Novela Amigos

Capítulo 8 de Amigos

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El viernes en la mañana podía sentirse en el aire la emoción que solo un baile podía generar. Había tres grandes grupos de personas: estaban los reticentes al evento, aquellos que decían que iban obligados y que no les importaba, pero ya sabían qué ropa usarían e incluso se habían asegurado de ir a la peluquería esa semana o el propio sábado, además de asegurarse una pareja con anterioridad; estaban quienes decían abiertamente sus preparativos, con quién iban a asistir y lo que esperaban lograr esa noche (bailes, besos, sexo o las tres cosas); y estaban los pequeños grupos de amigos, aquellos que iban a ir de a tres o cuatro, que esperaban pasarla bien entre sus pares. Había más categorías que eran una combinación de las tres anteriores, por supuesto, y Micaela había rebotado alrededor de Derek y sus amigos, principalmente cuando no estaban cerca de las chicas, intentando descubrir en qué categoría estaba el chico rubio que la había rechazado el fin de semana pasado.

Aquello no recordaba que le hubiera pasado y se lo había tomado personal. Sabía que Lara tenía algo que ver pero no había podido descubrir la manera de quitarla del medio. Derek le había hecho bromas para salirse por la tangente cada vez que había insinuado algo sobre el baile. El chico alto y morocho amigo de él, siempre le daba una sonrisa burlona cuando se acercaba como si supiera algo que ella no y aunque su actitud seria e introvertida podía hacerlo parecer una víctima fácil, Micaela intuía que no lo era. Así que solamente quedaba hablar con el otro amigo que con un guiño soltaba la lengua.

Su oportunidad llegó a la hora del almuerzo, en la fila para la cafetería.

¿Te dejaron solo, goleador? ―le preguntó Lorena a Damián poniéndose a su lado en la fila con su bandeja en las manos.

Seguramente no te dejen así el día del baile. ¿Con quién vas a ir? ―le preguntó Micaela con una sonrisa parándose a su otro lado.

¿Buscando pareja a último momento? ―le picó Magela apareciéndose por detrás― Me faltó agarrar agua, ¿tomás dos botellas por mi?

Seguro.

Magela se quedó al lado de Damián y el chico se sintió incómodo de pronto habiendo quedado en medio del fuego cruzado que había entre las miradas de las chicas. Finalmente Micaela desitió y los dejaron en la fila.

¿Sabías que Clara esta pensando seriamente en no asistir al baile mañana? ―le soltó Magela sin más, mientras se movían un poco en la cola.

¡¿Qué?! ¿Por qué? ¡Es el último baile del Instituto! ―le respondió Damián de inmediato echándole un vistaso a su rubia amiga que estaba en una mesa alejada, sentada de espaldas a él junto a Lara, Derek y Antoni. No es como si él pensara que tenía posibilidad de bailar con ella. Nunca se atrevería siquiera a insinuárselo. Pero pensar que ni siquiera la vería en un lindo vestido le pesaba.

Magela se encogió de hombros teatralmente, disfrutando de la cara consternada de Damián y finalmente le respondió.

Bueno, no quiere quedarse sola después de un rato. Con Antoni vamos a venir juntos y aunque estemos con todos un rato, no vamos a estar tooodo el baile con ustedes. Lara y Derek ya sabes, se han estado besando últimamente ―comentó volviendo a encogerse de hombros. El día anterior, en casa de Lara, habían estado los seis riendo en el living y Derek le había dado un casto beso en los labios delante de todos después de burlarse de ella por la forma compulsiva en que ordenaba sus libros. Ni siquiera se habían dado cuenta de lo que estaban haciendo y los demás intercambiaron miradas cómplices sin decir nada tampoco―, así que en algún momento seguramente solo queden ustedes dos y como vos es probable que busques alguna otra compañía… ―le dejó caer Magela como quien no quiere la cosa, dando a entender que estaban más que justificados los temores de su amiga.

Yo no voy a dejarla sola ―le dijo el chico indignado mientras hacían sus pedidos.

Deberías decirle, de verdad no sé si va a asistir…

Lo más seguro es que ella me deje solo a mi y baile con alguien más ―le aseguró Damián. Temía esa posibilidad y mucho, pero sabía que eventualmente ocurriría.

¿En serio crees eso? ―le preguntó Magela alzando una ceja burlonamente― ¿De verdad estás tan ciego?

Y sin decir más, Magela tomo su botella de agua y lo dejó ahí parado después de haberle abierto una posibilidad que él no había pensando que existiera.

***

Amigos. Algo más. Amigos. Algo más. Amigos. Algo más.

Cuando, aburrido en la clase, le tiraba una pelota de papel a la cara, Derek era su amigo. Cuando dejaba una de sus manos descansando en su muslo mientras almorzaban, eran algo más. Le tiraba del cabello para llamar su atención: amigos. Le miraba los labios y se mordía el labio inferior: algo más.

Así había pasado el día Lara: entre la frontera de los amigos y del algo más, sin saber realmente qué pensar.

Aquel día, al igual que los otros esa semana, no se detuvieron en el callejón. La noche anterior se habían besado hasta caer dormidos y sabían, sin decirlo, que esa noche sería igual.

En serio, voy a ir con la misma camisa con la que fui el otro día a ShiBang ―le aseguró Derek mientras caminaban de vuelta a sus casas. Esa camisa le quedaba muy bien y lo sabía.

¿Voy a tener que lavarla y plancharla a último momento como el fin de semana pasado también? ―le preguntó Lara después de ponerle los ojos en blanco. Magela las había arrastrado a ella y a Clara a comprar vestidos el día anterior. Era injusto que ella no pudiera ponerse algo que ya tenía también y que en cambio hubiera tenido que pasar tres horas buscando un vestido que le quedara.

No, mi hermosa planchadora de camisas ―le respondió él para después, ante la mirada anonadada de la chica, tomarle la mano y plantarle un beso en el dorso―. No quedó tan mal desde la última vez, así que no va a ser necesario. El que necesita una limpieza es el pantalón, si estás interesada…

Lara soltó la carcajada mientras pasaban de largo el callejón donde se habían besado mil veces y demoró un par de metros en darse cuenta de que caminaba de la mano con Derek.

Derek lo sabía muy bien porque había sido un acto deliberado el tomarle la mano. Había entrelazado sus dedos con los de ella mientras estaba distraída riendo y ahora evitaba mirarla a la cara, postergando el momento de separarse o de tener que explicarse. No tuvo que hacer ninguna de esas cosas, sin embargo.

Caminaron en silencio el resto de las calles, a gusto el uno con el otro hasta que doblaron en la esquina de sus casas. Derek la soltó a regañadientes y Lara sintió aquel acto como un puñetazo en el estómago.

Alguien que nos conozca nos puede ver, por supuesto pensó ella apretando los dientes y volteando el rostro de forma tal que no viera ni la sombra de Derek.

¿Lara?

Por suerte se libró de tener que responder porque estaban esperándolos.

¡Abuela! ―gritó la chica y corrió hacia ella. O tal vez corrió alejándose de Derek.

Ella de verdad se alegraba de que su abuela estuviera de visita, pero tenía que admitir que parte de su entusiasmo era fingido. Mientras hablaba con su abuela en el frente de su casa, estaba intentando alejar por todos los medios a Derek de su mente. Por suerte para ella, después de unos minutos el chico dijo que se iría a su casa y volvería más tarde.

Él sabía que algo le pasaba. ¿Había sido por tomarla de la mano? ¿Le había molestado? Ella le había sujetado también, no podía ser eso. Pero se cruzó con su mirada cuando abrió la puerta de su casa, y la tristeza en su rostro lo desorientó. Quiso volver sobre sus pasos, tomarla entre sus brazos y preguntarle qué estaba mal. Pero no sabía si hacer eso sería lo correcto. Había cosas que ella no le estaba diciendo, él podía leerlo en su gestos de esos últimos días, pero no sabía cómo actuar, qué era lo que ella quería.

***

Hacía hora y media que estaba tirada boca arriba en su cama mirando el techo. Le cosquilleaba la mano que Derek le había tomado cuando recordaba aquella tarde y se negaba a dejar volar la imaginación por temor a terminar llorando por el anhelo. Pero había momentos en que no lo conseguía. De pronto cerraba los ojos y se imaginaba que caminaba por la cafetería del Instituto. Imaginaba que iba hasta Derek y se sentaba de lado en su falda mientras le sonreía y le rodeaba el cuello con los brazos como una vez lo había hecho Micaela. Solo que a ella le rodearía la cintura con los brazos y le daría un beso en los labios. Cuando Micaela lo había hecho, el chico se había incorporado de inmediato por la sorpresa, casi tirándola al suelo. Lara sonrió al recordar la cara de su compañera de clase sufriendo aquel desplante.

Pero su sonrisa murió rápidamente. Ella nunca lo haría, no realmente porque intuía que sufriría un trato igual. Él decía que ella le gustaba, pero nunca lo demostraba en público. Sí, sus amigos sabían que se besaban cuando estaba solos. Pero ella no quería ser la chica que lo besaba cuando nadie miraba, ella quería…

Lara, ¿podemos pasar? ―escuchó que su abuela le preguntaba luego de golpear la puerta. Le respondió que sí y se encontró con su abuela y su madre desfilando por la puerta segundos después. Cerraron la misma y se sentaron, una en la silla del escritorio y otra en la cama con ella. Aquello tenía escrito conversación incómoda en breve por todos lados.

¿Pasó algo? ―les preguntó a sus imágenes futuras. Si quería saber cómo se vería a los cuarenta años tenía a su madre mientras que si quería saber cómo se vería a los sesenta y cinco tenía sin dudas a su abuela.

Bueno… ―comenzó Mauris y tras una mirada cómplice con su hija, continuó―. Tu madre me contó que con Derek se han estado besando…

¡Mamá! ―le retrucó la chica con reproche. Había asegurado que no le contaría a nadie. Es verdad que su abuela sabía que se besaban con Derek desde que tenían siete años pero aún así…

No le he dicho nada a tu padre o a la tía Julia, pero nunca dijiste que no le contara a la abuela ―se defendió Miranda inmediatamente―. Y necesitaba comentarlo con alguien. Me preocupan. Y no hablo de lo que puedan o no estar haciendo en privado. Hablo de la… relación indefinida que tienen.

Lara gimió y se tiró de nuevo en la cama. Nunca tendría que haberle dicho a su madre. Tendría que haberse guardado el secreto. Antes de que su abuela y sus amigas supieran que Derek le gustaba no se hacía tantas preguntas. Desde que ellas sabían no podía evitar que las preguntas que le hacían se volvieran suyas y aparecieran cada vez que se besaban.

Somos amigos, no es una relación indefinida ―murmuró Lara mirando el techo.

Pero estas enamorada de él ―le dijo su abuela―. De todas formas, no vinimos a darte un sermón, vinimos a cotillear. ¿Desde hace cuánto tiempo?

Desde hace cuánto tiempo, ¿qué cosa?

Que te diste cuenta que estás enamorada de él ―le respondió su madre poniéndose cómoda a los pies de la cama. Aquello iba para largo―. ¿Desde hace cuánto tiempo?

No sé… cuatro años quizás…

Eso es mucho tiempo ―comentó su abuela sorprendida. Ella hacía tiempo sospechaba que se querían de una forma diferente, pero no pensó que era hacía tanto.

¿Y cómo fue su primer beso? ¿Él lo empezó? ―preguntó Miranda sin poder ocultar una ancha sonrisa. Llevaba mucho tiempo queriendo saber aquello.

Mamá… ―gimió la chica, pero no pudo evitar sonreír al ver a su madre emocionada―. Sí, fue él. Se me acercó despacio y… me tomó el rostro entre las manos y… me beso, muy lento… acariciando mi cabello y mi cuello…

Ella les relató el primer beso extenso que tuvieron, la primera vez que Derek se había atrevido a besarla sin tomarla de las manos. Aquel primer beso que duró varios minutos en donde terminaron jadeando con los ojos bridiosos. El momento en el que se dió cuenta lo que significaba que el vientre le revoloteara cuando él estaba cerca, cuando le mandaba un texto o cuando le sonreía.

Las mujeres no pudieron menos que suspirar al verla sonrojarse con el recuerdo.

Fue hace varios años ―concluyó la chica encogiéndose de hombros.

Fue tu primer beso, ¿cierto? ―continuó preguntando Miranda. Su hija asintió evitando mirar a su abuela. Estaba transgiversando un poco las fechas, pero su primer beso había sido con Derek de todas formas.

Fue su primer beso también ―añadió ya que aquello también le parecía importante.

Una de las cosas que me he preguntado es por qué dijiste que él no debía de saber lo que sentis ―comentó Miranda recordando la charla de hacía unos días en el shopping. La chica comenzó a negar con la cabeza.

Yo no creo… que este interesado ―respondió sintiendo un nudo en la garganta.

¿Interesado en saber que estás enamorada de él? ―el nudo en la garganta se apretó un poco más, por lo que solo pudo responder asintiendo con la cabeza― ¿Por qué crees eso? Es una locura…

Le dije que… Clara y Magela me habían preguntado por qué si eramos amigos, nos besábamos, y que yo también me preguntaba ese tipo de cosas.

¿Y qué te dijo?

Que era cosa nuestra si nos besábamos y eramos amigos. Que nos besábamos porque queríamos y nos gustaba hacerlo… y nada más. No creo que él piense… que podemos ser algo más que amigos ―confesó sintiendo que le escocía la garganta y le picaban las lágrimas detrás de sus ojos.

No creo que sea así ―le aseguró su abuela seriamente―. Deberías decirle lo que sentís. Si él no lo ha pensado, debería. Y la verdad es que… ―tuvo que hacer un gran esfuerzo para no confesar lo que Derek le había dicho el fin de semana anterior―… la verdad es que no creo que él tenga ojos para nadie más, Lara.

Él jamás me ha dicho siquiera que me quiere, abuela. Nunca…

Hay cosas que no se dicen con palabras, Lara ―le cortó su madre antes de que siguiera diciendo cosas erróneas. Ella no sabía lo que Derek sentía pero estaba segura de lo que decía―. ¿Alguna vez te has puesto a ver realmente cómo actúa cuando esta a tu lado? ¿Cuántas veces te has vuelto con su campera puesta porque hacer frío y no llevas el abrigo adecuado? ―de hecho, la campera en cuestión estaba guardada en su ropero porque en la tarde había bajado la temperatura y ella tuvo frío― ¿Cuántas veces lleva tu bolso de gimnasia? O mejor dicho, ¿cuándo no lo carga él? ¿Y la comida? ¿el último trozo de pizza que siempre te guarda, el último vaso de refresco que se asegura que tengas? Él siempre esta pendiente de lo que estas haciendo, de lo que necesitas, de lo que querés. Es lo único que hace que a tu padre y a mi no nos quite el sueño la no relación que tienen. ¿Alguna vez se ha olvidado de vos? ¿Él alguna vez ha hecho algo que no quisieras?

La imagen de sus labios entreabiertos mientras la miraba a los ojos anhelante y le preguntaba sin palabras si podía quitarle el sostén se le vino a la mente de inmediato. Ella dijo no y el desistió sin dudar un segundo.

Lara negó con la cabeza y su abuela tomó la posta de la charla.

Deberías decirle lo que sentís. Pero directamente. Por lo que contás, él no parece saber que hay algún problema y él siempre ha sido muy literal ―le aseguró con una sonrisa―. Si no sabe que hay algo que esta mal, no va a poder hacer nada al respecto.

¿Y si no siente lo mismo que yo? ¿Qué hago? No quiero ni pensar en eso ―les aseguró abrazándose a su almohada sobrante. La tenía en la cama solo porque a Derek le gustaba dormir con dos almohadas y olía a él.

La posibilidad de que no sienta algo por vos son casi nulas, Lara. Decís que él no dice que quiere estar contigo directamente, pero ¿lo has visto estar con alguien más? ¿Ha dicho que le interesa alguien más? ―la chica solo pudo negar con la cabeza. Él realmente no parecía interesado en nadie más, ni siquiera en Micaela si tenía que ser honesta― Tal ves es tan natural estar contigo, que es algo que da por sentado que siempre va a ocurrir. Deberías decirle, o al menos preguntarle qué piensa sobre llamarle a la relación que tienen de otra manera. Me preocupa que terminen peleando porque hay cosas que no están claras y no se han dicho.

Esta bien. Voy a… tratar aunque sea… de mostrarle lo que siento ―les aseguró la chica no muy convencida.

Tenes que pensar en su forma de actuar, Lara ―le recomendó Mauris. Ella sabía que parte de sus dudas se debían a la maldición que ambos debían cargar―. Tal vez allí este escondida la respuesta a tu incertidumbre.

Miranda iba a añadir algo más, pero el teléfono de Lara comenzó a sonar sobre la mesa de luz.

¿Y esa foto? ―le preguntó su madre. La imagen de contacto de Derek era una fotografía de ellos dos con lentes de sol en la playa. Ella había tomado la selfie mientras él le daba un beso en la mejilla. La chica no le respondió. Le avergonzaba confesar que le había puesto esa imagen de contacto porque al verla le hacía pensar en cosas que solo se atrevía a soñar.

¿Hola? ―respondió la chica bajo la atenta mirada de sus familiares cercanos.

¿Ya hiciste la tarea de Inglés? ―fue el saludo de Derek desde el otro lado de la línea.

No… tampoco la de Historia.

Voy para allá y las hacemos, ¿te parece?

Ya te abro la puerta ―colgó el celular y miro a su madre y su abuela―. Viene para acá. Por favor, compórtense. Ya les prometí que intentaría… algo para que se de cuenta de lo que me pasa ―les aseguró aunque no tenía idea de qué haría o si haría algo realmente.

Las mujeres discretas nos dicen ―le aseguró su madre con un guiño antes de dejarla sola.

***

Derek había pasado la tarde jugando online pero pensando en su amiga. No entendía qué había pasado. A veces era tan difícil saber qué pensaba ella…

Desde el viernes en que nos besamos, se dijo. Antes de eso todo era relativamente fácil. Sí, tenía que contenerse cada vez que la besaba, cada vez que un millón de palabras de amor se le agalopaban en la punta de la lengua deseosas de salir. Pero no temía la reacción de su amiga ante sus muestras de cariño que siempre le habían salido de forma natural. Ahora constantemente se debatía entre dejarle ver lo que sentía y no hacerlo por temor a que ella saliera corriendo en el sentido opuesto.

¿Qué es lo que quiere? Él no sabría decirlo. Así que después de unas horas sin aguantar la incertidumbre, se inventó una excusa para ir a verla. Después de todo era viernes, la tarea bien podía esperar al domingo.

***

Ni bien la dejaron sola, Lara saltó de la cama y se paró frente al espejo. No tenía tiempo para cambiarse sus pantalones de yoga con el estampado de la Vía Láctea, pero sí podía arreglarse el cabello y sujetarlo en una coleta alta.

Siempre que te veo con esos pantalones, me pregunto a quién se le puede haber ocurrido semejante idea ―le dijo el chico con una sonrisa cuando entro a su dormitorio minutos después. Ella aún seguía frente al espejo deliberando si ponerse rímel o no.

Estás siendo ridícula…

A mi me gustan… ―respondió dándose la vuelta.

A mi también. Pero eso no quita que sean raros ―le aseguró. Lara se atrevió a chequearlo abiertamente mientras él ponía música en su computadora. Llevaba una camiseta azul ceñida y unos vaqueros rasgdos en las rodillas tan desteñidos que parecían ser blancos aunque solían ser color azul jean hace unos años. Se mordió el labio inferior al verlo. Se veía realmente bien con aquello.

El chico, ajeno a las miradas de su amiga, escogió la música que solían escuchar y se sentó en la cama, con su mochila al lado. Era como siempre hacían, la casa de Lara se sentía como la suya la mayoría de las veces. Solo la había llamado para preguntarle si podía ir a su casa por lo que había pasado en la tarde. En otra oportunidad simplemente habría entrado sin golpear la puerta siquiera.

Así que… ¿primero lo de Historia o lo de Inglés? ―preguntó subiendo la mochila a su falda para sacar sus libros.

Ella se había quedado pensando en lo que le dijeron su abuela y su madre. En las cosas que él solía hacer por ella. Era tan común, que nunca se había parado a pensar realmente en los detalles.

No van a decir nada si nos ven, esta bien, tranquila… se dijo a si misma respirando profundo y se acercó a su amigo. Él no vio lo que ella pretendía hasta que lo tomó del rostro y lo beso. Sus ojos se abrieron con sorpresa dos segundos antes de incorporarse y abrazarla, tirando la mochila al suelo. Si ella quería besarlo, ¿quién era él para oponerse? Le devolvió el beso eufórico por saber que había sido ella quien lo había buscado.

***

Dejo las bebidas en la heladera ―informó Julia entrando en la cocina―. ¿Mi hijo?

En el dormitorio de Lara ―le respondió Nicolás con cara de circunstancias tomando un par de botellas de cerveza de la nevera. Él y Michael se habían enterado de lo que Julia había visto y se molestaron cuando sus esposas les prohibieron sentarlos a los dos en un sofá y cantarles las cuarenta.

Están haciendo tareas del Instituto ―le dijo Miranda para luego darle un beso en la mejilla antes de volver a cortar el pan―. Tranquilo…

La tarea de biología, sí ―aportó Michael entrando en cocina que se había vuelto pequeña con todos ahí. Aceptó la cerveza que le ofrecía Nicolás e intercambiaron miradas disgustadas.

No es como si fueran a hacer algo que ustedes ya no han hecho, señores ―les dijo Mauris batiendo la crema para el postre―. Déjenlos tranquilos, ya van a aclarar todo.

A veces dudo que mi hijo sepa hablar siquiera, Mauris ―le respondió Michael―. Así que van a pasar años antes de que nos diga algo si todo depende de él.

Pero no todo depende de él. Déjenlos en paz ―respondió Mauris riendo―. ¿Cuánto tiempo demoraste en invitar a Julia a salir, además? ¿Dos años me habías dicho?

Fue un año y medio ―le corrigió el aludido mientras su esposa reía a carcajadas―. Y ellos parece que se saltearon las etapas de invitarse a salir.

Porque han salido juntos desde que aprendieron a caminar, Michael ―le dijo Julia poniendo los ojos en blanco―. Dejemos el tema así cenamos tranquilos, ¿sí? Y no les hagas pasar un mal rato ―amenazó a su marido que era conocido por soltar la lengua―. Derek te ignora, Lara no, se va a sentir incómoda ―en respuesta Michael alzó las manos en señal de rendición y puso los ojos en blanco.

***

Los chicos habían logrado terminar una de las tareas para cuando fueron a buscarlos. Lo que nunca supieron fue que los adultos demoraron más de cinco minutos en decidir quién iría por ellos al dormitorio. Ninguno quería tener que interrumpir y ser partícipe de un momento incómodo. Finalmente Miranda y Julia decidieron que irían juntas y que si llegaban a encontrarse con una situación de brazos y piernas enrredadas o similar, les harían sentarse a escuchar las nuevas reglas que incluirían dormir juntos solos los días que no tuvieran instituto al otro día y nada de entrar por las ventanas en plena noche, ni de encerrarse en los dormitorios.

Pero cuando atravesaron el pasillo y se asomaron dentro de la habitación, los encontraron riendo mientras Lara tecleaba alguna cosa en la computadora portátil de Derek.

Chicos… ¿les falta mucho para terminar? ―les preguntó Julia mirándolos sorprendida. Miranda interrogó con la mirada a su hija que se había sonrojado al verlas aparecer.

Es verdad que no se estaban besando ya y que mantenían las ropas puestas, pero Derek se había sentado en la cama después de varios minutos de besos apasionados y había tirado de la mano de Lara hasta sentarla entre sus piernas. Cuando sus madres llegaron, ella estaba con la espalda recostada en su pecho, la cabeza apoyada en su hombro y los brazos del chico rodeándole la cintura mientras ella escribía en la computadora que había ubicado sobre sus piernas.

No, la tarea de historia esta hecha. ¿Ya esta la comida? ―les preguntó Derek sin alterar ni un músculo ni moverse un centímetro.

Eh… sí, ya esta todo listo ―le respondió su madre, sorprendida ante la naturalidad de su hijo. Definitivamente necesitaban hablar con él. O comenzar a imitarlo y dejar de pensar que era un problema la extraña relación que parecían tener. Era difícil pensar que había algo mal allí cuando se los veía tan tiernos y a gusto el uno con el otro.

***

Sabes que podemos ir e intimidarlo contra una pared aunque ellas no quieran ―le propuso Michael reuniéndose con su amigo en el patio trasero, continuando con la conversación silenciosa de la cocina―. Si hacemos bien nuestro trabajo, le prohibimos contarlo y las mujeres no se enteran.

No, dijimos que no lo haríamos ―le respondió Nicolás sonriéndose―. Yo sabía que en algún momento iba a pasar, que en algún momento… Lara iba a conocer un chico, que iba a… ―hizo un aspaviento en el aire con la mano sin tener el valor de poner en palabras lo que realmente estaba pensando―. Hace años que no corre cuando llego del trabajo para que la levante en andas, sé que ha crecido.

A mi me molesta que Derek entre por la ventana de tu casa como si fuera un delincuente. Tampoco me gustaría enterarme que esta jugando con Lara, yo a su edad… pero lo cierto es que es mejor que yo, es más… ¿maduro de lo que yo era? Tu hija lo mantiene con los pies en la tierra, solo…

Solo son muy pequeños todavía…

Lo son ―se terminaron las cervezas sin decir más nada hasta que Nicolás rompió el silencio

De todas formas, me reconforta que sea Derek y no otro, tengo que decírtelo ―le aseguró―. Lo conozco desde que nació, creo que… va a cuidarla si, ya sabes, si… la historia continua. Ya lo hace.

¡Ey! ¡Yo no quiero separarlos tampoco! Solo quiero ir y decirle que no sea un idiota, que las mujeres no piensan como nosotros. Tu hija es muy correcta, tanto que lo ha mantenido en el camino correcto a él también, que si lo dejamos solo, se va atrás de una pelota. ¿Estar en una relación clandestina? ¿Te parece que ella quiera eso a la larga?

No…

Yo tampoco lo creo. Esto se va a complicar tarde o temprano.

***

¡¿Viste eso?!

Lo vi.

Lara se puso colorada, pero ¡mi hijo ni siquiera se inmutó! ―le dijo Julia acalorada a su amiga mientras volvían a la cocina― No creo que se de cuenta de lo que esta haciendo, Miranda.

Yo no sé qué decirte….

¿Qué ocurrió? ―les preguntó Mauris al verlas llegar con caras de perplejidad, así que ellas le contaron lo que habían visto.

De verdad, no creo que Derek sepa lo que ella siente o no actuaria así ―insistió Julia―. No creo que se de cuenta. ¿Se imaginan si un día decide salir con otra chica? yo…

Él no va a salir con nadie más ―les aseguró Mauris quedándose sin salida―. Él la ama. Me lo dijo ―añadió al verles las caras más sorprendidas que antes―. Pero si ustedes se meten antes de que ellos aclaren las cosas, pueden terminar arruinando algo que recién esta comenzando ―les advirtió también―. Ustedes saben de jardinería, es como cuando cosechan un fruto antes de que este maduro… se estropea el fruto y no sirve.

¿Cuándo te lo dijo? ―le preguntó Miranda dividida entre el alivio y la sorpresa.

El fin de semana pasado. Así que no los presionen e intenten que sus maridos no se entrometan tampoco.

Ya hablamos con ellos ―le aseguró Julia por lo bajo, atónita ante tantas declaraciones.

¿Vos ya sabías que se habían besado, mamá? ―le preguntó entonces Miranda comenzando a sospechar.

Tal vez…

¡Mamá!

¿Qué? Soy la abuela. Ser vieja tenía que tener alguna ventaja ―le respondió Mauris riendo―. Ahora vamos a cenar. Disfruto mucho cuando estamos todos juntos…

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