Novela Amigos

Capítulo 7 de Amigos

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Lara amaba salir con su madre. La admiraba por su forma de ser tan despreocupada, le gustaba su risa y su sentido del humor, quería ser como ella cuando tuviera su edad que no parecía ser la que era. Siempre creían que ellas eran hermanas cuando las veían juntas, y es que Lara era una versión un poco más baja de su madre, y su madre parecía tener treinta años y no casi cuarenta como tenía. Una de las cosas que más le gustaba era escucharla hablar de su papá, ver cómo le brillaban los ojos cuando hablaba de él o ver cómo se sonrojaba cuando Nicolás le hablaba al oído. Ellos le parecían una pareja perfecta.

¿Qué me decís de éste? ―le preguntó su madre mostrándole un conjunto de ropa interior azul con mucho encaje― A Derek le gusta el color azul…

¡Mamá! ―gimió Lara espantada. Sentía que su cuello comenzaba a enrojecer por la vergüenza sin poder hacer nada al respecto― ¿Qué importa que a él le guste el color azul? ―preguntó quitándole la percha de la mano para volver a colgarla en su lugar. Habían ido al cine y de compras. Miranda la miró abriendo ampliamente los ojos, a punto de explicarle por qué importaba pero su hija no la dejó seguir― No es como si él fuera a ver mi ropa interior ―le susurró, sonriendo a su pesar al ver la cara de Miranda y salieron de la tienda.

¿No? ¿Estás segura? ―insistió ella caminando a su lado― Porque yo creo que hay cosas que no me estas contando…

Había mil cosas que no le estaba contando. Pero si ella le contaba a su madre, su padre también se enteraría, y la madre de Derek y el padre de Derek… no, no quería pasar por esa situación. Además, habían decidido con Derek que no dirían nada. Aunque lo que habían decidido era sobre la maldición no sobre sus besos por puro gusto pero… ¿cómo separar una cosa de otra? ¿de verdad se podían separar? Ella no sabía qué hacer.

Su madre esperaba una respuesta. No se dio cuenta de que se había quedado meditando en silencio por varios minutos.

¿Qué crees que no estoy contando? ―le preguntó y se mordió el labio inferior. Claramente, algo tendría que decirle porque su madre no parecía dispuesta a dejarlo correr esta vez y era tan perspicaz e insistente como la abuela Mauris.

Miranda consideró comenzar por preguntarle sobre los envoltorios vacíos que había encontrado en la mañana, pero finalmente decidió no ir al meollo de la cuestión tan directamente. Se encogió de hombros, restándole importancia y le soltó:

Ustedes están siempre juntos. Pero no hablo de que siempre vayan juntos a todos lados, sino que funcionan juntos. No se si se dan cuenta, pero siempre están cerca el uno del otro como si necesitaran respirar el mismo aire, incluso si están con sus demás amigos. Y… siempre se están tocando ―le aseguró riendo. Lara trago grueso―. Cuando están mirando la televisión, si vos no le estas tocando el cabello distraída, él esta con la cabeza en tus piernas. Si están almorzando, sus codos se tocan, si están tomándose la lección el uno al otro, pones los pies a descansar sobre su falda… ¿se entiende lo que estoy queriendo decirte? ―Lara asintió con la cabeza sin poder respirar bien―. Cuando eran más pequeños parecían hermanos, pero ya no parecen eso. Y actúan como si fuera normal. Es normal para ustedes, supongo. Entiendo que les sea natural. Después de todo, están juntos desde que nacieron. Pero no puedo dejar de preguntarme si es que son algo más que amigos. De hecho, todos en la familia damos por sentado que son algo más.

Somos amigos ―le respondió Lara de inmediato, pero la cara de decepción de su madre le partió el corazón así que siguió hablando―. Pero él… ¿vas a contarle esto a papá o… a la tía Julia? ―tuvo que preguntar. Su madre la miró sorprendida y negó con la cabeza.

No si no querés que les cuente.

Somos amigos. Pero él me gusta ―le confesó y se sentó en una banca de la plaza de comidas del Shopping al que habían ido. Miranda la siguió expectante―. Me gusta como… realmente gustarme. Tanto que yo… podría… estoy… estoy enamorada de él ―dijo finalmente mirándose los pies mientras intentaba tragar, admitiendo en voz alta algo que no se atrevía cuando él estaba presente. Miranda, aunque estaba encantada de que al final pudieran hablar del tema, seguía sin entender.

Pero… ¿cuál es el problema? ―le preguntó― Lo que yo quiero saber es porque no nos lo dicen, por qué lo ocultan siendo que…

Él no lo sabe ―le aseguró Lara mirándola como si se hubiera vuelto loca―. No nos estamos ocultando ―al menos no hasta el fin de semana pasado, o a excepción de los besos por la maldición, o… bueno, no de la forma que su madre insinuaba―. Somos amigos, él no sabe que yo… que me gusta de otra manera.

Pero si vos estás enamorada de él, él también lo esta de vos, Lara. Además, ustedes se han besado ―aseguró Miranda y Lara quedó en shock, mirándola estupefacta. No era una pregunta, sino una afirmación que estaba claro que no podría negar.

¿Cómo… ? ¿Cuándo… ? ―comenzó a preguntar, pero no se atrevió a seguir. Miranda le puso los ojos en blanco a su hija sin ningún reparo.

Michael los vio cuando tenían trece o catorce años en un callejón cerca del Instituto ―le respondió su madre―. Él tuvo que volver por unos papeles y terminó entrando más tarde a trabajar, así que fue por el camino que hacen ustedes para darles un aventón en caso de que los viera.

Nunca nos dijeron nada ―susurró la chica espantada ante la idea de lo que podrían saber sus padres sin que ellos estuvieran al tanto.

¿Estoy en lo correcto si supongo que esa vez no ha sido la única ocasión en que se han besado? ―Lara no respondió, sino que la siguió mirando fijamente, sin saber qué hacer, ni qué decir. Su cara ardía al pensar que el tío Michael los había visto. Con trece o catorce años ya no se besaban tomados de las manos con solo sus labios tocándose mientras sus lenguas jugaban en la boca del otro. En aquella época habían empezado a besarse abrazados y por más tiempo, era cuando comenzaron terminar siempre con los labios hinchados y las respiraciones entrecortadas.

¿Podemos volver a casa ya?

Lara…

Sí, nos besamos algunas veces más ―le dijo ante la insistencia y subió los pies al asiento para abrazarse las rodillas, dejando las bolsas con las compras a un lado―. Pero no importa, mamá.

¿Cómo que no importa?

No importa. Seguimos siendo amigos y nada más. Para Derek siempre vamos a ser amigos, no… no actúa diferente después de que nos besamos, después de esas veces… en que nos besamos ―intentó corregir el tiempo presente en su declaración, pero Miranda no aceptó la corrección―. Para él es… normal.

Normal, ¿eh? ¿Es normal que bese a sus amigas en los labios? ¿Besa a Magela y a Clara de esa forma también?

¡¿Qué?! ¡No! ¡Claro que no! ―respondió de inmediato la chica y después intentó moderar su primera reacción― Estoy noventa y nueve por ciento de que no las ha besado. Aunque… bueno…

¿Es normal besarte a vos, pero a las demás no entonces? No sé, Lara. La verdad es que me esperaba que dijeras que eran novios y que estaban teniendo sexo hace años, no que…

N-no… no hemos tenido sexo. Jamás ―le cortó con la voz estrangulada, sin saber dónde meterse―. Y n-no somos novios tampoco. Solamente nos hemos besado… algunas veces pero somos amigos y… solo amigos ―añadió intentando sostener un poco la mentira en la que llevaban años, sintiendo que las tripas se le encogían ante el amigos que tanto estaba empezando a odiar.

De acuerdo, te creo, pero no es necesario que te pongas así, cariño ―las personas la miraban al pasar. Se había hecho un ovillo en la banca, tenía la cara roja y los ojos al borde de las lágrimas mientras hablaba con su madre―. No empecé esta conversación para retarte, yo solo quería saber por qué no me confiabas algo que parecía muy obvio ―le aseguró y la abrazó todo lo que el ovillo en el que estaba lo permitió.

Es que él no sabe, no tiene que saber ―dijo Lara sollozando, deshaciendo el nudo para rodearle el cuello con sus brazos a su madre―. No tiene que saber nadie.

Miranda no entendía por qué nadie tenía que enterarse, pero no insistió. No era el momento oportuno.

***

No podes venir hoy. Nuestros padres saben que nos hemos besado.

Lara le escribió un texto a Derek ni bien llegó a su casa. Sabía que él iba a aparecerse pese a su negativa. Le respondió de inmediato.

¿Cómo lo supieron?

Como no le veía el rostro, no sabía si aquello lo decía enfadado o no. ¿Él se enojaría al saber que ella había confesado que sí se habían besado? Le escribió lo que su madre le había contado sobre ellos besándose en el callejón y el padre de él pasando en el auto.

¿Les molestó cuando supieron?

Mi madre no parecía molesta. No creo que les disgustara la idea sino nos lo hubieran dicho antes. Nos vio hace años.

¿Entonces por qué no puedo ir hoy a tu casa?

Lara no sabía qué responder a eso. ¿Porque eran amigos y no se suponía que durmieran juntos? ¿Porque seguramente sus padres ya lo sospecharan? ¿porque él insistía en que eran amigos pero la besaba y acariciaba como si fueran algo más y ella sufría por ello? Optó por la más práctica y menos personal de todas:

¿Qué pasa si nos descubren?

Por lo visto, tu padre sabe que te besé y no me ha insultado nunca. No creo que me persiga con un hacha si me encuentran ahí 😉

¡Él encima enviaba un emoticón feliz! ¡Lara tenía ganas de sacudirlo para ver si lograba hacerle entender lo que le hacía sentir!

***

Ella no le respondió a su comentario, por lo que él se paseo por su habitación, pensando en qué hacer o qué decir entonces. Parecía molestarle que sus padres supieran que se besaban aunque Derek nunca había pensado que fuera tan vergonzoso que los atraparan. Más de una vez los había interrumpido en el callejón algún que otro extraño, y no por eso Lara había impedido que la arrastrara hacia allí el día siguiente.

Por la maldición, le recordó la voz en su cabeza, te deja llevarla hacia allí porque sabe que la necesitas por la maldición.

Vaya, se había olvidado de la maldición por completo.

¿Le contaste sobre la maldición?

Le preguntó diez minutos después y por suerte, ella respondió enseguida.

Claro que no.

Sus padres pensaban que se besaban porque les gustaba entonces. Bueno, en parte era cierto, ¿no? Sobretodo ahora. Pero… ¿a ella le avergonzaba besarlo? No podía ser, aunque…

Voy para tu casa. Necesito hablar contigo.

Mis padres ya están acostados.

No pensaba tocar el timbre.

***

Lara lo taladreó con la mirada todo el tiempo que le llevó trepar por la ventana y meterse en su habitación en penumbras.

Te dije que iba a venir ―le dijo Derek en un susurro a modo de saludo y ella le dio un golpe en el hombro―¡Ouch!

¡Y yo te dije que no vinieras! ―le respondió ella a su vez, intentando no levantar la voz.

Quería verte mientras hablamos ―le dijo Derek sentándose en la cama―. ¿Tanto te molesta que sepan que nos besamos? ―le soltó sin más. Lara hubiera preferido poder sentarse en la silla del escritorio pero no podía hablar muy alto, así que se sentó al lado, intentando conscientemente no tocarlo.

Es verdad, pensó, yo me hubiera sentado más cerca .

Quizás había sido más evidente en sus acciones de lo que pensaba. Derek automáticamente subió una pierna a la cama y se sentó con ella entre sus piernas.

¿A vos no te preocupa? ―le preguntó la chica sintiendo que estaba siendo acorralada. Derek lo pensó unos segundos y después se encogió de hombros.

No ―declaró finalmente. A él no le importaba que la vieran con ella ni sus padres ni alguien más. Hasta la fecha había sido cuidadoso al respecto porque era lo que habían pactado hacía años, pero si por él fuera no se tomaría tantas molestias―. ¿A vos te molesta que sepan que nos besamos? ―volvió a insistir conteniéndose de quitarle el cabello de la cara que no le permitía ver bien sus ojos.

A mi me molesta tener que responder las preguntas de los demás, porque me hacen preguntarme cosas ―le confesó ella por lo bajo. Como vio que Derek la miraba ceñudo y sin entender, continuó―. Magela y Clara saben que… nos besamos el sábado y…

Hicimos más que besarnos el sábado ―le corrigió Derek sorprendido. Si le había contado a tanta gente que se besaban, no podía avergonzarla tanto el tema.

No… hablamos con tantos… detalles. Ellas decían que… nos tratamos de una manera especial, e insistieron en que seguramente nos habíamos besado al menos, porque supieron que… dormimos juntos cuando nuestros padres no están. Yo no sabía que era algo tan raro ―se defendió y se atrevió a mirarlo. El chico solo la observaba con un dejo de sorpresa en el rostro―. Pero parece que lo es… e insistieron, y les dije de esa vez porque… acordamos no decir nada sobre la maldición, pero… esa vez…

Esa vez fue porque queríamos besarnos ―aportó él por lo bajo y le acomodó el cabello detrás de la oreja, finalmente rindiéndose ante la necesidad de tocarla.

¿No te molesta?

¿Qué cosa?

Que les contara ―le respondió ella acomodándose la camiseta innecesariamente, nerviosa ante sus manos en su cabello.

No.

Pero… ―comenzó pero se cortó. No se atrevía a exponerle todas sus dudas, a preguntarle por qué entonces seguían siendo solamente amigos. Derek la instó a seguir con la mirada, pero negó con la cabeza.

¿Qué preguntas te molestan? ―le preguntó entonces. Esa era una de las cosas que amaba de Derek. Él siempre la escuchaba con atención. La dejaba hablar y se interesaba por lo que le decía, aportando su parte cuando correspondía.

¿Por qué si son solo amigos, se besan? ―respondió tan bajo que él no le escuchó. Le pidió que se lo dijera más fuerte, pero ella se negó. ¿Y si él se apartaba de ella enojado? ¿Si le molestaba? ¿Si le respondía algo que a ella le doliera?

Lara… decime ―le pidió en el oído, después de abrazarla contra él―. ¿Qué preguntan? ¿Qué tan bueno soy besando? ―aventuró él intentando hacerla sonreír― ¿Cuántas veces nos lastimamos por chocar nuestros dientes sin querer? ―con eso último sí consiguió hacerla sonreír sutilmente. Ya no les ocurría, pero cuando comenzaron a besarse aquello era algo recurrente. Lara tomó aire profundamente antes de responder.

¿Por qué si son solo amigos, se besan? ―le dijo y aquella vez él sí logró escucharle― O preguntas similares…

¿Y responder eso te molesta? ―a su favor, él no la soltó al escucharla ni se rió de ella.

Es que no sé muy bien qué responder…

Nos gusta besarnos, ¿qué más hay que decir? ―le respondió él de forma simple y clara.

Pero… somos amigos ―intentó explicarse ella.

Sí. Amigos que les gusta besarse ―dijo él encogiéndose de hombros―. Yo ni intentaría responder, la verdad.

¿Por qué no? ―cuestionó ella intentando salirse de su abrazo para mirarlo desde cierta distancia, pero no lo logró. Derek aprovechó el momento para recostarse con ella en la cama y ya no pudo tener una salida elegante.

Porque lo que hagamos no tiene que importarle a nadie más que a nosotros. Es cosa nuestra si somos amigos y nos besamos ―aseguró poniéndose de lado en la cama. Tiró de la colcha y los tapó―. Es cosa nuestra si somos amigos y hacemos el amor… ―añadió en su oído después de recostarse contra ella, haciendola estremecer ante su declaración. Para él definitivamente no había un problema allí.

¿Qué estás haciendo? ―le preguntó sorprendida cuando lo sintió acomodarse como si fuera a dormirse.

Dijiste más temprano que querías dormir ―le respondió él.

Aún tengo puestos mis jeans…

Y son unos lindos jeans, te quedan bien ―le aseguró Derek sonriendo, cerrando los ojos―. Pero podrías quitártelos si estás incómoda. A mi no me molesta.

Lara se quedó inmovil boca arriba, mirando el techo totalmente estupefacta. ¿Cómo podía él aparecerse de la nada, decir todo aquello y acostarse a dormir sin más?

Derek notó que ella no estaba satisfecha con sus respuestas cuando quiso entrelazar sus dedos con los de ella y notó que tenía las manos cerradas en sendos puños sobre su vientre y los ojos clavados en el techo.

¿Te molestaste conmigo? ―tuvo que preguntarle. Lara resopló y lo miró. No podía verle el verde de sus ojos por la oscuridad, pero sabía de qué color eran. Él cerraba los ojos y podía ver su rostro perfectamente.

Sabes que sí, me conoces muy bien, ¿por qué siempre haces esa pregunta sabiendo la respuesta? ―le soltó poniéndose de costado también, dejando salir un poco aquello que solía atormentarla. Se cruzó de brazos y Derek simplemente dejó caer su mano de la cintura de la chica. Sus rostros estaban a pocos centímetros de distancia, pero el chico intuía que no era momento de besarla.

Justamente… porque sé que estás molesta ―le respondió él sorprendido.

¿Entonces para qué preguntas de todas formas? ―le reprochó Lara con el ceño fruncido. Para su consternación, Derek se rió por lo bajo.

Para que lo niegues. Me perdonas lo que sea que haya hecho mal cuando te pregunto ―le aseguró el rubio sin abandonar la sonrisa―. Internamente siempre creo que pensas cosas como: “pobre tonto, ni siquiera entiende qué hizo mal, voy a dejarlo por acá mejor”.

¡¿Me lo haces a propósito entonces?!

Digamos que sé qué es lo que te molesta más veces que las que demuestro ―le respondió él y volvió a reír por lo bajo cuando Lara lo empujó hacia atrás.

Sos un tonto-caprichoso-y-mañoso ―aseguró acompañando cada palabra con un pequeño golpe en su pecho que solo le hacía reír al chico―. ¡Sos como un niño pequeño a veces!

Terminó sobre él, con una pierna entre las suyas, y las manos apoyándose en su pecho, mirándolo enojada desde arriba.

Me gustas, Lara ―le confesó él cuando se quedaron cayados, sin poder contenerse y volvió a acomodarle el cabello―. Me gustas. Podes decirles que te beso por eso si querés. No me importa.

La miró observarlo sorprendida, tranquilo, sintiendo su peso sobre él. Ella no le respondió, no le dijo que él también le gustaba, pero eso ya se lo esperaba. Había logrado que le dijera que le gustaba besarlo después de insistir muchas veces, no iba a insistir con aquello también. No cuando una respuesta negativa podría romperlo por dentro. Prefería no saber.

¿Crees que nuestra relación sería diferente si no existiera la maldición? ―le preguntó ella por lo bajo, sin dejar de mirarlo a los ojos. Él frunció los labios disgustado ante aquella pregunta, pero no desvió la mirada.

No ―le aseguró de inmediato. Me hubiera enamorado igual―. Aunque me hubiera llevado más tiempo atreverme a besarte, supongo. Unos tragos más, tal vez.

La maldición quizás…

Lara, no me gustas por la maldición. Ya te lo dijo la abuela Mauris: cuando necesito besarte solo me arde la garganta, no me hace sentir nada más ―le cortó él enfadado, pese a que ella solo iba a decir que la maldición quizás había apresurado algo que simplemente estaba destinado a suceder. Se impulsó hacia arriba quitándose a la chica de encima. Ella no le creía―. Me vuelvo a mi casa.

Y entonces Lara hizo algo inesperado: lo tomo del rostro y lo beso, con sus manos sosteniendo su rostro, de rodillas en la cama. Derek gimió roncamente sobre sus labios sin poder moverse.

Perdón, quedate a dormir conmigo ―le pidió ella―. No quise hacerte enfadar, perdoname.

No crees lo que te digo ―le reprochó sobre sus labios, pero no pudo resistirse a aferrarse a sus caderas. ¿Cómo decirle que la amaba si ni siquiera le creía cuando le decía lo obvio que era que ella le gustaba?

Es que tengo muchas preguntas sin respuestas ―le susurró antes de atrapar el labio superior del chico con sus dientes. Derek gimió largamente y ya no le importó nada más.

***

Le doy un… siete punto cinco por el esfuerzo ―iba diciendo Lorena en el vestuario de chicas. Clara, Magela y Lara pusieron los ojos en blanco e intentaron terminar con sus ropas lo antes posible.

Era jueves y volvían a tener Educación Física antes de marcharse a sus casas. Lorena era amiga de Micaela, y ella y dos chicas más estaban hablando con el tono de voz más alto de lo normal. Se daban aires, reían a carcajadas y se miraban en los espejos desde varios ángulos para ver si los sostenes push-up les hacían el busto que querían y si sus pantalones elásticos dos talles más chicos de lo necesario realzaban sus glúteos.

Pero eran tan prometedor él… ―comentó otra de las amigas de Micaela.

Sí, pero no sabía qué estaba haciendo. Su amigo sí es muy bueno ―les aseguró Lorena con una sonrisa―. Hace unas cosas con la boca cuando baja y…

¡Oh, Lola, espera! ¡Ustedes todavía están acá! ―dijo de pronto Micaela mirando a Lara y sus amigas― Disculpen si las estamos espantando, chicas ―les dijo con un sonrisa burlona. Magela puso los ojos en blanco, Clara apretó los labios queriendo huir de aquella discusión inútil y Lara le miró alzando una ceja sin decir nada. Terminó de ajustarse los cordones de su calzado y se incorporó, ignorando a Micaela y las risitas burlonas de las demás.

¿Vamos? ―les preguntó a sus amigas dándole la espalda a las otras cuatro.

Sí, vayan. El siguiente en la lista es Derek, amigas ―les dijo Micaela a sus amigas pero echándole una mirada burlona a Lara que se alejaba y abría la puerta del vestuario para que sus amigas pasaran. Clara y Magela salieron justo cuando Micaela volvió a hablar―. El otro día lo vi sin remera después del partido contra el quinto A. No dejo de preguntarme si el vello rubio sigue siendo tan rubio en todas partes… ―comentó mordiéndose el labio inferior. Para su consternación, Lara le sonrió.

Sí. Es rubio en tooodas partes ―le aseguró mientras asentía apreciativamente con la cabeza y después de un guiño descarado, cerró la puerta dejándolas a todas con la palabra en la boca.

Llegaron a la pista de atletismo riéndose de la cara de Micaela a carcajadas.

¿Cómo es eso de que es rubio en todas partes? ¿Lo dijiste porque lo sabes a ciencia cierta? ―le preguntó Magela cuando lograron dejar de reír. Lara se mordió el labio inferior― ¡Por Dios! ¡Lo viste desnudo! ―casi gritó al verle su cara― ¿Ustedes… ?

Fue por error ―le aseguró Lara recogiéndose el cabello en una coleta, sin poder dejar de sonreír―. Él salió de la ducha sin saber que yo estaba esperando en la puerta, fue el sábado medio borrachos ―añadió, intentando minimizar la situación.

Lo de ustedes medio borrachos el sábado ha dejado muchas historias ―dijo Clara sonriendole a su amiga. Se pusieron a estirar alejadas del resto para poder seguir cotilleando sin nadie más. Lara se había quedado muy callada después de aquel comentario―. ¿Hay más cosas que contarnos?

Bueno… él fue a mi casa el lunes en la noche ―les contó ella― y se quedó a dormir. El martes también. Y ayer ―añadió por lo bajo avergonzada, sintiendo que comenzaba a enrojecer. Sus amigas no dijeron nada así que levantó la cabeza y las atrapó intercambiando una mirada estupefacta.

¿Y tus padres… qué dijeron? ―le preguntó Clara asombrada.

No saben, él… entró por la ventana ―le respondió Lara comenzando a arrepentirse del arrebato en el vestuario que había llevado a esa charla. ¡Pero es que Micaela la sacaba de balance! Odiaba que siempre estuviera insinuándosele a Derek y que sus pechos fueran reales y no producto del pushup. Ella tenía el cuerpo de una barbie tetona y culona, se vestía para atraer las miradas de todos y lo lograba. Derek no había caído en sus garras aún, pero no se la quitaba de encima cuando ella iba y le tocaba el hombro, ni se apartaba cuando ella le tocaba el pecho al reírse de los comentarios que hacía cuando estaban charlando las porristas y el equipo de fútbol.

Además, Micaela y sus amigas se jactaban de no ser castas princesas y eso a los chicos parecía encenderles incluso más que los escotes que dejaban ver en una simple clase de gimnasia. A la mayoría parecía darles igual que el fin de semana anterior hubieran estado con otro, siempre que ahora estuvieran con ellos y sin ropas en algún sórdido lugar. Micaela estaba encaprichada con Derek, y Lara sentía que no podía competir contra su facilidad para quitarse la ropa e ir a por un buen rato.

***

¿De qué creen que están hablando? ―preguntó Damián señalando a las chicas con la cabeza. Se habían mantenido las tres al margen, hablando en voz baja durante casi toda la clase.

Cosas de mujeres, diría Lara ―le respondió Derek encogiéndose de hombros sin tener idea de qué significaba eso de cosas de mujeres―. ¿Vemos quien sube más rápido la cuerda otra vez?

Espera, yo todavía tengo un calambre ―le dijo Antoni incómodo con su brazo.

Bueno, espero que se te pase para el sábado… o no vas a poder bailar con Magelita ―le dijo Damián tomándole el pelo al igual que lo habían hecho el resto de la semana. Derek rió y comenzó a jugar parándose de manos y manteniendo el equilibrio. Antoni soltó un bufido.

Me toman el pelo los dos idiotas que no se animan a invitar a salir a nadie ―les dijo y Damián tuvo ganas de tirarle con algo.

Yo le dije a Lara ―les dijo Derek apretando los dientes por el esfuerzo. ¿Caería hacia atrás o hacia adelante?

¿Qué le dijiste? ―le preguntó Antoni con una sonrisa burlona en el rostro― ¿Qué iba a haber un baile este sábado? Seguro ya lo sabía…

No ―finalmente cayó hacia adelante―. Le dije de ir al baile. Junto contigo y con Clara ―aclaró mirando a Damián mientras se sacudía las manos―. Como el año pasado. Con Magela seguro se nos unen en algún momento, ¿no? ―Antoni se cruzó de brazos y se le quedó mirando sintiendo pena por él― ¿Qué?

Un día alguien va a tener las agallas de pedirle ser algo más que amigos y vos vas a cagarla ―le aseguró Antoni. Derek le rehuyó la mirada y frunció los labios―. No vas a saber qué hacer con los celos y vas a cagarla en serio.

Yo creo lo mismo que él ―aportó Damián al ver que su rubio amigo no hablaba. Ellos no entendían. La maldición siempre estaba en medio de ellos dos pero él no podía explicarles eso.

Ya le dije que me gusta y no me dijo nada al respecto ―optó por decirles, encogiéndose de hombros, como si no lo desgarrara la duda de si estaba cerca de él porque quería o porque no tenía opción, porque cuando tenía siete años tomo una decisión que había marcado su destino aún cuando no había sido plenamente consciente de lo que estaba haciendo―. Me meto a su habitación en la noche para estar con ella y nunca me dice nada. Siempre soy yo el que la busca, el que la besa… ―volvió a encogerse de hombros― ¿Qué más quieren que haga?

¡Te dije que los hermanitos siempre estaban muy cerca! ―gritó triunfal Damián a Antoni ante aquella confesión y se colgó del cuello de Derek para frotarle los nudillos contra el cuero cabelludo―. Comiéndote a tu amiguita por las noches, ¿eh? ―insistió forcejeando. El rubio no podía sacárselo de encima, no recordaba que Damián no sabía nada de lo ocurrido el sábado anterior― Con razón siempre te perdona todo, cuando le haces enfadar vas a su casa por la noche y…

¡Soltame, Damián! No es como decís ―intentó explicarse mientras luchaba contra su amigo―. La bese la semana pasada recién y no voy a su casa para… solo nos hemos besado.

¿Solo eso hacen en su casa de noche mientras están solos en su habitación? ―le preguntó Antoni un tanto escéptico.

Besarnos… dormir ―respondió Derek y finalmente se libró de la llave de judo. Justo cuando el profesor los estaba mirando.

¡Ustedes tres! ―les gritó haciendo sonar el silbato― ¡Cuatro vueltas extra por estar ahí holgazaneando!

Le pegaron en la nuca a Damián cuando pasaron por su lado. Esas cuatro vueltas definitivamente eran su culpa.

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