su cara cuando abrió el portón de su casa. Ella le puso los ojos en blanco y estuvo a punto de decirle que no iba a abrirle la ventana de todas formas, pero sabía que no era cierto. Ella iba a abrirle porque era Derek, y la tenía. La tenía hacía mucho tiempo por más que en su interior sufriera porque él ni siquiera lo imaginaba.

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